CAMPESINO VEGETARIANO RECIBE UN REGALO
   

Tal vez usted no lo crea, pero las cosas sucedieron así. El hombre trabajaba en un lugar verde. Era tan verde como el país de Nueva Zelandia. Era soltero porque por más que había buscado pareja, jamás la había encontrado. El ya se estaba acostumbrando a esta situación, pues pasaba su tiempo entre los animales domésticos, a los cuales conocía muy bien por nombre.

Tenía como patrón a un alto funcionario, que según se sabía vivía en la cumbre del cielo, pero periódicamente venía a visitarle para charlar con él amigablemente. Su patrón era muy generoso y equitativo. Le permitía un día de descanso semanal. Este hombre campesino se sentía casi completamente feliz. Le daba gusto ver los cuatro enormes ríos que rodeaban su parcela. Se felicitaba a sí mismo al saber que la seguridad y el alimento estaban plenamente garantizados. No, nunca había tenido tentación de matar ningún animal para comer.

Las enormes frutas de diferentes especies que producían su tierra eran altamente nutritivas. Además él consideraba a los animales como seres casi sagrados, porque eran compañeros de su propio trabajo. Trabajaba rutinariamente feliz sin ningún aburrimiento, hasta que un buen día, antes de terminar su trabajo de aquella semana, se sintió sumamente cansado y empezó a tener sentimientos de nostalgia y soledad sin saber por qué.

Tal vez sería porque el sol brillaba con hermoso resplandor, o porque los pájaros cantaban con delicada armonía, o simplemente era el ruido del agua que corría por los arroyos haciendo un sonido muy singular que parecía coordinar con los latidos de su corazón. No, no había explicación para aquel sentimiento, pero el caso es que la nostalgia corría velozmente por sus venas y la soledad le apretaba el alma, y por primera vez sentía ganas de llorar. Se recargó junto a la sombra de un árbol y se quedó profundamente dormido. Serían tal vez dos horas o a lo mucho tres lo que había durado el sueño, pero cuando despertó todavía no había obscurecido. Levantó su cabeza para ver el paisaje ya conocido, pero sorpresivamente se dio cuenta que no estaba solo esa tarde.

Alguien delicadamente distinto estaba frente a sus ojos. Un ser viviente casi igual a él pero hermosamente diferente. Sus cabellos eran largos, y su piel parecía delicada como los pétalos de una rosa. Sobre sus hombros caía una especie de rocío plateado que le hacía parecer que había nacido ese mismo día. La soledad y la nostalgia que había sentido antes desaparecieron instantáneamente y su corazón empezó a latir un ritmo desconocido. Pronto se dio cuenta que quien estaba frente a él era una MUJER. Este sencillo campesino que nunca había leído ningún libro y que jamás había oído música romántica en ningún radio, al ver la figura femenina que estaba junto a él expresó de sus labios y de su corazón, palabras poéticas que jamás nadie ha podido olvidar, porque dijo: "Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; será llamada Varona porque del varón fue tomada" (Gen. 2.23).

Sí, yo sé que ahora usted ya lo sabe. El campesino vegetariano era Adán, y aquel hermoso ser que recibió como regalo fue Eva, más buena y saludable que la Evita de Perón.

Eva aparece en la Biblia descrita con siete nombres y son los siguientes:

1. Hembra (Gen. 1.27).

2. Mujer (Gen. 2.22)

3. Varona (Gen. 2.23)

4. Compañera (Gen. 3.12)

5. Eva (Gen. 3.20)

6. Madre de todos los vivientes (Gen. 3.20)

7. Adán (Gen. 5.2)

La historia que narramos aquí es la noticia más antigua del mundo. Dios mostró su amor tan grande con el hombre que lo primero que hace es darle un hermoso regalo, la mujer. Creo que usted ya lo sabe pero vale la pena repetirlo.

La mujer no fue sacada de la cabeza del hombre para que no lo gobierne. Tampoco fue sacada de los pies, para que el hombre no la pisotee, ni la menosprecie. Ella fue sacada de la costilla del hombre, muy cerca de su corazón para que el hombre sepa que si llega a hacerle algún daño, daña también su propio ser. La mujer necesita del hombre, que sepa amarla, consolarla, cuidarla y protegerla. El hombre debe amar y considerar a la mujer. Nunca debe insultarle, nunca debe golpearle. Siempre debe reconocerle su valor, su trabajo y su amor. El hombre debe hablarle a la mujer con palabras de respeto, de consideración y de amor. Debe decirle con sus labios y con su corazón: Te amo mil veces más que al amor.

- Polo Trujillo

La Voz Eterna, Enero-Febrero 1999

 

"Así, también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama" (Efesios 5.28).

"Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo" (1 Pedro 3.7). 

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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