EL IMPACTO DE LAS BEBIDAS ALCOHOLICAS
 

Muchas personas en las iglesias piensan que el consumo regular, pero moderado, de alcohol no tiene ninguna consecuencia negativa en las vidas de los creyentes. Bueno, como la fe hace al hombre feliz, así también se busca justificación de prácticas que se aman.

Algunos dicen: "Si el alcohol fuese malo, Dios no lo hubiera creado". Si nos muerde una serpiente, cambiaríamos de opinión. Los doctores dicen lo mismo de las drogas. Las drogas (al igual que el alcohol) pueden sanar o pueden destruir al hombre. Que el alcohol es un miembro de conexión humana en las relaciones sociales es, pues, una ilusión que nos muestra que la comunicación interhumana debe ser pobrísima si no es a través del alcohol. Otro argumento: "La bebida alcohólica estimula, hace alegre, y quita los frenos naturales". Esto, mi amigo lector, puedes creer con toda seguridad.

El consumo regular de alcohol causa depresiones con alteración de conducta y de concentración. También el hecho de convivir con un alcohólico puede causar en los demás trastornos emocionales. La neurosis y hasta la esquizofrenia no constituyen nada raro en este contexto. Si bien Dios ha creado el alcohol, así también ha creado nuestro cuerpo con todos sus órganos complejos y nuestra mente como una obra maestra. Dios no se contradice. El hombre busca toda suerte de debilidades, las trata de presentar como fuertes, y luego se justifica para satisfacer su propia conciencia débil.

El ser humano que consuma constantemente alcohol, aunque sea en forma moderada, también influye a otros que se sienten tentados a ir por el mismo camino. El alcohol malforma el carácter del hombre y de la mujer. Las escenas de violencia en el hogar y en las cantinas son muy comunes. El alcohol es un asesino, y contribuye poderosamente al deterioro del hombre creado en la imagen de Dios.

Que Jesús también bebió vino es algo que falta por probarse. Es fácil encontrar justificaciones en la Escritura. El Señor se mostró poderoso y divino en las bodas de Caná, y en otra ocasión fue acusado de ser bebedor de vino. Siendo "acusado" no significa que haya prueba de que el Señor se entregaba al vino. Lo que dijo el Antiguo Testamento no tiene punto de aceptación en el Nuevo Testamento. Si se practica una cosa del Antiguo Testamento, estaríamos obligados a aceptar toda la ley de Moisés.

Lo que propaga la mercadotecnia moderna a través de su propaganda de consumismo, no se cubre con la realidad científica de lo que decimos. También se dice que fumar es bueno y a la vez es malo. Pobre de mí, si tal debilidad de expresión fuera el camino de mi vida.

El alcohol también afecta nuestros órganos. Piense tan solamente en la hepatitis causada por el alcohol. ¿Qué diremos de la gastritis atrófica, y de problemas nerviosos? La alteración del carácter del que bebe siempre es algo terrible; lo hace irritable, malhumorado, pleitista, desconfiado, y sufre de paranoia. El bebedor clásico puede ser muy educado, retener (todavía) un buen puesto, vestirse bien y aparentar ser una persona muy ejemplar. Conozco una oculista en Viena que durante una visita regular en su consultorio se retira a su cocina, y regresa oliendo a licor.

Cuando yo era un jovencito en Alemania, me parecía muy importante ir a un alegre restaurante, con amistades, y beber una fuerte cantidad de cerveza, vino o licor fuerte. El problema fundamental consistía en que tenía que cubrir mis complejos de "machito" con tal actitud hasta que me di cuenta que tal cosa era, en sumo grado, necedad degradante para mi persona. ¿Cuántos hay que nunca se dan cuenta? El alcohol puede ser glorificado para justificar su uso, pero el borracho se ve como un mamarracho. La consecuencia de beber siempre es también la soledad y la desesperanza. La práctica de beber nos aísla, y hace las comunicaciones aun más complicadas. Hay un peligro de que el bebedor llegue a creer que no puede hacer nada por su propio esfuerzo, que es inútil. Se daña un su desarrollo. La inseguridad y los complejos de inferioridad arruinan al ser humano.

Imitar cosas es malo, si las cosas que imitamos son malas y no valen la pena. Cristo es el ejemplo perfecto que el hombre debe imitar. El nos enseña que la vida se vence con otros instrumentos, el dominio propio, la pureza, el amor, la decencia. Cristo no nos sirve para nada si lo reducimos a una figurita en una cruz, una idea vaga en nuestra conciencia, un hombre revolucionario interesante de mencionar en nuestras conversaciones. Tal Cristo no tiene fuerza ni influencia en la vida del hombre. Pero si seguimos a su enseñanza en todo, sin buscar justificaciones por practicar cosas que hacemos, encontramos en él la fuerza que nos ofrece.

Decía Jesús: "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas" (Juan 8.12). Seguir a Cristo significa imitar su vida, imitar su carácter y su personalidad. El fruto de una buena vida en Cristo se consigue solamente cuando aprendemos a estar unidos a él por su palabra (Juan 15.1-8). Aprende a ser tú mismo, buscando la vida en Cristo. En él todo es nuevo. Si quieres, todo será tuyo: una nueva vida, una nueva esperanza, un nuevo dominio propio de tu personalidad. Y mira cuán importante somos, pues él se hizo hombre, no menospreciando la humanidad, antes dándonos nuestro valor real.

- Hans J. Dederscheck

La Voz Eterna, Marzo-Abril 1997

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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