CRISTO UNIFICA TODAS LAS COSAS
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Un estudio del sermón escatológico de Pedro en Hechos 3 

Generalmente se piensa que el libro de Hechos es un tratado histórico que incluye el establecimiento de la iglesia y las conversiones que hubo a consecuencia de la predicación apostólica. Sin embargo, es también importante considerar las especialidades del libro, y el sermón del apóstol Pedro en Hechos 3 presenta una enseñanza mucho más profunda que lo que aparece a simple vista. El propósito de este artículo es, pues, sacar a luz algo más del mensaje que el Espíritu Santo reveló a Pedro por motivo de la curación de un cojo.

En las Biblias que vienen con secciones tituladas es común encontrar el encabezado "Curación de un cojo" correspondiente a la primera parte del capítulo 3 de Hechos. Sin embargo, este título no refleja exactamente la realidad y significado del evento, porque da más énfasis al milagro en sí. (Desde luego no queremos decir que la curación milagrosa en no tiene importancia, ya que es cumplimiento de la profecía de Isaías 35.6).

Es fácil recordar la historia que este cojo fue sanado por Pedro y Juan mientras los apóstoles se conducían al templo de Jerusalén, donde aprovechaban la hora de la oración (3 P.M.) para predicar el evangelio a la multitud. Como este cojo era un mendigo bien conocido por la gente, su sanidad causó mucho "asombro y espanto por lo que le había sucedido" (Hechos 3.10b).

Pero aunque la gente se llenó de asombro y espanto, Pedro quitó la atención del milagro en sí y hace la pregunta: "Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto?" (Hechos 3.12). Luego quita también la atención de los hombres, incluyendo los apóstoles, y la concentra en Jesucristo, como el todopoderoso y el preeminente. (Precisamente este es el mismo énfasis que da Pedro en su primer discurso de Hechos 2.36 y en los que siguen: Hechos 4.11,12; 5.31).

Una vez que la atención de la gente está plenamente puesta en Jesucristo, Pedro pasa a la presentación del Kerigma, el mensaje apostólico que proclamaba el plan universal de Dios, de unificar todas las cosas bajo los pies de su Hijo (Hechos 3.13-26). Pedro hace alusión primero a Abraham (3.13), es decir que se traslada hasta la época patriarcal, cuando Dios hace la promesa que en su simiente serían benditas todas las naciones de la tierra (3.25). Esta promesa hecha a Abraham hace 3,500 años se cumplió en Jesucristo, como lo dice Gálatas 3.16. Al hablar de todas las familias de la tierra, se nota la universalidad de la promesa dada al padre Abraham.

Luego, para incluir a los judíos, el apóstol Pedro menciona a Moisés, quien había sido el legislador de ellos. Según Moisés, Jesucristo sería la autoridad final. Quien no se sujetara a él, sería cortado del pueblo. "Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta en entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable, y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo" (Hechos 3.22,23).

Y ya en el clímax de su discurso, Pedro declara que Cristo había de ser retenido en el cielo hasta la restauración de todas las cosas (3.21). ¿Qué quería decir el apóstol con esta declaración? Pedro no estaba diciendo que Jesús en su segunda venida vendría a "restaurar" todas las cosas, porque esto confundiría el plan de Dios. Además no concuerda con el contexto que indica que Dios desde hace siglos está restaurando todas las cosas (que cayeron bajo el poder de Satanás después del pecado de Adán).

Por la inspiración del Espíritu de Dios Pedro estaba diciendo que la restauración de todas las cosas era un plan universal de Dios, y no estaba reducido a la restauración del pueblo de Israel aquí en la tierra (como lo creen los premilenialistas). Antes de recibir el Espíritu Santo que le había de guiar a toda verdad en Pentecostés, Pedro en su ignorancia pregunta a Jesús: "Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?" (Hechos 1.6). Ahora Pedro había de entender que la restauración era espiritual en su plenitud; por eso mismo, en medio de su discurso acerca de este tema dice: "Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados" (Hechos 3.19).

La predicación del evangelio había de ser parte fundamental de la restauración de todas las cosas. La iglesia (reino) que se inició en Pentecostés había de ser un evento crucial del plan de Dios. La venida de Jesucristo y su reino en el primero siglo marcan entonces el inicio de los últimos días (Hechos 2.17; Hebreos 1.2). Al ser revelado Jesucristo, se manifiesta también el plan universal de Dios de restaurar todas las cosas, comenzando con la iglesia.

"Y él (Jesucristo) es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia...

"Y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz" (Colosenses 1.1-20).

De acuerdo a la segunda parte del texto anterior Dios se encuentra en este momento en el proceso de someter a todo el universo bajo los pies de Jesucristo.

"Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas" (Hebreos 2.8).

"Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?" (Hebreos 1.13).

Entonces, cuando Jesús venga por segunda vez no será la restauración sino la consumación del reino. El estará recibiendo a la iglesia como esposa en las bodas del Cordero (Apocalipsis 19.7) para vivir con ella eternamente. Contrario al voto popular que hoy hacen los que se casan, diciendo que permanecerán unidos "hasta que la muerte los separé", Jesucristo, al recibir a la iglesia se unirá con ella para siempre. Contrario a la recomendación que se da a la pareja de hoy, que el hombre deje a su padre y su madre y se una a su mujer, en el fin cuando Jesucristo se una a la iglesia no se apartará del Padre, sino que se sujetará a él eternamente en la morada celestial.

"Luego al fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies...

"Pero luego que todas las cosas le estén sujetas, entonces también el Hijo se sujetará al que le sujetó a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos" (1 Corintios 15.24-28).

Jesucristo tiene que ser reconocido como el SEÑOR en el cielo, la tierra, y debajo de la tierra. Los que no le reconozcan hoy voluntariamente tendrán que hacerlo a la fuerza en aquel día final, ya que se doblará ante él toda rodilla "de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre" (Filipenses 2.10,11).

¿Qué tiene que ver este mensaje escatológico con nosotros en particular? Pues mucho, porque los cristianos son parte fundamental del plan que Dios tiene de poner en orden todas las cosas. Dentro del plan restaurador de Dios está la resurrección de los creyentes como una garantía de que estaremos con Cristo para siempre compartiendo con él la herencia eterna. Un texto crucial que habla de esto es Filipenses 3.21. Principalmente hay que tomar en cuenta que Cristo, con el mismo poder con que él está unificando todas las cosas, ¡nos levantará a nosotros también! Amén.

"El cual (Jesucristo) transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas" (Filipenses 3.21).

- Arnoldo Mejía A.

La Voz Eterna, Marzo-Abril 1994

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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