LA CENA DEL SEÑOR...

TODOS LOS DIAS DEL SEÑOR

 

¿Es posible aprender del ejemplo de los cristianos del primer siglo la frecuencia con que debemos tomar la Cena del Señor? Es nuestra firme convicción que sí es posible, y el estudio presente servirá de base para la decisión del cristiano en esta importante práctica.

Consideraciones bíblicas

Recordamos muy bien que el apóstol Pablo declaró acerca de la Cena del Señor: "Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Corintios 11.26). La frecuencia, o sea "todos las veces" en aquel tiempo es nuestro modelo en la actualidad para "perseverar en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones" (Hechos 2.42).

¿Era observada esta cena en memoria del Señor solamente una vez al año, en tiempo de la fiesta de la pascua? Esto es lo que enseñan hoy algunos, haciendo un enlace directo con el concepto de "una vez al año" de la pascua. "Perseverar", como dice Hechos 2.42, parece indicarnos una frecuencia mucho más estrecha que esto. La misma expresión "perseverando", se usa en relación con los primeros discípulos en la ciudad de Jerusalén, la iglesia recientemente establecida. Sin embargo, se dice "Perseveraban... en el partimiento del pan..."

Lógicamente, se trataba de algo más que de una observancia anual. Esto se comprueba al encontrar que el apóstol Pablo y otros discípulos de Troas celebraron la Cena del Señor el primer día de la semana - un primer día de la semana que ocurrió poco después de la fiesta de la pascua. Veamos Hechos 20.6. "Y nosotros, pasados los días de los panes sin levadura, navegamos de Filipos, y en cinco días nos reunimos con ellos en Troas, donde nos quedamos siete días. El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba, habiendo de salir al día siguiente". NOTA: El grupo salió de Filipos, después de la pascua, el viaje a Troas requirió cinco días, y siete días más pasaron antes que llegara el primer día de la semana, cuando los discípulos se reunieron para tomar la Cena del Señor. Podemos estar seguros de que el día de los panes sin levadura era la pascua, porque se nos dice que Pablo se apuraba para llegar a Jerusalén "el día de Pentecostés" (versículo 16). Como sabemos bien, Pentecostés era 50 días después de la pascua.

Veamos también con qué naturalidad dice Lucas: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan" (Hechos 20.7). Este era el tiempo acostumbrado. El primer día de la semana, el día de la resurrección del Señor, el día del Señor, el día en el cual los discípulos se reunían para recordar así muy especialmente la muerte de Cristo. No existe indicación bíblica de que los primeros discípulos hayan celebrado la Cena del Señor en otro día que no fuera el primero de la semana. "Todos las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga" (1 Corintios 11.26).

Consideraciones históricas

Ahora que hemos visto cuál era la práctica de la iglesia primitiva de Cristo, según se revela en las Escrituras, hagámonos las mismas preguntas que se hicieron los historiadores de la iglesia primitiva, sobre los primeros días de la misma (poco después del período que quedó cubierto por el relato inspirado).

Neander (Historia de la Religión y la Iglesia Cristiana, Vol. 1, pág. 332). "Como ya hemos señalado antes, la celebración de la Cena del Señor todavía se efectuaba como una parte esencial de la adoración divina, cada domingo, como lo dijo Justino Mártir (año 150 de la era cristiana), y toda la congregación tomaba parte de la comunión después de haberse unido en el amén de la oración anterior. Los diáconos llevaban el pan y el vino a todos los presentes, ordenadamente. Se consideraba necesario que, como todos los cristianos del lugar debían unirse en la comunión con el Señor y con su iglesia, los diáconos tenían que llevar una porción del pan y el vino consagrado a los enfermos, a los prisioneros y a todos los que no habían podido asistir a la reunión".

Alexander Campbell (El Sistema Cristiano, págs. 325-327) declaró: "Toda la antigüedad concuerda en que, durante los tres primeros siglos, todas las iglesias partían el pan una vez a la semana. Plinio en sus Epístolas, Libro X; Justino Mártir, en su Segunda Apología para los cristianos; y Tertuliano en Ora, pág. 136, testifican que era la práctica universal en todas las reuniones semanales de los hermanos, después de haber orado y cantado himnos".

Erskine (Disertaciones de Erskine, pág. 271) dice: "La comunión semanal se practicaba en la iglesia griega aún hasta el siglo VII; y según uno de sus cánones; 'el que dejara de asistir tres semanas consecutivas, era excomulgado'".

Mucho era el énfasis que se daba a la participación en la Cena del Señor, cada día del Señor. Sin embargo, gradualmente ocurrieron desviaciones de esa práctica original. El Concilio de Agata, en el año 506 de la era cristiana, determinó que: "...nadie puede ser considerado como buen cristiano si no participa al menos tres veces al año de la Cena del Señor: En Navidad, en Pascua y en Domingo de Pentecostés". Y el Concilio de Letrán, en el año 1215 de nuestra era, decretó que "una comunión al año, en Pascua, era suficiente". En esta forma, el cuadro bíblico del partimiento del pan con sencillez y piadosa sinceridad constituye un marcado contraste con el sacramento celebrado pomposamente una sola vez al año.

Una estimación creciente

¿Resultaría la celebración semanal de la Cena del Señor en una disminución de su significado? Si es así, el Señor se hubiera preocupado por hacérselo saber a los apóstoles. Si así fuera, lo mismo podría decirse acerca del canto, de la oración y de las meditaciones sobre las Escrituras. De ser ese el caso "perseverar" debiera criticarse en vez de alabarse. Una observancia sincera cada primer día de la semana hará aumentar y no disminuir el aprecio que por la Cena Santa debe tener todo cristiano. Vendrán a hallarse cada vez mayores razones y un significado más profundo en la comunión de este festín espiritual, así como se va encontrando más y más hondo sentido a la oración, cuanto más se practica.

Pensemos, meditemos cuidadosamente, en el sacrificio del Señor por nuestros pecados... Dejemos que nuestro corazón rebose de amor y gratitud... Que haya una humilde sumisión a su voluntad y una decidida resolución de la nuestra para rendirnos a él en arrepentimiento... Que haya gozosos recuerdos de años enteros pasados en la gracia de su compañía, y anhelos sublimes de continuar caminando en la luz, hasta el día glorioso en que esa comunión sea hecha perfecta en el hogar eterno.

¡Cuán grande bendición es compartir el pan y beber de la copa consagrada todos los días del Señor!

- Clifton Rogers

La Voz Eterna, Abril 1987

sm  

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

Copyright © 2002 La Voz Eterna

Reservados todos los derechos