¿AUTORIZA JESUCRISTO LA CONFRATERNIDAD LIBRE?
  

"Juan le respondió diciendo: Maestro, hemos visto a uno que en tu nombre echaba fuera demonios, pero él no nos sigue; y se lo prohibimos, porque no nos seguía. Pero Jesús dijo: No se lo prohibáis; porque ninguno hay que haga milagro en mi nombre, que luego pueda decir mal de mí. Porque el que no es contra nosotros, por nosotros es" (Marcos 9.38-40)

El pasaje registrado en Marcos 9.38-40 y Lucas 9.49-50 ha sido motivo de debates y, la mayoría de las veces, ha sido arrebatado de su contexto y aplicado en forma errónea para apoyar una falsa doctrina de libre confraternidad con cualquiera que se hace llamar cristiano, sin tomar en cuenta la doctrina que éste promulgue o las prácticas que desarrolle. Pero tal significado no es el que quiso dar Jesucristo cuando le dijo a Juan: "No se lo prohibáis; porque el que no es contra nosotros, por nosotros es" (Lucas 9.50).

Uno de los principios fundamentales, y universalmente aceptados de interpretación bíblica entre aquellos que en verdad creen en ella, es que cada pasaje se debe interpretar a la luz de la enseñanza bíblica total. Ciertamente Jesucristo no se contradice; y cada declaración suya debe interpretarse con referencia a toda su enseñanza y práctica. En base a dicho principio, y aceptando el hecho de que Jesucristo no es inconsistente, veamos primero lo que no pudo haber querido decir.

PRIMERO: Su comentario no se puede interpretar como una invitación a que fraternicemos con cualquier persona que simplemente use el nombre de Cristo, o profetice en su nombre, o exorcice en su nombre, ya que él mismo dijo: "No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad" (Mateo 7.21-23).

La afirmación inequívoca de tal cita es que no es suficiente para la salvación o para la confraternidad con Cristo, el simplemente decir o hacer ciertas cosas en su nombre. En el mismo contexto, Cristo les indica a sus seguidores que pueden reconocer a los falsos maestros por los frutos que éstos rinden (Mateo 7.16).

SEGUNDO: Dicha respuesta al apóstol Juan no puede significar que éste - o nosotros hoy en día - debiese aceptar la confraternidad de alguien que no tuviera fe genuina en Cristo. El mismo Jesús les dijo a los judíos: "Porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis" (Juan 8.24). Muchos otros pasajes de la palabra de Dios afirman la necesidad de una fe genuina con el fin de lograr la fraternidad con Cristo y sus seguidores.

TERCERO: Cristo no pudo haber querido decir que se puede tener plena comunión con él o sus seguidores si no se confiesa dicha fe ante los hombres. El mismo apóstol Juan así lo declara al juzgar de cobardes a los dirigentes de la sinagoga por no confesar éstos el nombre de Cristo: "Con todo esto, aun de los gobernantes, muchos creyeron en él; pero a causa de los fariseos no lo confesaban, para no ser expulsados de la sinagoga. Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios" (Juan 12.42-43).

Jesús puntualizó lo necesario que es la confesión de fe para la confraternidad con él, al declarar: "A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 10.32-33).

CUARTO: La cita en cuestión no puede significar tampoco que uno pueda fraternizar con Jesús, si no se arrepiente uno de sus pecados y abandona todo lo que es pecaminoso. El mismo dijo a los judíos: "Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente" (Lucas 13.3-5).

Según la versión de algunos que malinterpretan las palabras de Jesús a Juan, y las utilizan para defender la confraternidad libre, Jesús debió haber aceptado con entusiasmo la confraternidad del "joven rico". Después de todo, éste había sido una persona moral, y había guardado los mandamientos desde su niñez. Sin embargo, Jesús le indica que le falta algo para poder ser su seguidor; le dice que debe hacer a un lado su amor hacia los bienes materiales, repartir dichos bienes entre los pobres y luego seguirlo (Mateo 19.16-22). Pero si Jesús no practica la confraternidad libre con alguien tan aceptable como lo era el joven rico, ¿por qué ha de pensarse que autoriza la práctica de que su iglesia fraternice libremente con aquellos que no se arrepienten de sus pecados, ni lo obedecen en todos sus mandamientos?

QUINTO: Ciertamente no se puede interpretar la cita como una facultad para la libre confraternidad con alguien que se niega a bautizarse para el perdón de sus pecados. Esto lo deja bien claro Lucas. Comenzando con el 7.24 de su evangelio, el médico cristiano registra el gran tributo que Jesús brinda a Juan el Bautista. "Y todo el pueblo y los publicanos, cuando lo oyeron, justificaron a Dios, bautizándose con el bautismo de Juan. Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan" (Lucas 7.29-30).

Juan predicó y practicó el bautismo del arrepentimiento para perdón de pecados (Lucas 3.3). Jesucristo, a su vez, enseñaba y practicaba el mismo bautismo. Ciertamente no les abrió los brazos de la confraternidad a aquellos fariseos que desecharon los designios de Dios y rechazaron el bautismo.

¿Cómo puede una persona, que tome la Biblia en serio, pensar que Dios y Cristo están satisfechos con aquellos que desechan los designios de Dios? Uno de estos designios es que el hombre debe alcanzar el perdón de sus pecados a través del bautismo; y sin embargo hay muchos grupos religiosos que rechazan ese simple mandamiento, cayendo así en la categoría que describe el Señor en Mateo 7.21-23.

El Nuevo Testamento deja claro, y en repetidas ocasiones, la voluntad de Dios respecto a la necesidad del bautismo, basado en la fe, la confesión y el arrepentimiento. Jesús lo dijo en Marcos 16.16: "El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado". El inspirado apóstol Pedro expresa la voluntad del Espíritu de Dios, cuando declara a la multitud en el día de Pentecostés: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo" (Hechos 2.38). En todo el libro de Hechos la voluntad del Espíritu Santo, expresada a través de Pedro, Pablo y los demás apóstoles, es que el hombre se bautice. Lo anterior lo confirman los relatos referentes a conversiones que se hacían a la iglesia del Nuevo Testamento.

En vista de lo anterior, nadie puede defender la confraternidad libre con personas que no han sido bautizadas, a no ser que la defiendan aquellos que han decidido desechar los designios de Dios. La voluntad de Dios al respecto es muy clara. Los cristianos deben apoyar y defender tal voluntad.

SEXTO: Obviamente no fue la intención de Jesús el ofrecer confraternidad libre a aquellos que lo desobedecen, o que simplemente no cumplen su voluntad. El tacha de insensato a aquel que escucha sus palabras y no las hace; y al que las hace lo compara a un hombre prudente (Mateo 7.24-27).

El presente artículo podría extenderse con la mención de muchas otras enseñanzas de Jesús respecto a lo que él requiere de sus discípulos. Los ejemplos arriba citados deberían dejar suficientemente claro el hecho que Jesús nunca propuso la confraternidad libre, sin tomar en cuenta la doctrina o práctica de los demás. En contraste, es un error similar en su magnitud el limitar la confraternidad más allá de lo que permite la palabra de Dios, el encajonar las opiniones y tradiciones humanas en el contexto de la confraternidad cristiana. No es el objetivo aquí el explorar todos los aspectos de este importante tema, sino el afirmar que el pasaje en cuestión no enseña una doctrina de confraternidad libre, muy especialmente cuando se trata de los no bautizados o los que claramente rechazan la voluntad de Dios.

¿Qué es lo que sí quiso decir Jesús, y cuál es el significado de lo que dijo? Puede ser que no lo sepamos todo, pero podemos saber algunas cosas. Por ejemplo, la confraternidad ni siquiera está en consideración en este pasaje. La expresión "no nos sigue" puede referirse simplemente a que el hombre actuaba independientemente, y no como parte del grupo de discípulos que a todas partes seguían a Jesús. No significa necesariamente que no siguiera las enseñanzas de aquel; quizás era alguien que viajaba con otro grupo de los que viajaban con Jesús. Por otra parte, lo que hacía aquel hombre estaba bien en sí mismo. Aunque hiciese o enseñase otras cosas que estuviesen mal, no se le puede condenar por lo que hacía de bien. Puede ser que tengamos que enseñarle más correctamente la doctrina del Señor, como lo hicieron Aquila y Priscila en el caso de Apolos. Sin embargo, siempre podremos elogiar a alguien por lo que de bien hace, motivándolo a hacer más bien aun.

No tenemos suficiente información en el texto como para saber la condición exacta de aquel hombre. Lo que sí sabemos es que, por razones equívocas, Juan y otros discípulos les prohibieron hacer lo que era justo y correcto, y que Jesús los reprendió por tal motivo. Algunos comentaristas especulan que los discípulos estaban celosos, que pensaban que la facultad de echar fuera demonios debería estar reservada a su grupo. Eso no lo sabemos a ciencia cierta; pero sí sabemos que no debemos estar celosos, y por los celos, prohibir a otros hacer el bien. Josué pretendió equívocamente que se les impidiese profetizar a Eldad y Medad, evidentemente porque estaba celoso por Moisés (Números 11.27-29). Antes bien, siempre debemos estimular a otros a hacer el bien y, de haber necesidad, enseñarlos más acertadamente con el fin de que se acerquen más al Señor.

- F. Furman Kearley

La Voz Eterna, Noviembre 1986

(Vía Gospel Advocate)

 

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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