CUANDO LA JUVENTUD SE VA
  

"Juventud divino tesoro, te vas para no volver"

Para que el poeta alcanzara a concebir esa expresión, debió haber sido un momento en el cual meditó profundamente en la belleza incalculable de la juventud, sintiéndose que ya había pasado por su vida y no existía más. En efecto, la juventud es pasajera, fugaz. Es como el agua entre las manos que imperceptiblemente se escapa y no la podemos retener; mientras que la vejez una vez que llega se queda permanentemente con nosotros hasta la muerte. Por lo tanto, debemos aprovechar nuestra juventud al máximo. El problema es que cuando aprendemos a valorizarla, ya se ha ido; por eso debemos buscar el destello de luz que ilumine la senda delicada de la juventud. ¿Por qué decimos delicadamente? Porque es la época de las decisiones que estarán marcando el derrotero permanente del hombre. ¿Qué hacer? ¿Cómo lo haré? ¿Con quién lo haré? Es la época de decisiones; por lo tanto es un tiempo que es necesario generar sabiduría, antes que la experiencia y los golpes hagan sus reclamos.

Entre los jóvenes se escucha decir con frecuencia: "Yo estoy joven, es tiempo que yo disfrute, déjenme vivir la vida", y a la verdad esto tiene algo de razón. Sin embargo, el joven debe recordar que es la etapa de la vida en que debe meditar para errar lo menos posible (Eclesiastés 11.9).

Las decisiones de la juventud son tan serias porque una vez tomadas, muy difícilmente se pueden enmendar. Y por eso hoy día encontramos muchos adultos frustrados porque están realizando día a día la profesión, oficio o dedicación que no les gusta, y la manera que lo realizan es sin amor. Alguien una vez expresó al respecto: "Aquel que realiza algo sin amor, aunque lo haga todo a tiempo, es un desocupado". Y por este mundo encontramos a muchos desocupados, es decir, personas que hacen mucho, pero lo hacen sin amor. Por otra parte, viven amargados y entristecidos con la persona que eligieron para acompañarles en el sendero de la vida, tomando opciones de separación, divorcio, o sencillamente pasándola a ratos bien con la persona que no les corresponde: insatisfechos, llevando vergüenza y traumas por todos los equívocos, porque con pecho erguido, dijeron en su juventud: "Es mi vida, y con ella haré lo que yo quiero".

Lo lamentable en estos casos es que para la juventud, el adulto carece de autoridad y ejemplo para compartir con sus hijos, y el patrón se repite en círculo vicioso. Por lo general los jóvenes no tienen alta estima del comportamiento del adulto, lo critican de viejo hipócrita, anticuado y ridículo en muchos casos; y así muy difícilmente podrá recibir consejo de él.

Es verdad que dar una respuesta al joven es muy difícil. No se pueden evitar los golpes, pero sí hay un consejo que podemos brindar: Busca la respuesta en los orígenes, manantiales y fuentes de la vida. Uno de esos manantiales eficaces es la Biblia, un libro de vivencias en las que sus personajes pasaron por experiencias tan diversas de errores, frustraciones, dolores, pesares, pero que sus vidas fueron iluminadas. Las Escrituras sagradas no son relatos de hombres excepcionales, ni súper héroes; todo lo contrario, se trata de gente común y sencilla que descubrió que cada individuo existe con un propósito en la vida, y que nadie, absolutamente nadie, está aquí en la tierra sin tener un propósito. No hay excepciones para Dios porque todos jugamos un rol importante en la existencia.

La Biblia es fuente de provisiones para resolver la problemática de cómo llegar a cumplir este propósito, porque la respuesta está en el que hizo todas las cosas ordenadas y con propósito. Uno de los sabios más grandes de la historia, el rey Salomón, después de hacer una exposición seria acerca de la vida dijo: "Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento" (Eclesiastés 12.1). En esto hay una profunda sabiduría, que lamentablemente por lo trillado y aburrido que aparenta ser al joven, no le da la importancia que se merece.

Sabemos que la palabra de Dios para el joven no es tema atrayente, porque la asocia rápidamente con términos como prohibición, abstinencia, mandamientos, obligación, castigo, disciplina; porque esa ha sido la idea que trasluce la religión, que viene a ser otro punto controversial en la vida del joven. Y hay razón porque por causa de las religiones ha habido disensiones, disputa, divisiones, hasta guerras y muerte. Sin embargo, el hecho que lo hombres hayan desvirtuado la realidad espiritual de Dios y su palabra (la Biblia) no quita su veracidad y efectividad.

Buscar a Dios y su palabra no es una pérdida de tiempo, es una inversión, tal como lo comprobara David, padre de Salomón, quien alcanzó el éxito aún a la temprana edad de 30 años en que fue coronado como el segundo ungido rey de Israel (1 Samuel 5.4). Su historia es ampliamente conocida por estar escrita en la Biblia, el libro más leído en el mundo por su veracidad.

David fue un joven trabajador, fuerte y valiente, músico, compositor, arreglista, poeta; famoso por haber tenido una estrategia de guerra certera al enfrentar a un enemigo más poderoso que él. David estaba consciente de sus debilidades y fallas, reconocía su necesidad y llenaba su sed espiritual de amor con el Ser Supremo, logrando enfrentar las crisis de su vida de la mejor forma.

Fue tal su experiencia que él dijo a Dios un una de sus poesías: "De los pecados de mi juventud... no te acuerdes" (Salmos 25.7). ¿Por qué un hombre tan exitoso pedía disculpas a Dios por los pecados de su juventud? El hombre, para ser un hombre completo y de bien, reconoce su necesidad espiritual, se arrepiente de sus fallas, es consciente de sus yerros y tiene la valentía suficiente para confesarlos. David a través de una comunión genuina, alcanzó un éxito rotundo en su vida. El libro de Hechos 13.36 nos dice que David sirvió a su generación según la voluntad de Dios, y murió. Qué importante es que del joven se pueda decir que también ha servido a su generación. Ser útil es parte de la vida misma. Otro pensador dijo: "El que no vive para servir no sirve para vivir".

Urge con tú puedas encontrar la respuesta, y que la compartas. Tu juventud es necesaria, el apóstol Pablo dijo en sus epístolas a su joven amigo y consiervo: "Ninguno tenga de poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Timoteo 4.12). La vida en Dios es emocionante, vibrante, alegre, llena de realizaciones.

Quien escribe estos consejos es una persona de la cual se dijo en su niñez: no hay esperanza. Pero Dios fue y es mi esperanza; le di mi juventud y encontré mi realización. Estoy satisfecho de lo que hago, de cómo lo hago y con quién lo hago, porque Dios ha sido mi realización material, emocional, sentimental y espiritual. Encontré la verdad y la verdad me hizo libre.

Cristo te ama, comparte tu vida con él, de una manera genuina, y verás lo que es vivir. Para que puedas decir: Joven fui, y he envejecido, y ser feliz es mi color de identidad. Cristo me ama bien lo sé, su Palabra me hace ver, que los jóvenes son de aquel, quien es nuestro amigo fiel... Cristo me ama. La Biblia dice así.

- Rafael H. Bertrand

La Voz Eterna, Enero-Febrero 2001

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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