BUSCANDO EL PERDIDO
  

"¡Mami, mami, David ha sido mordido por una víbora!". Ese fue el grito de una niña de siete años al entrar repentinamente a su casa. Ella y su hermanito de cinco años habían estado jugando en un campo lleno de hierba mucho más alta que David. Inmediatamente, la madre salió corriendo de la casa llevando a la niña de la mano. "¿Dónde estaban jugando?" La niña llevó su madre al lugar, pero David ya no se encontraba allí. Evidentemente David se había asustado y al correr se había perdido entre los matorrales del campo.

Después de unos minutos de búsqueda, la madre corrió a la casa, llamó por radio a su esposo y le dijo que David estaba perdido y que había sido mordido por una víbora. El padre se dirigió a casa desde otro campo, pero en el camino, llamó por radio a algunos vecinos. Muy pronto muchas personas estaban buscando a David en el campo. Habían pasado casi dos horas desde que David había sido mordido y aún no lo habían encontrado. Entonces alguien sugirió "tomémosnos de la mano y caminemos por el campo sistemáticamente". Finalmente en el quinto intento alguien gritó "aquí está". Inmediatamente se le trasladó al hospital. Para este entonces ya habían pasado más de tres horas desde que el niño había sido mordido. Con el susto, David había corrido hasta caer inconsciente; era demasiado tarde. David murió.

Hay mucha semejanza entre este suceso y las dos parábolas que Jesús dijo en Lucas 15 sobre "la búsqueda del perdido". Jesús habló de un hombre que tenía cien ovejas. Al enterarse éste que una de ellas se había extraviado, su preocupación lo instó a buscarla hasta que la hubo encontrado. Y se regocijó con sus vecinos.

Jesús también habló de una mujer que tenía diez dracmas. Cuando ella descubrió que le faltaba un dracma la buscó, y cuando la hubo encontrado llamó a sus vecinos y se regocijó. Estas tres narraciones tienen varios elementos en común. Al menos cinco de ellos son vitales:

1. El reconocimiento de que alguien está perdido.

2. La preocupación por la persona perdida.

3. La búsqueda por la persona perdida.

4. La recuperación de la persona perdida.

5. El regocijo por haber encontrado al perdido.

Primero. Para ser ganadores de almas para Cristo, debemos primeramente reconocer la condición del perdido. H. A. Dickson ha dicho: "No podremos cumplir la gran comisión hasta que creamos con todo nuestro corazón que la gente de todo el mundo que no cree en Cristo y que no ha obedecido el evangelio está perdido a menos que obedezca, y que nosotros estamos perdidos a menos que prediquemos el evangelio a todo el mundo".

Segundo. Debemos tener una profunda preocupación por aquéllos que están perdidos si es que vamos a hacer una obra de sacrificio. Si perdemos un animal doméstico lo buscaremos, pero muy pocos se sacrificarían por encontrarlo. Pero si perdiéramos uno de nuestros hijos, nos sacrificaríamos para encontrarlo. Por supuesto, una alma perdida la cual es valiosísima, debería hacernos actuar.

Tercero. Debemos aumentar la búsqueda por las almas perdidas. Esta búsqueda debe ser sistemática y bien planeada si es que vamos a tener éxito y hacerlo a tiempo.

Cuarto. Debemos presionar los esfuerzos hechos en la búsqueda hasta que el rescate sea hecho o toda esperanza haya desaparecido. De la misma manera que no desistiríamos de buscar nuestro niño hasta que todas las posibilidades hubiesen sido agotadas. Así también debe ser con las almas perdidas.

Quinto. Gran gozo y celebración sigue automáticamente al rescate del perdido por la profunda preocupación que motivó la búsqueda.

Si la congregación o cristianos individuales no se regocijan cuando un perdido obedece al evangelio, es una indicación que ellos no tienen ninguna preocupación. Los cristianos que se gozan son los cristianos que se preocupan, y estos hacen fiesta cuando un pecador se arrepiente.

Con frecuencia, los esfuerzos hechos en la búsqueda y rescate terminan en fracaso. Los esfuerzos son demasiado tardíos - porque la preocupación no era suficiente o los esfuerzos no fueron bien planeados ni sistemáticos. Debemos trabajar y orar porque nuestros esfuerzos en salvar al perdido no fracasen debido a nuestra falta de preocupación o a nuestros planes.

Como cristianos digamos ante de que sea muy tarde: "unamos nuestras manos y caminemos sistemáticamente por los campos que están ya listos para la siega".

- F. Furman Kearley

La Voz Eterna, Mayo 1979

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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