COMO LLEGAR A SER CRISTIANO Y ESTABLECER UNA CONGREGACION MAS DEL NUEVO TESTAMENTO

Comience con usted mismo. No hay por qué confundirse. El modelo de conversión que Jesucristo dio a los apóstoles, y que ellos usaron inalterablemente junto con los demás cristianos de su tiempo, ha de ser el mismo para nuestros días. Esto significa que usted, ahora que conoce la palabra del Señor, también debe arrrepentirse de sus pecados (Hechos 17.30), confesar que Jesucristo es el Hijo de Dios (Mateo 16.16; Hechos 8.37; 1 Juan 4.15), y bautizarse o sumergirse en agua para el perdón de los pecados (Mateo 28.19; Marcos 16.16; Hechos 2.38; 22.16; Colosenses 2.12).

¿Quién podrá bautizarlo o sumergirlo en agua? Para esto, usted podría comunicarse con la persona que le hizo llegar este estudio, o con una de las iglesias de Cristo. Por lo general, los lugares donde se reúnen los cristianos, tienen este letrero: "AQUI SE REUNE LA IGLESIA DE CRISTO". Pida ahí que lo bauticen. De acuerdo con la Biblia, el bautismo vale por el bautizado y no por el bautizante o agente humano; pues, en todo caso, es el Espíritu Santo quien bautiza a todos "en un cuerpo" (1 Corintios 12.13). Pero aun cuando el bautismo no es oficio de un grupo exclusivo de cristianos, usted ha de tomar en cuenta que el bautismo bíblico es inconfundible por sus requisitos. Veamos:

El bautismo debe suministrarse sólo a quienes se arrepienten de sus pecados (Hechos 2.38). Eso excluye a los infantes, los cuales no pueden comprender el mensaje de la Biblia, ni tienen pecado del cual arrepentirse (Mateo 18.3; 19.14).

Para bautizarse hay que confesar que Jesucristo es el Hijo de Dios (Hechos 8.36,37). Esto lo hará así: Antes de bajar al agua (un río, un lago o cualquier otro depósito de agua suficiente) usted debe decir algo como esto: "Como obediencia a Jesucristo y su evangelio, voy a bautizarme para el perdón de mis pecados; por eso, ahora mismo, quiero confesar que Jesucristo es el Hijo de Dios". Hecha esta confesión, usted y quien lo hubiere de bautizar deben descender al agua para proceder.

El bautismo bíblico es inmersión en agua (Mateo 3.16; Hechos 8.36-38; Romanos 6.3-5; Colosenses 2.12). Por eso, su bautismo debe efectuarse en un lugar donde haya suficiente agua (Juan 3.23).

La finalidad del bautismo o inmersión es obtener el perdón de los pecados (Hechos 2.38; 22.16; 1 Pedro 3.21). Algunos equivocan el propósito del bautismo. Contrario a la Biblia, enseñan que el bautismo sólo es para dar un testimonio público de que ya uno es cristiano. Otros aumentan el error, cuando afirman que el bautismo sólo es la puerta que le da entrada al cristiano a la iglesia local. Para los que así predican, el bautismo sólo viene a ser el acto por el cual el cristiano se incorpora a una congregación, y que se hace hasta tiempo después de la conversión. Dicha doctrina no aparece por ningún lado en la Biblia. Por la Biblia misma sabemos que los convertidos no necesitan ser incorporados a ninguna organización humana, sino que el mismo Señor los añade a su propia iglesia (Hechos 2.41,47). El ser ya cristianos, les da derecho a ser miembros de cualquier congregación local, o a iniciar una en su casa o en cualquier parte. Al ser bautizado, usted debe saber que el agua no tiene la virtud de lavar sus pecados, pero que el bautismo es más que agua. El bautismo es más que agua, porque en él todo bautizado recibe los beneficios de la muerte y resurrección de Jesucristo (Romanos 6.3-5; Colosenses 2.12,13; 3.1-4). Ser muerto, sepultado y resucitado juntamente con Cristo es lo mismo que decir: "tenemos redención por su sangre" (Efesios 1.7)

El bautismo bíblico debe suministrarse "en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" (Mateo 28.19). Por eso conviene que la persona que lo hubiere de bautizar diga algo así: "Yo te bautizo para el perdón de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo". Dicho esto, en segundos él podrá sumergirlo en el agua y extraerlo (Romanos 6.3,4; Colosenses 2.12).

Ahora ya usted es cristiano. Eso significa que Dios lo ha añadido a su iglesia o reino (Hechos 2.41,47; 1 Corintios 12.13). Ser cristiano denota que uno posee el perdón de Dios y la vida eterna. Todo cristiano es nueva criatura (2 Corintios 5.17) por cuanto ha nacido de agua y del Espíritu (Juan 3.3-5; Tito 3.5). Además, esto deja ver que ya usted posee "el Espíritu Santo, el cual ha dado Dios a los que le obedecen" (Hechos 5.32; vea también Romanos 8.9 y Efesios 1.13). Ahora debe mantenerse fiel y sin caída (1 Corintios 10.11,12; Hebreos 2.1-3). Su moral y espiritualidad han de ser de acuerdo con la voluntad de Dios. El móvil del comportamiento cristiano siempre será el amor a Dios y al prójimo. Si rechaza el mal, es por amor; si practica el bien, es por amor (Romanos 12.2, 9-21; 13.8-10,14). La santidad y amor de Jesucristo han de reflejarse en usted, "porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos" (Gálatas 3.27).

Como cristiano, usted sabe que no ha de llevar ningún nombre denominacional. Sólo basta decir que es cristiano. Sí, cristiano nada más. En Hechos leemos que los discípulos de Jesucristo eran conocidos como cristianos (Hechos 11.26). También por Hechos 26.28 sabemos que ese era su calificativo. Pedro demuestra lo mismo cuando dice: "si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello" (1 Pedro 4.16). El cristiano rechaza todos los calificativos sectarios, porque sabe que los mismos no tienen asidero bíblico y sólo sirven para confundir y dividir al mundo religioso.

Reúnase con los cristianos de su comunidad, y si no hubiere una de las iglesias de Cristo (Romanos 16.16) ahí, comience una en su casa o adonde mejor convenga. Hay que saber que la iglesia no es el edificio, sino la gente convertida. Lea Romanos 6.5; 1 Corintios 16.19; Colosenses 4.15; Filemón 1.2. En su oportunidad, nos referiremos a estas Escrituras. Como cristiano, usted no debe unirse a ninguna secta religiosa, pues muy pronto usted descubriría doctrinas y mandamientos de hombres, los cuales impiden que se predique la verdad de la Biblia en toda su pureza. Si no hubiere una de las iglesias de Cristo en su ciudad, establezca una convirtiendo a la gente del mismo modo que usted fue convertido. Reúna algunas personas y estudie la Biblia con ellas (Hechos 17.11). Juntos pueden llegar a las mismas conclusiones a las cuales usted llegó. En tal caso, usted podría bautizar a los que decidieron obedecer el evangelio de Jesucristo.

Como cristiano, usted debe adorar al Señor (Juan 4.23,24). En el Nuevo Testamento, Dios no exige un lugar exclusivo de adoración; pero sí, ser adorado de manera correcta: "en espíritu y en verdad" (Juan 4.24). Aun cuando las construcciones de edificios resultan de gran ayuda para las reuniones de la iglesia, el Nuevo Testamento no dice nada en cuanto a ellas. Los primeros cristianos se reunían como iglesia en sus propias casas. Por ejemplo, Pablo saluda a Aquila y a Priscila y "a la iglesia de su casa" (Romanos 16.5). Y en la epístola a los Corintios se registra el saludo de "Aquila y Priscila, con la iglesia que está en su casa" (1 Corintios 16.19). También Pablo saluda a Ninfas "y a la iglesia que está en su casa" (Colosenses 4.15). Y en la epístola a Filemón, Pablo y Timoteo saludan a este cristiano "y a la iglesia que está en tu casa" (Filemón 2).

La adoración cristiana está revelada con toda exactitud en el Nuevo Testamento. Incluye: Estudio de la palabra de Dios, oración, cánticos, la Cena del Señor o comunión, y ofrenda.

El estudio de la palabra de Dios

Los primeros cristianos, como nosotros hoy, se edificaban mediante la lectura y la predicación de las Escrituras cuando se reunían para adorar al Señor. El apóstol Pablo escribió a los hermanos de Tesalónica: "Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos" (1 Tesalonicenses 5.27). También ordenó a la iglesia de Colosas lo siguiente: "Cuando esta carta haya sido leída entre vosotros, haced que también se lea en la iglesia de los laodicenses, y que la de Laodicea la leáis también vosotros" (Colosenses 4.16). Vea también Hechos 20.7. Exponer la palabra de Dios en la iglesia es importante por cuando es el único medio que el Señor ha escogido para revelarnos su voluntad en la era cristiana (Hebreos 1.1,2). Por esta última Escritura, sabemos que Dios nos habla hoy sólo por medio de su Hijo; y su mensaje ya ha sido escrito a plenitud en el Nuevo Testamento por hombres inspirados por el Espíritu Santo (Juan 14.26; 16.13). Su mensaje fue revelado y confirmado en días de los apóstoles por el Espíritu Santo y sus dones milagrosos (Marcos 16.20; 1 Corintios 12.8-10; Hechos 2.3,4). Esto significa que en nuestro tiempo no tenemos que buscar el mensaje del Señor en ninguna revelación fuera de lo escrito en el Nuevo Testamento, ni una señal milagrosa que lo confirme. De acuerdo con las Escrituras, los dones para revelar la verdad y confirmarla estarían operando hasta que dicha revelación hubiera llegado a su grado perfecto (1 Corintios 13.8-12; lea todo el capítulo juntamente con el 12, y observe que la "ciencia" del 13.8 es el mismo don de "ciencia" del 12.8). Los primeros cristianos predicaban y enseñaban lo que Dios les revelaba mediante ciertos dones del Espíritu Santo; y cuando predicaban el mensaje revelado, contaban con otros dones, como el de milagros y sanidad, que lo confirmaban (lea nuevamente Marcos 16.20 y Hebreos 2.3,4).

En nuestro tiempo los dones milagrosos no operan, por cuanto nuestro ministerio sólo predica y enseña lo que ya Dios reveló y confirmó. Ese es el evangelio: un mensaje revelado y confirmado por el Espíritu de Dios. Para concluir este aspecto, lea Efesios 4.7-16 y observe que los ministerios milagrosos operarían hasta llegar "a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios" (versículo 13). Sabemos que para la muerte de Juan, el último apóstol en dormir en el Señor, ya los cristianos habían llegado a la unidad de la fe y al conocimiento pleno del Hijo de Dios. Y, como dijimos, todo lo que Dios tenía que revelar en cuanto a la fe (su doctrina) y a su Hijo, ya ha sido escrito en el Nuevo Testamento.

La oración

Es privilegio de todo cristiano allegarse directamente a Dios en oración, individualmente en privado, o en público como acto de la congregación (Mateo 6.6; Hechos 21.5). Al orar hay que tomar en cuenta lo siguiente:

Toda oración, para pedir algo o dar gracias, ha de hacerse al Padre Celestial en el nombre de Jesucristo (Juan 14.13; Romanos 1.8; 8.34; Colosenses 1.3; 3.17). El Nuevo Testamento no autoriza allegarse a Dios mediante personas exclusivas, vivas o muertas, ni por imágenes de ningún tipo. Sólo se puede orar en el nombre de Jesucristo. Así lo ha dispuesto el Señor. No hay duda que para dirigirse a Dios en oración, el nombre de Jesucristo es único y suficiente.

Dios contesta la oración de varias maneras: (a) Literalmente (Santiago 5.17,18); (b) rechazando la petición (2 Corintios 12.7-10); (c) dando algo distinto a lo pedido (Lucas 22.39-46); (d) haciendo que usted aproveche lo existente en la naturaleza y sus recursos: medicinas, cosechas, etc.; (e) demorándose (Juan 11.6).

Los cánticos.

Por medio del canto, los cristianos también adoran a Dios. Y al mismo tiempo, el canto sirve para la enseñanza y exhortación. El uso de instrumentos musicales o mecánicos no está autorizado por el Nuevo Testamento; tales instrumentos sólo se utilizan en el Antiguo Testamento, en tiempo de la ley (2 Crónicas 29.25; vea Salmo 150 y observe que también se empleaba la danza, versículo 4); pero a partir de la muerte de Jesucristo, el cristiano ha muerto a la ley o antiguo pacto (Romanos 7.4; Hebreos 8.6,13) para someterse a lo establecido en el nuevo pacto. En el Antiguo Testamento se mandaba cantar y tocar; pero en el Nuevo Testamento sólo se manda cantar (Efesios 5.19 y Colosenses 3.16). Vea estas otras Escrituras: Hechos 16.25; 1 Corintios 14.15; Santiago 5.13. Si se invoca el Antiguo Testamento para justificar el uso de instrumentos mecánicos en la adoración al Señor, también habrá que incluir en la adoración de nuestro tiempo el incienso, la danza y otras prácticas que se usaban para adorar en tiempo de la ley.

La Cena del Señor o comunión.

Por medio de la Cena del Señor, el cristiano, domingo tras domingo, hace memoria de la muerte de Jesucristo a la vez que expresa su eterna comunión con él. Al estudiar en el Nuevo Testamento este otro acto de adoración, descubrimos lo siguiente:

1) Fue instituida por el Señor Jesucristo (Mateo 26.26-29).

2) Fue enseñada por Pablo como mandamiento del Señor (1 Corintios 11.23).

3) Era celebrada domingo tras domingo (Hechos 20.7).

4) Consiste de pan "ázimo" (sin levadura) y fruto de la vid &emdash;fruto extraído de uvas (1 Corintios 11.23-26).

5) El pan y el jugo de la vid representan el cuerpo y la sangre de Jesucristo respectivamente: su cuerpo partido y su sangre vertida en la cruz para salvarnos de la condenación eterna a causa de nuestros pecados. En ningún momento, el pan y el jugo de uva se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Jesucristo; únicamente los representan en el acto. Así lo enseñaba Pablo (1 Corintios 11.26). Observe que Pablo vuelve a llamar "pan" a lo que el acto de la Cena nombra como "esto es mi cuerpo".

6) Por la Cena del Señor, el cristiano expresa su ininterrumpida comunión con Jesucristo y, a la vez, con su hermanos en la fe, quienes forman parte de un mismo cuerpo (1 Corintios 10.16,17).

7) Mediante la Cena del Señor, el cristiano proclama la muerte redentora de Jesucristo y su segunda venida (1 Corintios 11.26).

8) Todo cristiano está llamado a comprender (discernir, 1 Corintios 11.29) el significado de la Cena del Señor y a participar en ella, después de examinarse a sí mismo.

9) El domingo o primer día de la semana es el día que los cristianos escogieron para tomar la Cena del Señor (Hechos 20.7).

 

La ofrenda

Pablo se refiere a la ofrenda de la iglesia de Filipos como "olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios" (Filipenses 4.18). La ofrenda ha de darse con abundancia y alegría de corazón (2 Corintios 9.6,7). A los corintios y a las iglesias de Galacia, se les ordenó separar la ofrenda en domingo o primer día de la semana (1 Corintios 16.1,2). Mediante la ofrenda de sus miembros, cada congregación podrá desarrollar sus programas. Es la propia congregación la que debe disponer el destino de sus ofrendas.

- Efraín Valverde A.

La Voz Eterna, Septiembre 1988

La organización de la iglesia del Señor

Lea Tito 1.5-9 y 1 Timoteo 3.1-13 acerca de los requisitos de los ancianos y diáconos, los líderes de la congregación. También lea, por favor, Filipenses 1.1 y 1 Pedro 5.1-4.

"Os saludan todas las iglesias de Cristo" (Romanos 16.16). sm


Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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