LA IGLESIA Y SU OBRA

Cooperación, Benevolencia y Escuelas  

  

"La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo" (Santiago 1.27)

Existen actualmente dentro de la iglesia diferencias de opinión tocante a asuntos tales como la forma correcta de cuidar a los huérfanos, la cooperación de la congregación, el uso que se le debe dar a los fondos de la iglesia y cosas por el estilo. Mucha gente me ha preguntado en los últimos años cuáles son las enseñanzas bíblicas que son aplicables en esos casos. Debido a que esto puede ser causa de preocupación para muchos otros, y sintiendo ya la responsabilidad de estar siempre listo para declarar mis convicciones y las razones que tengo para tenerlas, quiero expresar lo que yo creo que enseña la Biblia al respecto.

En primer lugar quiero dejar bien claro mi certeza de que la Biblia es la palabra inspirada de Dios. Ella es nuestra autoridad, nuestra única autoridad, en todo lo que se refiere a la religión. Como dijo el apóstol Pablo: "Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3.16-17). Estoy convencido de que en todo lo que se refiere a la fe y práctica religiosas, debemos hablar donde hablan las Escrituras y callar donde éstas callan.

Con base a lo anterior, es imperativo señalar que las Escrituras enseñan al hombre la voluntad divina en tres formas diferentes. En primer lugar está el mandato directo, el cual encontramos en pasajes tales como Hechos 2.38, que dice: "Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo". Asimismo, Hechos 22.16 contiene el mandato directo: "Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre". Estos son mandamientos directos, declaraciones directas de la voluntad del Señor.

En segundo lugar tenemos el ejemplo apostólico aprobado. Para demostrar lo anterior consultemos en Hechos 20.7, donde el inspirado escritor Lucas dice: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan, Pablo les enseñaba...". En Hechos 16.37 encontramos otro ejemplo. El apóstol Pablo había sido encarcelado ostentosamente en Filipo; cuando se le dio la oportunidad de recuperar su libertad, él exigió que también fuera cosa pública. Dice así el relato: "Pero Pablo les dijo: Después de azotarnos públicamente sin sentencia judicial, siendo ciudadanos romanos, nos echaron en la cárcel, ¿y ahora nos echan encubiertamente? No, por cierto, sino vengan ellos mismos a sacarnos". El anterior es un ejemplo apostólico de cómo emplear los derechos de ciudadanía en pro de la causa de Cristo. Este y otros pasajes similares nos sugieren lo que es agradable ante Dios, a través del ejemplo apostólico aprobado.

En tercer término la inferencia de necesidad. Nótese que no digo meramente inferencia, sino inferencia necesaria. Hebreos 10.25 nos servirá de ejemplo en este caso: "No dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca". El pasaje establece la obligación que tiene cada cristiano de asistir a la adoración en público. La necesaria inferencia es que los cristianos tienen que tener un lugar en donde reunirse para tal fin. Es una inferencia necesaria. Ampliando mi declaración, diría que todas las enseñanzas de nuestro Señor autorizan cualquier cosa que sea necesaria de modo que se lleve a cabo la enseñanza. Es muy interesante observar que no se menciona, en todo el Nuevo Testamento, la construcción de un edificio que fuera usado como iglesia. No hay indicio alguno de que, durante el tiempo de los apóstoles, cualquier congregación contara con un edificio propio. Sin embargo, el mandato de reunirse para la adoración autoriza la construcción, compra, uso en calidad de préstamo, o arrendamiento de un lugar apropiado. Ese es un principio que nadie puede dudar.

Como base general adicional, se debe hacer hincapié en que Dios en ocasiones utiliza términos genéricos al transmitir instrucciones, utilizando otras veces términos específicos. Para demostrar ambos casos citemos Mateo 28.19-20. "Id" es término genérico que permite al predicador decidir la forma en que ha de ir. "Haced discípulos" también es genérico. El pasaje es específico si los esfuerzos por hacer de alguien un discípulo de Cristo deben ser escritos u orales, si deben hacerse ante una multitud o en discusiones privadas, o si se deben hacer cara a cara o por medio de la radio o la televisión. Se utiliza pues, en ese pasaje, un término general que permite al predicador del Evangelio la selección de un método adecuado.

Sin embargo y siguiendo con el mismo texto, encontramos la palabra, "bautizar", término que no es genérico sino específico. En el idioma griego sólo puede significar sumergir, zambullir, hundir. Por tal motivo, la persona que está bautizando no tiene la facultad de decidir si ha de rociar, remojar o sumergir; es algo que especifica el Señor en la palabra "bautizar".

Es aquí donde quiero hacer notar que muchas veces el Señor no especifica los medios o métodos que han de utilizarse para llevar a cabo sus mandatos. Tras de dar la orden general, deja a los ancianos de la congregación local la selección de los pasos específicos. Esto es obviamente cierto en cuanto a la hora del servicio de adoración en el día del Señor, la ubicación del lugar de reuniones, el número de obispos y diáconos que se han de nombrar, y muchos otros asuntos por el estilo. Es perjudicial y necio que alguien exija específicos donde el Señor no los ha señalado. Así como es malo soltar cuando el Señor ha atado, es malo atar cuando el Señor no lo ha hecho.

Finalmente, cabe aclarar en esta discusión preliminar que hay muchos asuntos sobre los cuales el Señor no hizo declaración específica alguna. Cuando alguien exige la cita por libro, capítulo y versículo sobre un asunto específico, está utilizando un método injusto. Injusto sería, por ejemplo, exigir libro, capítulo y versículo que se refiera al lugar de reunión, al director de himnos, reuniones evangélicas, bancas, himnarios, servicios o clases durante la semana, y cosas por el estilo. Siendo todo lo anterior justificable por las Escrituras, nadie va a encontrarse con el libro, capítulo y versículo que lo especifique. Estos son asuntos que se han dejado a la discreción de los ancianos, como mandatos genéricos y no específicos. Es cierto, sin embargo, que todo lo tocante a la fe y a la práctica debe encontrar autorización en las Escrituras; ya sea por medio de un mandato directo, ejemplo apostólico aprobado, o inferencia necesaria.

El hermano John D. Cox, de Florence, Alabama, contribuyó con un excelente artículo que encaja bien en esta porción de nuestro estudio:

A través de los años, aquellos que se han propuesto oponerse a ciertos métodos y detalles referentes a varios aspectos de la labor y la adoración de la iglesia, mismos que se encuentran dentro del dominio del juicio humano, han venido haciendo la misma pregunta: "¿En qué parte del modelo se encuentra?" Es sorprendente lo poco que parecen reconocer, esos que insisten en tal pregunta, su propia y relumbrante inconsistencia. Exigen a gritos que se les muestre ejemplos en el modelo, siendo que aceptan muchas otras cosas que son de la misma categoría. La lista siguiente es testigo de la veracidad de nuestra aseveración:

1. Preguntan aquellos que se oponen a que se enseñe la Biblia en clases: "¿En qué parte del modelo neotestamentario dice que alguna vez la iglesia haya hecho divisiones en grupos según la edad para efectos de la enseñanza?" (La respuesta forzosa es: "En ninguna parte".)

2. Aquellos que se oponen al uso de copas individuales en la comunión preguntan: "¿Dónde está el ejemplo neotestamentario de alguna iglesia que haya usado copas individuales al servir la Cena del Señor?" (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

3. Los que se oponen al uso de material impreso en la enseñanza de la Biblia preguntan: "¿En qué parte del Nuevo Testamento se hace mención de alguna iglesia que haya empleado tal literatura impresa en la enseñanza de la palabra de Dios?" (La respuesta forzosa es: "En ninguna parte".)

4. Aquellos que se oponen a la asignación de predicadores preguntan: "¿Dónde está el ejemplo de que una iglesia del Nuevo Testamento haya contratado a algún predicador, accediendo a pagarle un sueldo fijo, dándole una casa para que viva, etc.?" (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

5. Los que se oponen a que la iglesia cuide huérfanos en hogares especiales a cargo de varios cristianos, preguntan: "¿En qué parte del modelo dice algo acerca de que las iglesias patrocinaran tales hogares?" (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

6. Recientemente algunos han llevado la cosa tan lejos que preguntan: "¿Dónde está el precedente según el Nuevo Testamento que autorice a la iglesia cuidar de los huérfanos?" (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

7. Con el fin de ayudar a los que hacen tales preguntas a que vean su propia inconsistencia, preguntamos lo siguiente:

a. ¿En qué parte del "modelo" del Nuevo Testamento vemos que un individuo se lleve a un huérfano a vivir a su casa? (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

b. ¿En qué parte del modelo de la iglesia del Nuevo Testamento se encuentra un ejemplo de una iglesia que haya pagado a un predicador, o que haya empleado el dinero que había sido "apartado el primer día de la semana" en otra cosa que no fuera con el fin de ayudar a los pobres? (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

c. ¿En qué parte del Nuevo Testamento se encuentra un ejemplo de que una congregación haya construido, poseído o mantenido un lugar de reunión? (La respuesta forzosa: "En ninguna parte".)

La respuesta a todas las preguntas anteriores es que simplemente, no se necesitan ejemplos para llevar a cabo dichos actos. Pertenecen al dominio del juicio humano. En asuntos sobre los cuales Dios ha legislado o especificado, no nos atrevemos a quitar o a poner una palabra (1 Corintios 4.6; Apocalipsis 22.18-19). Pero ahí donde Dios ha ordenado que algo se haga (como enseñar su Palabra, reunirse para la adoración, participar de la Cena del Señor, apartar de los bienes que se reciben, ayudar a las viudas y a los huérfanos), sin haber especificado detalles ni métodos, no necesitamos ejemplos. "Aquellos que buscan imponer en otros tales asuntos como asuntos de fe, son tan culpables de apartarse de la fe como si fueran asuntos de opinión". (Gospel Defender, Vol. 1 No. 1, P. O. Box 169, Florence, Alabama)

¿Cuándo son obligatorios los ejemplos del Nuevo Testamento?

Es evidente, para cualquier estudioso de las Escrituras, que hay muchas descripciones de eventos y acontecimientos en el Nuevo Testamento que no se registran con el propósito de que sean ejemplos de épocas subsecuentes y, ciertamente, no son obligatorios para los cristianos en general. Como ejemplos citaré el hecho de que, aunque en todos los casos que se hace mención en el Nuevo Testamento de la participación de la Cena del Señor encontramos que ésta se celebraba de noche y "en el aposento alto"; nadie podrá argüir que los cristianos de hoy debamos hacerlo de esa manera exacta. Así también, cuando Pablo predicó en Troas, como se menciona en Hechos 20, habiendo prolongado su discurso hasta la medianoche, nadie podrá decir que tal sea un ejemplo obligatorio para los predicadores de ahora. En este mismo ejemplo, nadie discutirá que debamos reunirnos en el tercer piso de algún edificio, con las ventanas abiertas, y que alguien se deba caer desde esa altura y sea levantado sin vida.

Otro ejemplo, del que estamos seguros nadie va a considerar obligatorio, es el hecho de que toda la propagación del Evangelio que se relata en el Nuevo Testamento se hacía en dirección Poniente o en dirección Nordeste. No hay nada que haga mención de misioneros que hayan ido en dirección del Oriente o hacia el Sureste. Sin embargo, tomando en cuenta que la iglesia fue establecida en el extremo oriental del Mediterráneo, era la cosa más natural que el Evangelio fuera llevado hacia el Occidente, o sea hacia el centro del mundo civilizado de entonces. No tiene ningún significado especial el que el Espíritu Santo haya querido hacer resaltar la predicación de Pedro y de Pablo, y el que éstos hayan viajado hacia el Poniente. No tiene importancia especial el que no sepamos nada de los predicadores o de las circunstancias en cuanto a la predicación del Evangelio hacia el Oriente. Podemos estar seguros, sin embargo, que con o sin ejemplos las buenas nuevas fueron llevadas hacia todos los puntos cardinales.

Por último, y con el fin de ilustrar aquello que no es obligatorio, citaré que la predicación en los tiempos apostólicos siempre se hacía a pie o utilizando barcos. Seguramente eso no significa que ahora, en pleno siglo veinte, debamos sacrificar el uso de trenes, automóviles y aviones. Ninguno de estos son ejemplos que el Señor quiere que sigamos al pie de la letra. Son simples factores incidentales relacionados con la predicación del Evangelio en el primer siglo.

Por otro lado, hay ciertos ejemplos en el Nuevo Testamento cuyo fin era el de servir de modelos a los cristianos de todos los tiempos. El poder determinar cuando algo es un ejemplo obligatorio y cuando es sólo un detalle incidental no es nada fácil. No obstante, se puede resolver el problema con simplemente buscar en tal o cual ejemplo un mandamiento básico de Dios, que dicho ejemplo busque demostrar. Si el ejemplo en cuestión es una clara e inequívoca demostración de alguna enseñanza básica o un mandamiento divino, se puede decir que se trata de un ejemplo obligatorio. Como ejemplo podemos citar que los viajes misioneros de Pablo están íntimamente ligados al mandamiento, como se registra en Mateo 28.19-20, de llevar el Evangelio a todo el mundo. Los cristianos del siglo veinte debemos estar activamente llevando el mensaje de Jesucristo a las comunidades en donde aún no se conoce. Dicho ejemplo sí es obligatorio para nosotros ahora.

También tenemos el ejemplo de la iglesia en Antioquía, que enviaba dádivas a los cristianos pobres de Judea; tal es un ejemplo que se debe seguir, debido a mandamientos tales como el que se encuentra en Gálatas 6.2: "Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". Cuando los cristianos de Judea se hallaban en necesidad, la iglesia de Siria sintió la responsabilidad de proveer ayuda. Así pues, hoy en día, debe ser constante preocupación de los cristianos el ayudar a otros cristianos que tienen necesidad.

Otro ejemplo es el que se encuentra en Hechos 20.7, cuando Pablo, Lucas y otros cristianos se reunieron para participar de la Cena del Señor el primer día de la semana. Sabemos que todo cristiano debe participar de la Cena del Señor; por ese ejemplo sabemos también cuándo lo debe hacer. En 1 Corintios 16.2 vemos que se les instruyó a los cristianos de Corinto que apartaran algo de sus bienes cada primer día de la semana. Ya que también se nos ha ordenado dar, el ejemplo de la iglesia de Corinto, que lo hacía el primer día de la semana, viene a ser modelo obligatorio para nosotros. Todos estos son ejemplos obligatorios debido al mandamiento básico que cada uno de ellos refleja.

¿Es bíblico que las iglesias cooperen?

Para tratar de contestar a esta pregunta comenzaré por hacer mención al énfasis general y enseñanzas del cristianismo orientados hacia el amor por los hermanos, la fraternidad, la fe común, los intereses mutuos, y la similitud de metas. El corazón mismo del cristianismo es el amor que, lejos de separar, une a la gente. El énfasis del cristianismo está firmemente a favor de derribar barreras y muros de separación, en pro de la unificación. Sólo por una necesidad geográfica existieron y existen diferentes congregaciones de la iglesia del Señor. En la contemplación de la importancia básica que le da el Nuevo Testamento a la hermandad, a la fraternidad, y a la unidad, es interesante notar la ausencia de cualquier evidencia de que la iglesia de Jerusalén, que debe haber tenido decenas de miles de miembros, la iglesia de Antioquía, que también debe haber sido bastante grande, estuvieran divididas en múltiples congregaciones independientes. Tal vez sí lo estaban, pero no hay ningún indicio de que así fuera. Pasajes tales como Hechos 11.27-30; 13.1 y 15.22, así como varios otros, implican unidad en vez de separación.

De estas características generales del cristianismo, nos vamos a la evidencia específica de que las congregaciones de la iglesia del Señor en tiempos apostólicos sí cooperaban unas con otras. La labor de la iglesia se puede dividir en tres categorías: (1) benevolencia, (2) evangelismo y (3) edificación. Creo que es posible demostrar con las Escrituras que las iglesias sí cooperaban entre sí en cada una de esas áreas.

En el área de la benevolencia notemos el pasaje en Hechos 11.27-30, que dice, "En aquellos días unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía..." Vemos en el precedente ejemplo, que los cristianos de Judea, estando necesitados, recibieron la ayuda de los de Antioquía. Si tal era responsabilidad de la iglesia en Jerusalén, entonces acudió ésta a la iglesia en Antioquía para que le ayudara a cumplir con esa obligación. Por otro lado, si los necesitados de Judea eran responsabilidad de Antioquía, entonces Antioquía utilizó a la iglesia de Jerusalén, por medio de sus ancianos, para enviar las dádivas. De cualquier forma, vemos que dos congregaciones cooperan en el asunto de proveer a los necesitados de Judea.

En el área del evangelismo, vemos que el apóstol Pablo y su colaborador Bernabé fueron enviados por la iglesia en Antioquía (Hechos 13.1-3). Tanto en el primero como en el segundo viaje, Pablo fue enviado por la iglesia en Antioquía y, posteriormente, se reportó a ésta. En el tercer viaje también fue enviado por la iglesia en Antioquía, sólo que esta vez no pudo regresar por haber sido arrestado en Jerusalén. Sin embargo, aunque la iglesia en Antioquía lo envió, e indudablemente contribuyó a su sostenimiento, sabemos de otras congregaciones en su ruta que también le ayudaron. En 2 Corintios 11.8,9, vemos que el apóstol Pablo escribe a los cristianos en Corinto, donde había laborado anteriormente: "He despojado a otras iglesias, recibiendo salario para serviros a vosotros. Y cuando estaba entre vosotros y tuve necesidad, a ninguno fui carga, pues lo que me faltaba, lo suplieron los hermanos que vinieron de Macedonia, y en todo me guardé y me guardaré de seros gravoso". Leemos también en Filipenses 4.15-16: "Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades". Es evidente que el apóstol Pablo recibió ayuda no sólo de la iglesia que lo envió, sino también de otras congregaciones intermedias. Esto se llama cooperación en la labor misionera.

Hace varios años escuché, durante dos horas, un domingo por la tarde, una discusión sobre el tema de la cooperación, y quedé algo sorprendido de oír a uno de mis hermanos argüir que, ya que en cada uno de los casos la iglesia de Macedonia le enviaba su aportación a Pablo por medio de un mensajero, este es un ejemplo obligatorio para los cristianos de hoy día. ¿Será que, debido a que no había en el primer siglo un sistema bancario, que no conocían la conveniencia de girar un cheque, y que no tenían un sistema seguro y confiable de enviar el dinero por correo, debemos aún mandar a un mensajero personal, como lo hacían ellos, cada vez que quisiéramos hacer un envío al evangelista? No creo que nadie se adhiera a tal creencia en estos días. De igual manera, la geografía misma del área del Mediterráneo pone en evidencia el porqué era factible para las iglesias de Macedonia enviar sus contribuciones directamente a los evangelistas. Desde luego que le tenían que enviar las dádivas directamente a Pablo, ya que se hallaban mucho más cerca de éste que lo que estaba la iglesia de Antioquía.

¿Se desprende de este caso que no es bíblico el cooperar con otras congregaciones para reunir fondos y enviarlos al evangelista? Yo pienso que no, debido al hecho de que el apóstol Pablo y varios compañeros de viaje suyos iban de congregación en congregación en Macedonia y Acaya, colectando fondos para los cristianos pobres de Judea. Dichos fondos eran sin duda reunidos y llevados por Pablo y sus acompañantes, de varias iglesias a una obra individual (1 Corintios 16.1-3; 2 Corintios 8 y 9).

En el área de la edificación, pienso que existe evidencia de que las iglesias gozaban de la asociación y la fraternidad. Es obvio que los evangelistas y maestros visitaban las congregaciones, una tras otra, tal como los predicadores de hoy lo hacen cuando conducen reuniones evangelísticas. También es bien claro que las iglesias se intercambiaban cartas, pues en Colosenses 4.16, se recomienda a la iglesia de que mantenga correspondencia con la iglesia de Laodicea.

Un ejemplo aun más concreto es el de la relación que existía entre las iglesias de Antioquía y Jerusalén. Se puede ver en Hechos 15, como los cristianos de Antioquía enviaron a Pablo y a Bernabé, así como a varios otros, a que indagaran en Jerusalén lo referente al requisito de la circuncisión que se quería implantar entre los gentiles. Es cierto que ese fue un caso especial, pues había que consultar a los apóstoles en Jerusalén, los cuales llegaron a un acuerdo; pero también hay que hacer notar, para ser fiel a las Escrituras, que los obispos de la iglesia de Jerusalén, y el grueso de la iglesia misma, participaron en el envío de la carta y los mensajeros a Antioquía. Nótese lo que dice Hechos 15.22: "Entonces pareció bien a los apóstoles y a los ancianos, con toda la iglesia, elegir de entre ellos varones y enviarlos a Antioquía con Pablo y Bernabé: a Judas que tenía por sobrenombre Barsabás, y a Silas, varones principales entre los hermanos". Hay que ver cómo la unidad en la enseñanza (la edificación) comprendía los obispos de Jerusalén, así como a "toda la iglesia".

Es aparente que las iglesias del primer siglo cooperaron en el campo de la benevolencia, el evangelismo y la edificación. Por lo tanto debemos emular el ejemplo hoy en día.

Con el mismo espíritu de cooperación, los obispos de la iglesia de Highland, en Abilene, Texas, han acudido a otras congregaciones para que colaboren en el programa de la predicación por radio y televisión, que abarca todo Estados Unidos y varios otros países. Gracias a esfuerzos como ese, el Evangelio de Cristo ha sido llevado a tres continentes y miles de almas han encontrado la salvación. En cada uno de estos casos, los obispos de la congregación (estructura orgánica que vino de Dios mismo) han iniciado una obra y, posteriormente, han invitado a otros a colaborar para aumentar la efectividad del proyecto. No ha habido coerción alguna y la autonomía de las congregaciones nunca ha corrido peligro. Se trata sencillamente de la cooperación dentro de la estructura divina de la organización eclesiástica, según el espíritu que se refleja en el Nuevo Testamento.

Hay labores demasiado extensas para que las ejecute una sola congregación. Tan cierto lo fue en el primer siglo, cuando la iglesia de Antioquía requirió ayuda para poder enviar a Pablo en sus viajes misioneros, como lo es en nuestro siglo. Como ejemplo citaré que la producción de programas para la televisión, uno de los medios más efectivos para difundir el mensaje en nuestros días, es una labor prohibitiva para una sola congregación. En cambio, siguiendo con el espíritu de cooperación y unidad que se encuentra presente en el Nuevo Testamento, es posible que varias congregaciones colaboren para alcanzar resultados impresionantes.

Con el mundo como está, ardiendo en pecado, es imperativo que los cristianos de todo el mundo apoyen los esfuerzos de todos los demás cristianos, con la oración y con todos los demás medios que van de acuerdo con las Escrituras. Cuando nos damos cuenta de que cada año hay más gente perdida que el anterior, reconocemos que la iglesia de nuestro tiempo no se limita innecesariamente, atando donde el Señor no lo hizo. Aunque reconocemos las limitaciones que la Palabra de Dios ha puesto a la iglesia y a cada cristiano, no podemos reconocer las limitaciones que quieren ponernos hombres de conciencia, pero equivocados, con el penoso resultado de poner trabas a la iglesia y limitar la efectividad del esfuerzo en la proclamación del mensaje. Si fueran estos asuntos de indiferencia, con gusto condescenderíamos a la conciencia de nuestros hermanos sinceros pero equivocados; pero debido a que tal diferencia significaría que el Evangelio se predicaría menos, que habría menos almas redimidas, no nos atrevemos a condescender a su conciencia más débil.

¿Puede la iglesia proveer para las necesidades de los que no son cristianos?

Hay quienes piensan que aunque los cristianos, como individuos, pueden proveer para las necesidades de personas no cristianas, no es bíblico que la iglesia sea benevolente excepto con aquellos que son miembros del cuerpo de Cristo. Se puede demostrar claramente que esta no es una enseñanza del Nuevo Testamento si se considera tanto la letra como el espíritu del mensaje de Dios. Por ejemplo, se puede ver que se favorece enfáticamente al hacer el bien a todos los hombres según el sermón del monte de nuestro Señor como se encuentra en Mateo 5.46-47: "Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? Y si saludáis a vuestros hermanos solamente, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen también así los gentiles?".

También se ve que Cristo obró sus milagros tanto en los justos como en los injustos. No hay ninguna indicación de que haya hecho discriminación entre fieles e infieles para curarlos. María Magdalena fue una persona de quien Cristo sacó fuera demonios, lo cual indica que en aquel tiempo ella no era bien recibida dentro de la comunidad judía. Ademas Cristo sanó al siervo de un centurión romano, o sea un gentil, según Lucas capítulo siete.

En el décimo capítulo de Lucas, leemos la historia del buen samaritano, como ilustración para un joven abogado que conversaba con Cristo. Aquel joven citó el mandamiento que se encuentra en el Antiguo Testamento: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Levítico 19.18). Luego él preguntó, "¿Y quién es mi prójimo?" (Lucas 10.29). En respuesta a la pregunta Jesús contó la historia del buen samaritano, la cual describe a un sacerdote judío y un levita que pasaron de largo ante un hombre que estaba tirado en la carretera, después de haber sido herido por unos ladrones; mientras que un extranjero que también pasaba, se apiadó de él y le prestó auxilio. Luego Cristo señaló la lección de la historia, mostrando que el samaritano, aunque era un extranjero, fue el verdadero prójimo. Cristo dio su aprobación al samaritano, el cual pudo romper las barreras raciales y religiosas para realizar su acción benevolente.

Posiblemente lo más convincente de todo es una declaración explícita del apóstol Pablo concerniente a este asunto, siendo guiado por el Espíritu Santo, después que la iglesia había sido establecida formalmente. Gálatas 6.10 dice: "Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe". Este pasaje debería poner en claro este asunto de una vez por todas, sin embargo hay algunos que dicen que este mandamiento directo aplica únicamente al cristiano individualmente y no a la iglesia. Tal interpretación parece estar muy fuera de lugar ya que la epístola a los Gálatas fue escrita de "Pablo, apóstol... y todos los hermanos que están conmigo, a las iglesias de Galacia" (Gálatas 1.1-2). Esta carta fue escrita a las iglesias, y este hecho es enfatizado en Gálatas 1.11; 3.15; 4.12; 5.13; y 6.1, donde se emplea la palabra "hermanos". Esta palabra implica un grupo antes bien que una responsabilidad individual.

También debe tomarse en cuenta que en el mismo párrafo en que hallamos Gálatas 6.10, también encontramos Gálatas 6.6, que dice: "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye". Se acepta universalmente que el derecho de la congregación es pagar de su tesoro al predicador y no requerir que él mismo ande buscando cómo recibir su salario de individuos. Podemos determinar que si Gálatas 6.6 enseña que el salario del predicador viene de la iglesia como grupo, entonces, obviamente vemos que para cumplir Gálatas 6.10 tenemos que tomar del tesoro de la iglesia.

¿Qué es lo que la Biblia enseña en cuanto a la preocupación

por los huérfanos, viudas y otros en necesidad?

Comencemos viendo el hecho que Dios ha establecido tres instituciones: el hogar (Génesis 1-3), el estado (Romanos 13) y la iglesia (Efesios 3.9 y sig.). Cada una de estas tres instituciones es autorizada divinamente. En este estudio vamos a considerar a la iglesia y el hogar y sus relaciones entre sí. Generalmente se acepta que la responsabilidad principal para el apoyo del hogar reside en los padres. También se acepta generalmente el hecho que cuando la tragedia visita al hogar cristiano, la iglesia tiene una responsabilidad secundaria en proveer sostenimiento para ese hogar cristiano.

Como un ejemplo, sencillamente podemos mencionar el caso de un padre cristiano que se enferma y que entonces no puede ganar el pan para su familia. En tales circunstancias, si los recursos de la familia están agotados, la iglesia tendría la obligación de ayudar a tal hogar en sus gastos. Es precisamente en este contexto en el cual, nosotros creemos, la iglesia tiene la obligación de cuidar de las viudas y los huérfanos.

La declaración más directa en cuanto a la obligación cristiana de preocuparse por hogares en crisis se encuentra en Santiago 1.27: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo".

La palabra griega traducida como "visitar" quiere decir visitar para confortar y aliviar, como en el caso de Mateo 25.36, 43 y Santiago 1.27. El Léxico Griego de Thayer dice: "Cuidar, inspeccionar, examinar con los ojos, para ver como es él, es decir, visitar, ir a ver a alguien... al pobre y el afligido (Santiago 1.27); el enfermo (Mateo 25.36,43)". El huérfano es aquel abandonado por sus padres, ya sea por alejamiento, muerte o cualquier otra circunstancia.

Aunque el léxico mencionado arriba hace referencia a Mateo 25, mientras comenta sobre Santiago 1.27, es conveniente citar tal pasaje. "Entonces dirá también a los de la izquierda: Apartaos de mí, malditos, al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber; fui forastero, y no me recogisteis; estuve desnudo, y no me cubristeis; enfermo, y en la cárcel, y no me visitasteis. Entonces también ellos le responderán diciendo: Señor, ¿ cuándo te vimos hambriento, sediento, forastero, desnudo, enfermo, o en la cárcel, y no te servimos? Entonces les responderá diciendo: De cierto os digo que en cuanto no lo hicisteis a uno de estos más pequeños, tampoco a mí lo hicisteis. E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna" (Mateo 25.41-46).

Al considerar la obligación que se menciona en Santiago 1.27 de cuidar a los huérfanos, la hermandad en general ha reconocido que este es un mandamiento genérico, en el cual el Señor no especificó los medios o métodos de cumplir este mandamiento. Si existe algún medio o método de cuidar a los huérfanos en el Nuevo Testamento, ninguno ha sido hallado hasta ahora. En vista de esto, los cristianos han tenido que usar su propio juicio para cumplir esta obligación dada por Dios. Estoy enterado de por lo menos seis diferentes maneras en que hermanos conscientes han cumplido con esta responsabilidad. Han cuidado de los huérfanos en (1) hogares privados sin ayuda externa; (2) hogares privados con la ayuda de otras personas; (3) hogares privados con la ayuda de la iglesia; (4) casas provistas por la iglesia para los huérfanos y las viudas; (5) orfanatos bajo la dirección de los ancianos; y (6) orfanatos bajo la dirección de un grupo de hermanos cristianos.

Ahora conviene mencionar que aunque generalmente se considera que es mejor que el niño sea dado a un hogar cristiano, que sea educado por esa familia e inclusive que sea adoptado por la misma, esto no siempre es posible. Bajo ciertas circunstancias, este método del hogar privado para cuidar de los huérfanos no es accesible o no es legal. Por ejemplo, ha habido casos en que varios niños en una familia se quedan sin padres y no es posible encontrar un hogar que cuide de ellos. En vez de separarlos, es mucho más favorable ponerlos en un hogar para grupos. A veces los niños necesitan un hogar solamente por tiempo limitado, hasta que sus propios padres, o uno de ellos, pueda restablecer el hogar original. En tales casos, el hogar para grupos es la mejor solución. Hay otros casos en que los niños, por causa de defectos físicos o mentales no son bien recibidos en los hogares privados. Niños tullidos, con ojos estrábicos o enfermedades mentales no son seleccionados ni aun por familias cristianas. En otras situaciones, por causa de limitaciones legales u obligaciones en la corte, hay niños que necesitan un hogar, pero no pueden ser llevados a hogares privados. En todos estos casos, y en otros que pudiera mencionarse, alguna clase de hogares para grupos deben estar disponible. Parece que Dios, en su infinita sabiduría supo que ningún método de cuidar a los huérfanos podría ser adecuado para cubrir todas las circunstancias y todas las necesidades, así que dejó lo específico del cuidado de los huérfanos a cristianos sinceros y sabios de todos los tiempos. Y mientras Dios no nos diga cómo hemos de cuidar a los huérfanos, tendremos que usar nuestro propio juicio. Creemos que esto es lo que él quiere.

Objeción Número Uno

Ciertas objeciones han sido presentadas ante esta posición. Algunos han considerado que un orfanato es equivalente a una sociedad misionera y por lo tanto está errado. Sin embargo, igualar un orfanato a una sociedad misionera, echando ambas fuera, es un serio error. La sociedad misionera es una institución separada hecha por el hombre que sustituye a la iglesia en el campo del evangelismo. Se apodera de la obra de la iglesia y tiende a dominarla. Es un rival innecesario de la organización asignada por Cristo para llevar a cabo el evangelismo. En la obra de evangelismo hay tres responsabilidades principales: la selección, el envío y el sostenimiento de misioneros. La iglesia es capaz de hacer todo esto dentro de su propio marco de organización. No necesita a una sociedad misionera para cumplir con estas responsabilidades. Es erróneo y pecaminoso que los ancianos de las congregaciones totalmente capaces de realizar esta obra la transfieran a una sociedad misionera.

Por otro lado, cuando tomamos en cuenta el área de la benevolencia y afrontamos la responsabilidad del cuidado de los huérfanos, no es posible que la iglesia dentro de su propio marco de organización pueda ofrecer el cuidado que es necesario. En cada caso que se considera a los huérfanos, un hogar tiene que estar disponible. Dentro del mismo marco de la iglesia no existen medios para proveer alimentación, ropa y otras necesidades que los huérfanos tienen. La institución de Dios para cuidar de los niños es el hogar, no la iglesia. La casa del huérfano, ya sea un hogar particular o un local más grande para el cuidado de niños, es sencillamente un sustituto del hogar original que ha sido destruido. Hay que recordar que Dios instituyó tanto el hogar como la iglesia. Hay que recordar que la familia es la que tiene la obligación principal de sostener al hogar. Pero también hay que recordar que cuando los padres no cuentan con las posibilidades de mantener el hogar, entonces la iglesia ha de tomar esta responsabilidad.

En este contraste, entre el orfanato y la sociedad misionera, nótese que el hogar es sencillamente una sustitución del hogar original que el niño tenía cuando vino al mundo. Nótese también que el hogar es una institución divina, establecida por Dios. Por otro lado, la sociedad misionera es una institución originada por hombres, es rival de la iglesia, y es innecesaria. La sociedad misionera tiene otras desventajas, tal como la de dominar a las iglesia, yendo en la dirección de hacerse una super-estructura, vinculando a varias congregaciones dentro de un marco de organización. Por esta y otras razones, la sociedad misionera está en error. Por otro lado, la sustitución de un hogar destrozado por otro (un orfanato) está en lo correcto y es algo necesario.

Objeción Número Dos

Hay quienes insisten en que un cristiano por sí solo puede contribuir a un orfanato pero la congregación no puede hacer tal cosa con los fondos de la iglesia. De nuevo se hace una referencia a Santiago 1.27, que deja en manos de los cristianos la responsabilidad de cuidar a las viudas y los huérfanos. Este pasaje explica lo que debe hacerse. En 1 Timoteo 5 se dice cómo debe hacerse esta obra. El pasaje en Santiago vincula a las viudas con los huérfanos como una responsabilidad común de los cristianos. El pasaje de Timoteo habla de las viuda únicamente, pero el pasaje aplica a los huérfanos también. Nótese las declaraciones de Pablo: "Honra a las viudas que en verdad lo son. Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan éstos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios" (1 Timoteo 5.3-4). El principio establecido aquí es que cuando hay personas en la familia que están en necesidad, los otros miembros de la familia tienen la responsabilidad principal de proveer la ayuda, si están capacitados para hacerlo.

Continuamos leyendo: "Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo. Sea puesta en la lista sólo la viuda no menor de sesenta años..." (1 Timoteo 5.8-9). Continuando el énfasis previo en cuanto a la responsabilidad de la familia, este pasaje indica que en el caso de aquellos que no tienen familiares que puedan ayudarles, es correcto que sean "puestas en la lista", lo cual significa que la iglesia se hará responsable de ellos. Finalmente, esto es resumido en 1 Timoteo 5.16: "Si algún creyente o alguna creyente tiene viudas, que las mantenga, y no sea gravada la iglesia, a fin de que haya lo suficiente para las que en verdad son viudas". Esto enseña claramente que las viudas que no cuentan con ninguna otra fuente para mantenerlas tienen que ser una carga para la iglesia. Santiago nos dice qué es lo que tenemos que hacer; Pablo indica quién debe hacerlo. Puede decirse que los huérfanos, por la misma naturaleza del caso, no tienen padres que puedan cuidar de ellos, por lo tanto deben quedar bajo el cuidado de la iglesia.

Algunos de los que se oponen energéticamente a los orfanatos, considerando que éstos son similares a las sociedades misioneras, sostienen que el cristiano, individualmente, puede sostener un hogar para huérfanos. Esto parece ser algo inconsistente porque si un orfanato fuera como una sociedad misionera ni un solo cristiano podría sostenerlo individualmente. De igual manera, algunos que igualan la sociedad misionera al orfanato sostienen el punto de vista que es permitido que una iglesia use los servicios de un orfanatorio, pagando por el cuidado de un niño individual, como uno pagaría por una persona hospedada en un hotel. Esto es también una inconsistencia, porque si un orfanato es como una sociedad misionera, sería erróneo que una iglesia pagara por los servicios de un orfanato, de igual manera que es erróneo que la iglesia pague por los servicios de una sociedad misionera. La verdad es que un orfanato y una sociedad misionera no tienen nada en común.

Objeción Número Tres

Hay quienes se oponen a los orfanatos porque estos tienen que ser legalizados ante el gobierno. En esta manera, arguyen, se hace una institución y el institucionalismo es erróneo. Mi pregunta es esta: "¿Existe algún hogar hoy que no sea legalizado por el estado?" Según parece, cuando una pareja se casa, según el acta de matrimonio, se establece una unión reconocida delante de las autoridades. En muchos lugares es obligatorio que la iglesia tenga representantes o sea personalidad jurídica para comprar y poseer una propiedad. Sabemos que tales representantes no son parte de la organización de Dios para la iglesia como es revelada en el Nuevo Testamento, pero si hay algún gobierno bajo el cual se exige que los ancianos de la iglesia sean nombrados como representantes, no hay nada erróneo en esto. Para cumplir con las leyes del estado, la iglesia nombra su personalidad jurídica para firmar documentos de propiedad. ¿Quiere esto decir que la iglesia es alguna clase especial de institución que es errónea? Pensamos que no, porque el gobierno exige el nombramiento de directiva jurídica. De igual manera, cuando el estado requiere que el orfanato sea legalizado ante el gobierno, tal medida no afecta materialmente a esta situación.

Aquellos que se oponen a los hogares para huérfanos que están bajo la supervisión de un grupo de cristianos, no se dan cuenta que estos hermanos realmente actúan en sustitución de los padres de los huérfanos. Cuando los padres ya no pueden hacerse cargo de estos niños, estos cristianos vienen a tomar el lugar de los padres verdaderos. Los que están a cargo de los orfanatos solicitan la ayuda de otros para proveer el cuidado que les falta a estos niños. Este procedimiento es muy semejante a la situación que uno encuentra en el programa de enseñanza bíblica de la iglesia local. Los ancianos tienen la obligación de enseñar, pero lo hacen a través de los evangelistas y otros maestros. Los ancianos están a cargo de las almas, pero delegan parte de esta función a otros en la iglesia. Asimismo, los que dirigen un orfanato pueden usar otros medios (tales como individuos) para llevar a cabo las diversas tareas de un orfanatorio. Pueden tener a alguien como enfermera, alguien en la cocina, etc., según diversas funciones.

En relación a esto, es interesante leer Efesios 4.28, que dice: "El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad". Nótese especialmente la frase "haciendo con sus manos lo que es bueno". Si paso por el lado de un jardín y veo a un hombre trabajando con un azadón, ¿tendría yo razón en decir que lo que él está haciendo no va de acuerdo a las Escrituras? Si yo reprendiera a tal hombre diciéndole que no está trabajando "con sus manos" sino con "un azadón", el pensaría que estoy loco. Aunque está trabajando con un azadón, también está trabajando con sus manos. De igual manera, los ancianos están realmente "enseñando" cuando emplean a un predicador o cualquier otro maestro para las clases bíblicas. Asimismo, los que están a cargo de los orfanatos sirven como padres cuando emplean mayordomos, cocineros, jardineros, etc. Esto es sencillamente un asunto de medios, el cual es aceptado entre los hermanos de otros lugares.

¿Qué cosa puede un cristiano individual hacer con su dinero que

la iglesia no pueda hacer con sus fondos?

Existe una creencia popular entre las iglesias de que hay ciertas cosas que el individuo puede hacer pero que la iglesia no puede hacer. Para determinar la voluntad del Señor en este asunto, quisiera decir antes que nada que las Escrituras no contienen mandamientos, ni instrucciones respecto al tesoro o fondos de la iglesia. De todas maneras, hay ciertas indicaciones de que al menos usas iglesias sí contaban con un tesoro común.

Inmediatamente después de que la iglesia fue establecida, encontramos esta condición: "Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todos las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno" (Hechos 2.44-45). La misma situación se reporta más adelante: "Y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma; y ninguno decía ser suyo propio nada de lo que poseía, sino que tenían todas las cosas en común... Así que no había entre ellos ningún necesitado; porque todos los que poseían heredades o casas, loas vendían, y traían el precio de lo vendido, y lo ponían a los pies de los apóstoles; y se repartía a cada uno según su necesidad" (Hechos 4:32,34-35).

En Hechos 5 encontramos a Ananías y Safira que mienten al Espíritu Santo mientras presentaban a la iglesia sólo una parte del dinero que adquirieron al vender un terreno. En Hechos 6.1 encontramos que una de las primeras crisis de la iglesia vino a consecuencia de que, al distribuir las provisiones diarias, dejaron en el olvido a las viudas de unos griegos cristianos. Según estos y otros pasajes, es evidente que la iglesia de Jerusalén contaba con un tesoro común, del cual se hacían gastos para aquellos que tenían necesidades.

En Hechos 11.27-30, encontramos al profeta Agabo profetizando una gran hambre que afectaría a los hermanos de Judea. Los cristianos de Antioquía estaban preocupados y respondieron de la siguiente manera: "Entonces los discípulos, cada uno conforme a lo que tenía, determinaron enviar socorro a los hermanos que habitaban en Judea; lo cual en efecto hicieron, enviándolo a los ancianos por mano de Bernabé y de Saulo" (Hechos 11.29-30). Según parece, los cristianos individuales de Antioquía combinaron sus recursos para enviar "una ofrenda" y así ayudar a los necesitados de Judea.

Ahora pasamos a 1 Corintios 16.1-4, donde leemos: "En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. Y cuando haya llegado, a quienes hubiereis designado por carta, a éstos enviaré para que lleven vuestro donativo a Jerusalén. Y si fuere propio que yo también vaya, irán conmigo".

2 Corintios 8 y 9 dan más luz sobre este asunto. El apóstol Pablo estaba reuniendo fondos de las iglesias en Macedonia y Acaya, los cuales serían llevados a Judea para aliviar a aquellos que estaban en necesidad. En relación a esto Pablo escribió: "Por tanto, tuve por necesario exhortar a los hermanos que fuesen primero a vosotros y preparasen primero vuestra generosidad antes prometida, para que esté lista como de generosidad, y no como de exigencia nuestra. Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre" (2 Corintios 9.5-7).

En Romanos 15.25-26 encontramos otra confirmación más de la colección de fondos que Pablo estaba haciendo: "Mas ahora voy a Jerusalén para ministrar a los santos. Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén". Según todos estos pasajes, se ve que las iglesias hacían colectas de fondos para propósitos específicos.

La segunda observación que quiero hacer para contestar la pregunta anterior es que el Nuevo Testamento enseña claramente que los cristianos son mayordomos de la gracia de Dios, y que deben usar todos sus recursos en una manera que agrade a Dios. Pasajes tales como Mateo 25.14-30 hablan de los talentos que reciben los hombres para usarlos en favor de su señor y dar cuenta más tarde por los mismos. Este y muchos otros pasajes indican claramente que el hombre es sencillamente un administrador de Dios y que un día tiene que entregar cuentas de las posesiones que Dios ha dejado a su cuidado. 1 Corintios 4.2 dice así: "Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel". Esta es la enseñanza principal del Nuevo Testamento en cuanto a las posesiones materiales. En última instancia todo pertenece a Dios; el hombre se sirve de algo de las posesiones de Dios por un tiempo en la tierra. Su destino eterno depende, en gran parte, del uso que haya hecho de las posesiones materiales que el hayan sido dadas en este mundo.

Una observación más debe hacerse en relación a esta misma cuestión, la cual es que la iglesia es la gente que es salva. La iglesia no es principalmente una organización sino un grupo de gente que reconoce la autoridad de Cristo y obedece a sus mandamientos. La palabra iglesia viene del griego que quiere decir "ecclesía", lo cual significa "los llamados fuera". Los cristianos son gente llamada fuera del mundo para Cristo. En el día de Pentecostés: "Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas... Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2.41,47).

La iglesia es la gente y los cristianos son la iglesia de todos los tiempos. A la media noche, al amanecer, dondequiera que estén, los cristianos constituyen la iglesia del Señor. Dondequiera que están y bajo cualquier circunstancia, los cristianos han de considerarse a sí mismos como miembros de la iglesia. Los cristianos son la iglesia, ya sea en el hogar, en el negocio o en la asamblea para la adoración. Esto es claro en Hechos 8.3, "Y Saulo asolaba la iglesia, y entrando casa por casa, arrastraba a hombres y a mujeres, y los entregaba en la cárcel". Este pasaje describe a hombres y mujeres dentro de las casas como "la iglesia". Se ha hecho un esfuerzo equivocado de trazar una línea entre los cristianos mientras están en la asamblea pública, funcionando como la iglesia, y cuando están en sus hogares o en sus trabajos. Tal división no se encuentra en las Escrituras. Los cristianos son cristianos dondequiera que se encuentren.

Es verdad que los cristianos tienen ciertas responsabilidades personales, tal como proveer ropa, comida, techo, recreación y otras necesidades rutinarias de la vida para sus propias familias. La responsabilidad primaria en tales casos reside en el hogar, pero puede decirse que si alguna emergencia altera el funcionamiento del hogar, la iglesia puede proveer tales cosas como las indicadas para la familia. La iglesia tiene una responsabilidad secundaria de ayudar a los que estén en necesidad. Excepto en casos de emergencia o necesidad, la provisión de tales casos es una responsabilidad del hogar.

De igual manera, los cristianos tienen responsabilidades para con el gobierno, jefes, amigos, la comunidad y otros. Esto quiere decir que el cristiano puede usar algo de sus fondos para cumplir con las obligaciones que estas relaciones implican. Si tiene sus intereses puestos en el mantenimiento de la buena salud, puede contribuir, por ejemplo, para una Cruzada Contra la Tuberculosis. Estas responsabilidades personales no podrían ser las responsabilidades de la iglesia como congregación.

En vista de todo lo que se ha considerado hasta este punto, es posible declarar lo que yo creo que es un principio general: Cualquier "buena obra" que un individuo, como cristiano, tiene la obligación de sostener financieramente, la iglesia tiene la obligación también de sostener financieramente. Mucho se ha hablado acerca de lo que un individuo puede hacer en sostener buenas obras y lo que la iglesia no puede hacer en sostener tales obras. Esa distinción no existe en las Escrituras. Si es una buena obra, que el Señor quiere que se realice, la obligación recae igualmente sobre individuos y sobre la iglesia, porque los individuos son la iglesia.

¿Qué es lo que la iglesia puede hacer con sus fondos?

En la mayoría, si no en todos los pasajes mencionados anteriormente, en relación al tesoro de la iglesia, los fondos fueron reunidos para la benevolencia únicamente. Sin embargo, a través de los siglos, los hermanos han pensado que como esta es una manera sabia de hacerse cargo de las necesidades, también es bíblico y un buen modo de hacerse cargo de otras necesidades de la iglesia en los campos de evangelismo y edificación.

Parece raro que haya quienes estén listos para decirnos qué es lo que puede hacerse o no puede hacerse con los fondos en vista de que las Escrituras no dan instrucciones o mandamientos concernientes al tesoro. ¿Dónde está el mandamiento, ejemplo apostólico o inferencia necesaria de lo cual uno puede deducir que el tesoro de la iglesia puede usarse para esto o aquello y no para eso y lo otro? Esta situación es muy similar a los edificios de iglesia que ni siguiera se mencionan en el Nuevo Testamento. Sin embargo hay quienes están dispuestos a hacer declaraciones dogmáticas acerca de lo que puede hacerse o no puede hacerse en el edificio de la iglesia. En vista de que las Escrituras no incluyen instrucciones acerca de los fondos de la iglesia o edificios para iglesias, ¿no es acaso un tanto atrevido hablar tan dogmáticamente de los usos para ambos?

Una lectura cuidadosa de todo el Nuevo Testamento nos hace llegar a la conclusión de que el tesoro de la iglesia puede usarse para cualquier propósito que va de acuerdo a la función de la iglesia y que va de acuerdo a los principios bíblicos. Ahora bien, examinemos este principio general, tomando en cuenta las obras específicas que la iglesia puede realizar, principalmente la benevolencia, el evangelismo y la edificación.

La benevolencia es sencillamente cuidar de las viudas, huérfanos, ancianos, enfermos y otros que estén en necesidad. Como Dios no ha especificado el método, tenemos que usar nuestro buen juicio en el cuidado de aquellos que estén en necesidad. Esto ya lo hemos discutido. La iglesia puede proveer para los enfermos en varias maneras. El dar dinero puede ser la manera más apropiada bajo ciertas circunstancias. Pagar una cuenta de hospital puede ser a veces el mejor método. Si no hubiera hospitales u otros medios para cuidar a los enfermos, entonces la iglesia estaría obligada a establecer algún medio para cumplir con la responsabilidad que Dios nos ha dado de cuidar a los enfermos.

Ese es precisamente el caso de la misión Nowhe en Sur Africa. Había muchos que estaban en necesidad de asistencia médica, pero no había servicios disponibles. Tomando en cuenta el mandamiento de cuidar a los enfermos (Mateo 25.31-46) los hermanos hicieron arreglos para establecer una clínica donde pudiera darse ayuda cristiana a los que tienen necesidad de atención médica.

El evangelismo incluye la predicación del Evangelio, tanto en el área local como en el extranjero, con todo medio efectivo. La iglesia puede, por ejemplo, comprar tiempo en la radio, pero si no hay estaciones de radio cercanas, la iglesia puede establecer y operar una radiodifusora propia. De igual manera, la iglesia puede comprar materiales impresos de una empresa particular o puede establecer y operar su propia imprenta. Queda bajo el juicio de los ancianos determinar qué métodos son los más apropiados para proclamar el Evangelio.

La edificación implica la enseñanza y el fortalecimiento de los miembros de la iglesia hasta que alcancen la madurez. Esto requiere edificios y equipos para acondicionar el ambiente. También implica que se empleen a predicadores, secretarias, maestros y otros trabajadores. Inclusive la obtención de una casa para el predicador es algo bíblico cuando ésta es necesaria. En el caso de la transportación, también puede proveerse si es necesaria. Este puede tomar varias formas. Por ejemplo un autobús puede ser rentado o comprado según sea la decisión de los ancianos. Puede construirse estacionamientos de automóviles para los cristianos que asistan a las reuniones de adoración.

En pocas palabras, los fondos del tesoro común de la iglesia pueden ser empleados para cualquier cosa que realiza un propósito o función de la iglesia (benevolencia, evangelismo, o edificación) que sea de acuerdo a las Escrituras. El asunto principal es: "¿Servirá este gasto para el avance de la causa de Cristo? ¿Va de acuerdo con otros principios de las Escrituras?" Si es una buena obra que Dios quiere que se haga, la iglesia puede realizarla.

¿Qué puede decirse en cuanto a la iglesia que contribuye para escuelas cristianas?

En punto, por lógica, para comenzar a responder a esta pregunta es dar reconocimiento a la obligación de parte de Dios que tenemos de instruir a la juventud. Esta obligación recae en parte en el hogar y en parte en la iglesia. Efesios 6.4 dice: "Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor". Esto pone la responsabilidad sobre los padres en el hogar. El hecho que la iglesia debe de tener ancianos y maestros, hace que la responsabilidad de instruir y alimentar espiritualmente al joven recaiga sobre la iglesia. Ambas instituciones de Dios tienen la responsabilidad de participar en este programa de enseñanza.

Hay varias maneras de cumplir con esta responsabilidad. Por ejemplo, las familias pueden tener periodos de estudio bíblico en el hogar. Esta ha sido una experiencia altamente significativa para miles de familias cristianas, aunque la vida tan agitada del siglo veinte ha hecho esto muy difícil. Otro medio de instruir al joven es por medio de tener periodos de adoración en la congregación local. Otro método más son las clases bíblicas de la iglesia. Otro método más todavía podría llamarse el discipulado, con el cual un predicador joven viaja con un predicador de más edad, el cual sirve como su maestro, tal como lo hizo Timoteo, Tito, Lucas y otros que seguían al apóstol Pablo.

Otro medio para ofrecer la enseñanza que se necesita para la juventud es la escuela cristiana. Según mi juicio, esta es una manera muy refinada de proveer la instrucción religiosa que se necesita porque una escuela provee un ambiente totalmente controlado, una asociación con otros jóvenes cristianos durante la formación del carácter, y la ventaja de contar con maestros cristianos para todas las materias. En el siglo veinte, una edad en que los jóvenes tienen que tener tantos conocimientos para afrontar la vida y ganar un salario respetable, es casi imperativo que la instrucción religiosa encuentre un lugar dentro del programa general de instrucción del que el joven cristiano se hace parte. En las escuelas cristianas el énfasis religioso es primordial, pero los estudiantes también necesitan instrucción secular adecuada para el mundo moderno.

Sería conveniente detenerse en este punto y preguntar: "¿Qué es una escuela cristiana?" La respuesta es muy sencilla. Es un grupo de cristianos que están dedicados y adiestrados para la tarea de instruir al joven a ser cristianos activos y responsables, totalmente equipados para confrontar las demandas de la vida y asumir posiciones importantes dentro de la iglesia del Señor. En 1 Corintios 14.40, el apóstol Pablo escribió: "Pero hágase todo decentemente y con orden". Bajo la autoridad de este principio, la escuela (colegio o universidad) cristiana es una manera decente y ordenada de hacer una obra que Dios quiere que se haga - instruir al joven. El estado requiere que tal programa sea legalizado (de la misma manera requiere que el matrimonio sea reconocido, y de la misma manera que requiere que una personalidad jurídica sea establecida para la posesión de una propiedad).

Generalmente se acepta entre los hermanos que la iglesia debe pagar los gastos de jóvenes de las escuelas cristianas, cuando sus familias no están en la capacidad de hacer estos gastos. Esto es sencillamente pagar por los servicios de una escuela. Es importante notar que este uso de los servicios de las escuelas cristianas presupone que alguien ha dado los fondos necesarios para iniciar y mantener la escuela. Pagar por la colegiatura no incluye los gastos de operación, mucho menos lo que cuesta el edificio y su equipo. Si se necesitan escuelas cristianas y pueden ser empleadas por la iglesia para educar al joven, ¿no implica esto que la iglesia ha de tener una responsabilidad en establecer tales escuelas y ponerlas a la disposición de la juventud que las necesita? Si las escuelas cristianas son necesarias para educar a los líderes de la iglesia, ¿no implica esto que la iglesia necesita ayuda para establecer escuelas que provean tal educación?

David Lipscomb y James A. Harding, al establecer la Escuela Bíblica de Nashville en 1891, tenían esto en mente porque solicitaron fondos de las congregaciones de Tennessee y otros estados. Estas contribuciones fueron el medio para iniciar esta escuela cristiana, que tiene como requisito enseñar la Biblia a cada estudiante, junto con otras materias que son necesarias para preparar a los jóvenes para la vida. Esta es una posición honorable, establecida por nuestros hermanos, aunque en años recientes haya sido olvidada por muchos. No veo ninguna razón para abandonar el terreno sólido de esta posición histórica.

Uno podría hacer la siguiente pregunta: "¿Podría ser bíblico que una iglesia pague por instrucción bíblica en una escuela cristiana?" La respuesta puede verse más claramente si imaginamos a una universidad estatal haciendo la siguiente proposición a los ancianos de alguna congregación: "Queremos invitarles a que nos proporcionen un maestro de Biblia para nuestra universidad. Nosotros proporcionaremos la clase, el salón de clase, crédito por el curso; su responsabilidad será sencillamente proveer un maestro bien preparado que enseñe la Biblia sin ninguna limitación impuesta sobre el mismo". ¿Acaso no aceptarían los ancianos de cualquier iglesia tal oportunidad? Esta será una oportunidad muy especial de enseñar la Biblia a los jóvenes. Ciertamente la iglesia estaría dispuesta a pagar el salario de tal maestro para que pueda aprovechar tan buena oportunidad. De paso, esto nos recuerda la situación en Efeso, en la cual Pablo enseñaba cada día en la escuela de uno llamado Tiranno. Aunque es muy poco lo que sabemos acerca de esta escuela, era indudablemente una escuela de filosofía, en la cual Pablo estuvo presente, porque fue una buena oportunidad para él de hablar de Cristo a los oyentes interesados. ¿No sugiere esta ilustración que sería completamente aceptable que la iglesia provea los fondos necesarios para enseñar la Biblia en una escuela cristiana?

A veces se presenta la siguiente objeción: "Considero que es correcto que la iglesia contribuya para la educación espiritual de los jóvenes, pero las escuelas cristianas también ofrecen juegos, deportes y otras cosas seculares, las cuales creo que la iglesia no debe sostener". En este punto, podemos preguntar: "¿Qué es lo que el futuro predicador, maestro o cualquier cristiano necesita en su programa de educación?" ¿Necesita instrucción espiritual únicamente? La respuesta sería un rotundo no, porque el futuro ministro necesita estudiar la lengua española y la historia; de igual manera que necesita la educación física para que tenga buena salud. En pocas palabras, el estudiante es una personal total, y con el fin de prepararlo espiritualmente, no pueden dejarse a un lado otros elementos de su personalidad.

Esto puede compararse con la situación del edificio de la iglesia. Aunque el edificio de la iglesia existe para fines espirituales, es completamente legítimo incluir bancas, fuentes, baños y otros equipos materiales. Con el fin de que los propósitos espirituales no se pierdan, se ha de hacer una provisión para las necesidades físicas de la gente. Lo mismo ocurre con la educación de nuestros jóvenes en la escuela. La escuela cristiana no solamente provee instrucción espiritual sino también otra enseñanza que se hace necesaria para formar a líderes cristianos que un día serán ancianos, diáconos, maestros y predicadores.

En alguna parte de esta discusión ha de tomarse en cuenta que dondequiera que las escuelas han educado a un buen número de jóvenes, la iglesia ha gozado de prosperidad. Esto es obvio, por ejemplo en los estados de Texas y Tennessee de los Estados Unidos. En New England, donde no hay escuelas cristianas, se reportó hace un tiempo que había solamente treinta y siete congregaciones en un área con una población de treinta y siete millones de personas. En Nashville, Tennessee, con sus ciento quince congregaciones entre una población de más de medio millón de habitantes, la escuela cristiana ha funcionado activamente por casi noventa años. Realmente la iglesia ha dependido de estas escuelas por muchos años para la preparación de predicadores, ancianos, maestros, etc. ¿No es acaso correcto que la iglesia provea fondos para la educación de sus propios líderes?

Algunos que están de acuerdo en que la iglesia puede contribuir para un orfanato no pueden convencerse de que la iglesia pueda contribuir para una escuela cristiana. Es difícil ver una diferencia significante en cuanto a principios. O el orfanato y la escuela cristiana se mantienen firmes o ambos caen.

Si las iglesias no sostienen a las escuelas, dos cosas pueden ocurrir. Una posibilidad definitiva es que las escuelas dejarán de existir. Si la iglesia no sostiene a las escuelas cristianas, la segunda alternativa es que las escuelas buscarán a otros como fuente de su sostenimiento. Cuando éstas buscan en el mundo de los negocios casi todo su sostenimiento económico, se hace inevitable que los propósitos cristianos para los cuales las escuelas fueron establecidas sean olvidados. Existe un principio tan real como la noche sigue al día que aquel que paga por algo es quien toma el control y determina su curso de acción. Como el hombre de negocios no tiene en mente el mismo concepto cristiano que nosotros tenemos en cuanto a la educación de nuestros jóvenes, es evidente que si él proporciona el dinero para mantener a nuestras escuelas, sus propósitos serán diferentes de los nuestros. Mi convicción es que las escuelas necesitan depender de las iglesias para su subsistencia para que las escuelas permanezcan fieles a los principios que la Biblia enseña.

Anteriormente hice mención de que el tesoro de la iglesia puede usarse para cualquier cosa que realiza un propósito o función de la iglesia y que esté de acuerdo con los principios bíblicos. Cualquier cosa que sirve para el avance de la causa de Cristo y que va de acuerdo a las Escrituras es aprobada por Dios. Si es una buena obra, y Dios quiere que se haga, entonces la iglesia puede sostenerla con sus propios fondos. Es según esta manera de pensar que insto a los ancianos de la iglesia a que den sus contribuciones para el progreso de las escuelas cristianas, de manera que la obligación que viene de Dios de instruir a la juventud sea cumplida.

Para aquellos que se oponen a esta posición, quiero hacer dos preguntas. En primer lugar, ¿en base de qué mandamiento, ejemplo apostólico o inferencia necesaria es esta posición errónea? En segundo lugar, en vista del requisito dado por Dios de que debemos educar con disciplina a nuestros hijos, dándoles instrucción para que crean en el Señor y que es necesario preparar ancianos, diáconos, predicadores, y maestros para el liderato de la iglesia, ¿qué método práctico puede hoy tomar el lugar de una escuela cristiana? Tiene que tomarse en cuenta que la tarea tiene que cumplirse, y la obligación de hacerlo autoriza la creación de un plan decente y bien ordenado. Hay que tomar en cuenta también que no hay suficientes predicadores para suplir las congregaciones que ahora existen y que no hay suficientes misioneros para llevar el Evangelio a los perdidos, ni siquiera en nuestro propio país. Tenemos que preparar a más obreros y no menos.

No es incorrecto que el cristiano individual dé su tiempo, dinero y esfuerzo a cualquier causa que sea aprobada por Dios. Existen situaciones y circunstancias que hacen de las contribuciones individuales algo práctico e inclusive necesario. Sin embargo, creo sinceramente que la decisión en cuanto al uso de las contribuciones debe dejarse en manos de los ancianos. Los ancianos de la iglesia son más maduros que los miembros comunes de la iglesia; ellos cuentan con más experiencia y preparación; y ellos tienen más acceso a la información disponible sobre las necesidades presentes. Lo ideal sería que los cristianos, usualmente si no es que siempre, contribuyeran todo lo que pudieran para el tesoro de la iglesia, permitiendo que los ancianos, siendo más sabios, puedan administrar estos fondos para toda buena obra que sirva para el avance de la causa de Cristo.

CONCLUSION

En la búsqueda de respuestas sanas y bíblicas en cuanto a las preguntas presentadas en este estudio, lo he hecho con un espíritu de amor para con aquellos que no están de acuerdo conmigo. Es evidente, para el que está familiarizado con las Escrituras, que el Señor no ha dado instrucciones específicas concernientes a cómo han de cumplirse unos de sus mandamientos. El dejó muchas cosas en manos de los ancianos de la iglesia. Al determinar los medios y métodos de realizar la voluntad del Señor, es inevitable que existan diferencias de opinión en cuanto a lo que es lo mejor. En estas áreas de opciones y opiniones, tengamos respeto por aquellos que difieren de nosotros, permitiéndoles la misma libertad de opinión que queremos para nosotros mismos.

No ponemos en tela de juicio la sinceridad de nuestros hermanos más conservadores que se han vuelto tan "temerosos de Roma que se han pasado de Jerusalén". Creemos firmemente que ellos tratan de legislar en asuntos en que Dios no ha intentado hacerlo. Han hecho leyes dentro del área de la opinión, imponiéndolas sobre sus hermanos. Donde el Señor no ha especificado la manera en que él quiere que sus mandamientos sean llevados a cabo, dejemos en libertad a nuestros hermanos.

Debe resistirse a los que quieren imponer opiniones humanas como si fueran asuntos de fe. No debemos dividirnos en facciones sobre asuntos de opinión. Es pecaminoso y equivocado convertir asuntos de opinión en asuntos de fe y condiciones de confraternidad, como es pecaminoso y equivocado el tratar asuntos de fe como si fueran asuntos de opinión. Tenemos que mantenernos firmes en cuanto a las cosas que han sido enseñadas con claridad en la palabra de Dios para aquellos que están dentro de la fe, pero también tenemos que tener paciencia y ser tolerantes unos con otros en aquellas áreas en que el Señor no ha dado un plan, en los asuntos que ha dejado a nuestro juicio.

Finalmente, quisiera indicar que la unidad de la iglesia del Señor implica un mandamiento directo (Juan 17.20-21). Cuando es permitido que alguna cuestión divida el cuerpo de Cristo, tal cuestión tiene que ser más importante que la división que ésta causa. Ciertamente no existe nada vital en asuntos de opinión que pueda justificar la destrucción de la iglesia de Cristo, por la cual él oró fervientemente. Los asuntos de fe son de suprema importancia, y los cristianos tienen que ser fieles en asuntos de fe a toda costa. Pero ningún asunto de opinión es lo suficientemente importante como para causar la división en la iglesia del Señor. ¿No acaso necesitamos restablecer el dicho de los pioneros del Movimiento de Restauración: "En asuntos de fe, unidad; en asuntos de opinión, libertad; en todas las cosas, amor"?

- Batsell Barrett Baxter

Editorial La Voz Eterna, 1980

(Libro 0202)

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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