IGLESIAS AUTOSUFICIENTES
  

El subsidio a largo plazo de las iglesias misioneras puede paralizar el desarrollo de las congregaciones autóctonas.

Por todo el mundo se construyen edificios financiados por generosas iglesias en los Estados Unidos; y muchos predicadores en todo el mundo acuden a estas mismas agrupaciones para su apoyo económico.

Sin embargo, ¡tal crecimiento depende principalmente de los dólares norteamericanos! Uno se regocija por estos brotes de interés en las misiones; pero, de igual manera, alguien que conozca muy bien la Biblia no puede evitar tener ciertas preocupaciones y dudas. ¿Es ésta la forma en que se evangelizaba en los tiempos del Señor y sus apóstoles? ¿Existen iglesias que siguen dependiendo del financiamiento de los Estados Unidos? Seguirían siendo fieles esos predicadores si nada más fueran apoyados por los fondos autóctonos? ¿Existe una mentalidad paternalista que se ha ido filtrando en las filas y que a la larga erosiona los principios bíblicos?

¿Nos atrevemos a comparar los métodos contemporáneos con los del Nuevo Testamento? ¿Cuánto dinero se enviaba desde Jerusalén para construcciones y apoyo a predicadores? ¿Cuánto dinero salió de Antioquía para apoyar a los predicadores locales donde predicaba Pablo?

Durante épocas de carencia, no hay duda de lo que pasaba con las dotaciones económicas. A los antiguos cristianos se les enseñaba que deberían ofrendar con amor y generosidad. Sin embargo, ¿en qué se apoya el concepto de que tales iglesias y predicadores recibieran asistencia como si se tratase de una prestación perpetua?

Las primeras congregaciones eran autóctonas. Esto significa algo "referente a los pueblos, gentes y cosas originarios del país en que viven" (Pequeño Larousse Ilustrado, décima edición).

Los apóstoles y discípulos del primer siglo llevaban la verdad a otras tierras. La verdad plantada en el corazón de los hombres generaba cristianos. Y, siguiendo el plan del Señor, se iniciaron agrupaciones que llegaron a funcionar y a crecer sin otra cosa que el poder de la palabra de Dios. Los apóstoles no engendraron la mentalidad de la beneficencia social con su predicación.

Las iglesias autóctonas del primer siglo tenían varias características:

1. Eran autónomas. Contaban con dirigentes en cada agrupación (Hechos 14.23; Filipenses 1.1-2; Tito 1.5), y cada agrupación tomaba sus propias decisiones respecto a cuestiones de opinión y, naturalmente, en sus asuntos financieros (2 Corintios 8.1-5,10,11).

2. Se autodifundían. Jerusalén tomó la iniciativa de enviar misioneros a otras ciudades (Hechos 8.14), como también Antioquía (Hechos 13.1-3). Pablo a menudo iba a Efeso (Hechos 19.10) y quizá por eso Juan escribió "a las siete iglesias que están en Asia" (Apocalipsis 1.4).

3. Eran autosuficientes. Jerusalén colabora como respuesta a una necesidad especial (Hechos 2.45; 4.32-37; 6.1-6); Antioquía responde a otra necesidad especial (Hechos 11.27-29); se exhorta a Corinto a que colabore (2 Corintios 8.10; 9.5); ¡y Macedonia llegó a colaborar a pesar de su profunda pobreza! (2 Corintios 8.2-3).

Estas características identifican congregaciones maduras que han desarrollado la resistencia y la fuerza que demanda la verdad. La iglesia del Señor no puede prosperar bajo ningún otro sistema.

¡En ningún país se puede tomar un atajo que evite la época del esfuerzo pionero! En la historia de la iglesia en los Estados Unidos, ¿quién "araba todo el día para poder predicar toda la noche"? ¿Quién pagó por los edificios y los predicadores a lo largo de Norteamérica? ¿Por qué tienen tanta fuerza las iglesias norteamericanas de hoy? ¿Se debe sólo a que gozamos de un nivel de vida superior, o se debe también a que la madurez y la fuerza nacieron del esfuerzo y la adversidad?

Las iglesias norteamericanas de hoy corren el riesgo de instituir iglesias de asistencia social, no iglesias del Señor, especialmente en países invadidos por la pobreza. El asunto, en realidad, no es la asistencia económica. Es algo así como hasta qué punto los padres deben ayudar a los recién casados - se corre el peligro de subsidiarles un mejor nivel de vida y privar a la pareja de la satisfacción de los logros personales. Así también se corre el peligro de paralizar a los grupos y a los predicadores en otros países de manera que nunca aprendan a ser autosuficientes.

Ahora considere un asunto básico y preocupante. Hemos repetido hasta la saciedad que todo lo que se necesita para formar un cristiano es la palabra de Dios. Hemos aprendido que la verdad del Señor es válida para cualquier nación en cualquier época.

Y sin embargo, ¿hemos tenido el valor moral de llevar la verdad a todas las naciones y depender del poder del evangelio para convertir a los pecadores a Jesucristo, o cedemos a las demandas de los métodos humanos y los atajos que dependen de los dólares norteamericanos?

¿En realidad creemos que la palabra de Dios dará resultado en nuestra generación?

- Roy H. Lanier

La Voz Eterna, Enero-Febrero 1993

(Vía revista Gospel Advocate)

"Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio" (Hechos 8.4).
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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