Autonomía y Autofinanciamiento
  

El problema actual de las iglesias de Cristo

Hace diez años cuando llegué a la iglesia de Cristo por primera vez, escuché las palabras "iglesia autónoma", pero con el pasar del tiempo, he notado que esa autonomía que hace que muchos predicadores se sientan tan orgullosos, es irreal. Digo que es irreal porque aunque no aceptamos que otros se metan en los problemas de administración de nuestras congregaciones, sí permitimos que sean otros los que sustenten financieramente a nuestros predicadores.

Para que podamos comprender mejor el panorama, es necesario que contemplemos bien el paisaje:

Hace unos 500 años existía una tierra habitada por hombres que no sabían nada del hombre blanco. Cierto día, en el horizonte se divisó algo nunca visto, era una nave más grande que cualquiera que las que ellos hubiesen construido y que fue avanzado hasta tocar tierra, de ella descendieron unos seres extraños, blancos como la leche, pero peludos cual conejos y hablaban en un idioma que no podían entender. Los nativos mostraron una franca sonrisa y estuvieron dispuestos a entablar amistad. Todo estaba marchando muy bien hasta que los visitantes encontraron unas estatuillas hechas de oro, su vista cambió y su cortesía se transformó en una sed insaciable por aquel metal amarillo. Además, vinieron con ellos unos hombres vestidos con un traje café, que les insistían en que debían cambiar su estilo de vida, dejar sus ropas frescas, propias para el clima tropical y ponerse ropas largas, calientes e incómodas. Como los indígenas no estuvieron dispuestos a obedecer por las buenas, los extraños desenvainaron la espada y se dio inicio a una masacre. Se obligó a que los indígenas cambiaran el nombre de sus dioses por el que les traían los conquistadores.

Esta Latinoamérica tan bella, cargada de joyas inestimables como lo son las hermosas playas, impresionantes volcanes y exuberantes paisajes, hizo que los conquistadores hispanos pensaran que estaba llena de riquezas como el oro, la plata y otras piedras preciosas, pero no notaron que lo más hermoso y el más preciado tesoro era su gente, gente buena, amable y libre. Nos impusieron su idioma haciendo que la belleza de las lenguas indígenas desapareciera, pero no contentos con eso, impusieron su religión, una religión que en esos momentos estaba sufriendo a causa de que algunos europeos habían notado que no era nada de lo que el Maestro había enseñado. Así la religión católico romana se impuso en nuestras tierras y nuestros padres nativos se vieron ahora dependientes de un "hombre-dios" que estaba en Roma.

Así también sus nombres hermosos y llenos de significado fueron cambiados por otros que ellos no comprendían. Pero no sólo eso, sino que se les obligó a que su idioma, que les habían enseñado sus padres por muchas generaciones, ahora fuera echado en el olvido ya que debían hablar el español, y la cultura indígena se fue perdiendo, así como su libertad de ir y venir, de expresarse; pero lo que es peor, la libertad de pensar. El deseo indígena fue apagado y hombres como Garabito, Nacarao, Moctezuma, Lempira y muchos más fueron ajusticiados y con ellos el fuego de estas gentes, convirtiéndolos ahora en hombres y mujeres sin libertad propia, que necesitaban que un extranjero les dijera qué debían hacer, volviéndolos dependientes.

Pero la "malicia indígena" era muy grande. Ellos sabían que si se sometían y "hacían" lo que aquellos mandaban, les darían comida y abrigo, así que ellos lograron introducir sus tradiciones ancestrales en el nuevo culto del hombre blanco, y es entonces cuando la religión católica tiene una nueva forma en nuestro continente, cuando se mezclan conceptos "cristianos" con tradiciones indígenas.

Los años van pasando, el blanco y el indígena se mezclan para dar lugar a un nuevo tipo de gente: los criollos, quienes tienen el orgullo de los europeos entrelazado con la malicia de los indígenas. Este nuevo tipo de hombres mantiene ahora su religión, como si siempre la hubieran tenido.

Ahora llega a la tierra de los criollos otro tipo de hombre, ellos también son blancos, rubios y hablan otro idioma. Ellos no traen espada para conquistar, pero sí traen dinero por montones y están dispuestos a regalar. Estos también traen "su" religión y vienen con la intención de enseñarla. Algunos criollos aceptan las palabras de estos nuevos extranjeros y reciben su premio por hacerlo: Les regalan Biblias, himnarios, les construyen edificios y los acostumbran a una vida fácil. Todo lo que les hace falta, estos extranjeros nos lo darán.

Los años siguen su curso, y aquellos extranjeros que antes habían estado tan dispuestos a ayudar y a regalar, ahora le dicen a los criollos: "Nosotros les dimos todas las facilidades que ustedes necesitaban para trabajar, ¿a qué hora comenzarán a hacerlo?" Pero los criollos se miran asombrados y se dicen unos a otros: "Entonces ¿teníamos que hacer algo a cambio de lo que nos dieron?"

Este es un triste ejemplo de lo que nos está pasando a los latinos. Nos acostumbramos a recibir el apoyo de la vecina república del Norte, Estados Unidos, y nos hemos hecho tan dependientes de ellos, no solamente en el campo religioso, sino en el económico y en veces temo que hasta en lo moral y social.

Ya han pasado más de treinta años desde que llegaron estos extranjeros que estuvieron dispuestos a compartir con nosotros de sus bendiciones, y la América Latina aún sigue siendo tan dependiente de los hermanos del Norte como lo fue en los años 60. Nuestras congregaciones, por lo general no son muy grandes, no porque no exista necesidad espiritual en el pueblo o porque éste sea duro, sino porque el trabajo no se ha hecho como debiera, y... ¿para qué? De todas maneras los predicadores sólo tienen que enviar un informe a los patrocinadores en los Estados Unidos contándoles el número de visitas realizadas y lo duro que es el campo de labor. Los patrocinadores han sido muy complacientes, pero ¿hasta cuándo?

La iglesia de Cristo en Latinoamérica se encuentra en muy graves problemas. La causa de éstos son sencillamente los pensamientos que han llegado a nuestra mente de que la obra es un trabajo de los norteamericanos y que ellos deben de sustentarla. ¡Despertémonos hermanos! La iglesia es de Cristo, no del Tío Sam, y los únicos responsables de hacer que ella se desarrolle somos nosotros los latinos.

La iglesia de Cristo en Latinoamérica ha estado dispuesta a gritar a voz en cuello: ¡Respeten nuestra autonomía!, pero desdichadamente esa autonomía no puede ser una realidad si no hay también una independencia económica. Esta autonomía no será una realidad hasta que los latinos aprendamos a autofinanciarnos, a pagar nuestros predicadores, a construir nuestros edificios, a comprar las cosas que necesitamos.

Yo soy un fiel creyente de la autonomía, pero de la verdadera, en la que ahora mismo yo pueda ver a mis hermanos estadounidenses esperando de ellos amor solamente y no dólares. Somos más de trescientos millones de latinos que podemos hacer muchas cosas si estamos dispuestos a unirnos y a sentirnos orgullosos de lo que somos.

- Carlos Delgado

La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 1999  

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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