EL HOGAR FUTURO DE LOS SALVOS:

¿EL CIELO O LA TIERRA?
 

Hay unos pensadores religiosos de nuestro tiempo que enseñan que esta tierra ha de pasar por un proceso de limpieza y renovación inmediatamente después del juicio final, la cual servirá como hogar eterno de los redimidos. La esperanza de ellos es por lo tanto terrenal y no celestial. La Biblia establece solamente "una esperanza" (Efesios 4.4: Tito 2.13,14), y ésta es celestial.

Jesús declaró abiertamente: "El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mateo 24.35: Marcos 13.31; Lucas 21.33). El "cielo" en este pasaje es la atmósfera etérea que rodea a la tierra, el mismo "cielo" de las aves del aire (Lucas 13.19; Salmos 104.12; Jeremías 4.25; Lamentaciones 4.19, etc.)

Jesús continuó diciendo: "Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino sólo mi Padre" (Mateo 24.26).

El apóstol Pedro da una descripción gráfica del fin del mundo y su completa destrucción por medio del fuego (2 Pedro 3.7-10). Pedro dice que: "Los cielos pasarán con gran estruendo, y los elementos ardiendo serán desechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas". La palabra griega "quemadas" es katakaid, la cual quiere decir "quemar totalmente o carbonizar".

¿Volverá la tierra a ser reconstruida? Isaías el profeta dice que "no". "Temblará la tierra como un ebrio, y será removida como una choza; y se agravará sobre ella su pecado, y caerá, y nunca más se levantará" (Isaías 24.20).

Es cierto que unos pasajes que dicen que "los mansos heredarán la tierra", pero éstos han de ser considerados en relación a las promesas de Dios dadas a los israelitas en cuanto a la posesión de una tierra, una promesa que representaba el cielo, una tierra de promisión. Véase Salmos 37.9,11,22,29; 105.4-11; Josué 21.43; 23.16.

Jesús en el sermón del monte habló a los judíos según este contexto, el cual era entendido por ellos, cuando dijo: "Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad". En esa misma ocasión, Jesús habló de ver a Dios y "porque de ellos es el reino de los cielos" (Mateo 5.1-12). En Juan 18.36, él declaró: "Mi reino no es de este mundo".

Cielos nuevos y tierra nueva. Otros pasajes emplean la palabra "tierra" en relación al mundo que ha de venir (Hebreos 2.5; Efesios 1.21), y los "cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia" (2 Pedro 3.13; Apocalipsis 21), una figura del lenguaje que se refiere al cielo mismo, el cual tomará el lugar de los actuales "cielo y tierra" que Jesús dijo que pasarían.

Salomón hace una declaración en Eclesiastés 1.4 que parece contradecir la enseñanza bíblica que ha sido ya considerada: "Generación va, y generación viene: mas la tierra siempre permanece". Sin embargo no existe contradicción cuando recordamos que la expresión hebrea "para siempre" frecuentemente implica algo temporal, queriendo decir "hasta el tiempo indicado o hasta el fin de una edad".

La circuncisión fue llamada un "pacto perpetuo" (Génesis 17.13); la Pascua fue una celebración dada como "estatuto perpetuo" (Exodo 12.14), y el sistema levítico tenía un "pacto del sacerdocio perpetuo" (Números 25.13); sin embargo sabemos que todo esto fue abrogado cuando la Ley fue cumplida por Cristo en la cruz (Colosenses 2.14). A pesar de todo esto, la tierra continúa existiendo perpetuamente a través de estas generaciones hasta que su tiempo sea cumplido.

Promesas acerca de un cielo. El Nuevo Testamento abunda en promesas acerca de un cielo. El escritor del libro de Hebreos dice que los grandes hombres de fe en épocas pasadas tuvieron su esperanza puesta en un hogar celestial. "Confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial" (Hebreos 11.13-16). Pedro describe nuestra herencia como "incorruptible e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros" (1 Pedro 1.3,4).

Pablo, por medio de sus epístolas, pone nuestra atención en un hogar celestial:

  "La esperanza que os está guardada en los cielos" (Colosenses 1.5).

"Tenéis en vosotros una mejor y perdurable herencia en los cielos" (Hebreos 10.34-36).

"Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos" (2 Corintios 5.1).

 
"Y el Señor me librará de toda obra mala, y me preservará para su reino celestial"

Antes que esto, Pablo había dicho: "Me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida" (2 Timoteo 4.8). También exhortó a los hermanos de Colosas: "Buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra" (Colosenses 3.1,2).

 
Las gloriosas visiones de Apocalipsis. Juan, en el libro de Apocalipsis, describe las gloriosas visiones que le fueron reveladas en cuanto a los redimidos en el hogar celestial con Dios. En capítulo 7 revela dos visiones: (1) Los 144,000, un número simbólico que representa la suma total de los elegidos de Israel, las primicias del evangelio; y (2) la gran compañía innumerable de los redimidos "de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas".

Estos también se ven delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas. De la unión de ambos grupos podemos ver a todos lo hijos de Dios de todas las dispensaciones reunidos con su Padre celestial en su reino eterno.

En capítulo 21 de Apocalipsis describe las bendiciones de que se disfruta en esa ciudad celestial, y el capítulo 22.14 nos dice como podemos estar entre los llamados para entrar: "Bienaventurados los que lavan sus ropas, para tener derecho al árbol de la vida, y para entrar por las puertas de la ciudad". Esto coincide perfectamente con las palabras de Jesús en Mateo 7.21. Cristo es llamado el "autor de eterna salvación para todos los que le obedecen" (Hebreos 5.8,9).

La "única esperanza" es por lo tanto la esperanza de todos los redimidos unidos con Dios el Padre, en Cristo, regocijándose y alabándole durante toda la eternidad. Esta es la nueva tierra y el nuevo cielo, donde mora la justicia.

- Ted Cline

La Voz Eterna, Septiembre 1977

 

"Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros..."

(1 Pedro 1.3-4).
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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