¿Debo abandonar la religión de mis padres?

 

 

Posiblemente no existe una sola persona que no haya pensado sobre este particular alguna vez. Quizás se trate de un hombre casado con una mujer de otra religión, cuyas convicciones lo hayan apartado de la religión heredada. También, posiblemente, algo que el lector haya creído durante toda su vida, y que a la luz de las Escrituras ha llegado por sí mismo a ver que es un error. Tal vez se siente poco satisfecho con el denominacionalismo, y ha pensado en abandonarlo.

Y todo hindú que oye el evangelio de Cristo, tiene que enfrentarse a esta decisión, al igual que todo mahometano. Muchos japoneses han aceptado a Cristo, pero han tenido que luchar mucho para abandonar su religión sintoísta. Desean sí, servir a Dios; pero al mismo tiempo anhelan ser fieles a sus tradiciones ancestrales. Si el lector está en ese caso, no es el único que se siente indeciso en dejar "la religión de sus padres".

¿Será algo indebido?

¡Por supuesto que no! Reconocemos la falibilidad de pensamiento y actitudes humanas. Todo hombre puede tener errores. Posiblemente nosotros hemos tenido oportunidad de aprender más, estudiar más y desarrollarnos intelectualmente en forma más amplia. No creemos que sea indebido comprar una marca de automóvil diferente a la de nuestros padres, aun cuando ellos afirmen que su marca es la mejor.

Hay muchos hijos que se ven en el caso de abandonar su ciudad natal y aun su país, contra la voluntad de sus padres. Muchos se casan con personas de diferente nacionalidad, aun sabiendo que no contarán con la aprobación paternal. También, muchos jóvenes escogen carreras o negocios que no van de acuerdo con los deseos de sus padres.

Indudablemente, en lo relativo a la cuestión religiosa, nos sentimos más atados, porque es la decisión más importante de nuestra vida. Sin embargo, el amor a Dios debe ser más grande, más poderoso, y más pleno que el amor hacia los que son de nuestra propia sangre. Jesús dijo: "El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí" (Mateo 10.37).

Jesús, el Hijo de Dios, nacido de la virgen María según la carne, le dio siempre la primacía a Dios, aun por encima de sus padres en la tierra, en diversas ocasiones. Cuando María y José iniciaron el viaje de regreso de Jerusalén hacia Nazaret después de haber asistido a la fiesta, creyeron que el adolescente Jesús estaba con el grupo de sus conocidos, pero estaban equivocados.

"Y pensando que estaba entre la compañía... y le buscaban entre los parientes y los conocidos; pero como no le hallaron, volvieron a Jerusalén buscándole. Y aconteció que tres días después le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, oyéndoles y preguntándoles. Y todos los que le oían, se maravillaban de su inteligencia y de sus respuestas. Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar? ... Y descendió con ellos, y volvió a Nazaret, y estaba sujeto a ellos" (Lucas 2.44-51).

Estaba sujeto a sus padres, y sin embargo se suscitó un conflicto entre los planes de sus padres y los de Dios. El Señor quería que se quedara en el templo, en Jerusalén, mientras que sus padres querían que se volviera con ellos a Nazaret. El prestó mayor importancia a los deseos de su Padre celestial.

Otra ocasión en que Jesús demostró la importancia de servir a Dios antes que a los de su propia carne y sangre en la tierra, nos es relatada en el Evangelio de Marcos.

"Vienen después sus hermanos y su madre, y quedándose afuera, enviaron a llamarle. Y la gente que estaba sentada alrededor de él le dijo: Tu madre y tus hermanos están afuera, y te buscan. El les respondió diciendo: ¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, y mi hermana, y mi madre" (Marcos 3.31-35).

Al enseñar la voluntad de Dios al pueblo, Cristo colocó a sus hermanos y a su madre en segundo lugar. Está bien, y es debido, que honremos a nuestros padres; sin embargo, Cristo debe recibir el honor que le es debido, antes que ningún otro. Ciertamente no es indebido ir contra la voluntad de los padres en asuntos que atañen a nuestro bienestar eterno.

La espada de Cristo divide a las familias

Cristo sabía que no todos habrían de aceptarlo. Lo dijo, como sigue:

"No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa" (Mateo 10.34-36).

Cristo reconoció la influencia que los padres tienen sobre sus hijos; por tanto, animó a sus seguidores a anteponer siempre el reino de Dios a todas las cosas.

"Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios" (Lucas 9.61-62)

Cristo es el objeto principal del amor de los cristianos. No es posible que una persona se quede en una religión que va contra sus convicciones. Podría alegarse que esto se hace por lograr la paz con la familia. Si así fuera, quiere decir que el amor a padres, esposos, hijos y demás parientes, es mayor que el amor que se siente hacia Cristo.

¿Vale la pena?

Otra vez, veamos la respuesta que dio el mismo Cristo. Tiene muchos dones para aquellos que lo colocan por encima de sus familiares.

"Y él les dijo: De cierto os digo, que no hay nadie que haya dejado casa, o padres, o hermanos, o mujer, o hijos, por el reino de Dios, que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna" (Lucas 18.29-30).

El amor a Jesús puede llegar a significar hasta la pérdida de una herencia material aquí en el mundo. Podrá causar que un padre despida a un hijo de su hogar. O el amor de una esposa resfriarse ante tal decisión. Los hijos podrán volver la espalda a sus padres, también. Sin embargo, Cristo permanece fiel y promete mucho más de lo que el mundo entero y todos sus habitantes pudieran dar. Sobre todo, promete el don de la vida eterna.

Saulo de Tarso abandono su religión

Deseamos ahora estudiar el pasado de un hombre que se convirtió en uno de los grandes seguidores del Señor Jesucristo, y escribió más libros y cartas de la Biblia que cualquier otro autor inspirado. Es posible que no exista hoy en día nadie que haya renunciado a más, por amor a Cristo, que Saulo de Tarso.

"Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti: y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban. Pero me dijo: Vé, porque yo te enviaré lejos a los gentiles" (Hechos 22.19-21).

Y luego, en otro pasaje, dice Pablo: "Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible" (Filipenses 3.4-6)

Lo que abandono Pablo

Después de ver la posición que Saulo ocupaba antes de convertirse en cristiano, podemos ver fácilmente todo lo que abandonó:

1) Dejó la religión de sus padres. La religión de todos sus amigos, de todos sus hermanos de raza. Pablo, desatendiendo su anterior estado, tanto religioso como social, y hasta la misma creencia ancestral, dijo inmediatamente: "Señor, ¿qué quieres que yo haga?" (Hechos 9.6). Esa fue la actitud de Saulo de Tarso. ¿Quién de nosotros haría la misma pregunta, por encima de todas las enseñanzas recibidas anteriormente? Cada quien debe decidir sobre su actitud.

2) Abandonó sus enseñanzas anteriores, al menos aquellas que iban contra la voluntad de Dios. Cuando decimos "abandonar la religión de los padres", no nos referimos a la parte de la religión que está de acuerdo con la voluntad divina. Es necesario sólo abandonar aquello que resulta contrario a la voluntad de Cristo. Esto fue precisamente lo que ocurrió con el apóstol Pablo (Hechos 26.6,9-11).

3) Se cambió a la posición contraria. Al principio fue perseguidor, y de perseguidor se convirtió en perseguido. Empezó de inmediato a predicar aquello que anteriormente había combatido. Debido a esto fue objeto de persecuciones que sobrepasan todo lo que podamos imaginar (Hechos 9.22-25; 14.19-20; 2 Corintios 11.24-27).

¿Quién de nosotros estaría dispuesto a abandonar una posición social destacada y sufrir persecuciones como las que soportó Pablo? Podemos ver con toda claridad, mediante el ejemplo que nos dio este apóstol, que Dios desea que dejemos la religión de nuestros padres, si esa religión se opone a la voluntad de Cristo.

Los que no pertenecen a ninguna iglesia

Y los que no son miembros de iglesia alguna, ¿qué abandonarán? La respuesta es la misma. Abandonarán también "la religión de sus padres". Muchas personas han tenido padres que fueron personas honradas y sinceras, y que sin embargo jamás pertenecieron a iglesia alguna. Ahora, los hijos de esos padres siguen sus huellas al no tener religión.

Los que tal hacen, deben comprender que la moralidad por sí sola no basta. No salva. Podrán sentirse confusos, y pensar que es innecesario pertenecer a una iglesia. Probablemente, sienten disgusto contra algunos miembros de una o varias iglesias. Habrá predicadores que les digan que pueden ser salvos en su actual condición. Sin embargo, todo esto no salva. La Biblia dice:

"Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe" (Efesios 2.8-9).

La vida recta y moral no salva. Las buenas obras no salvan a nadie.

El ejemplo de Cornelio

Los que creen que ser moral es suficiente, ¿podrán comparar su forma de vida con la de Cornelio, el soldado? Veamos lo que se nos dice de él:

"Había en Cesarea un hombre ... piadoso y temeroso de Dios con toda su casa, y que hacía muchas limosnas al pueblo, y oraba a Dios siempre" (Hechos 10.1-2).

Sigamos leyendo esta historia: "Ellos dijeron: Cornelio el centurión, varón justo y temeroso de Dios, y que tiene buen testimonio en toda la nación de los judíos, ha recibido instrucciones de un santo ángel, de hacerte venir a su casa para oir tus palabras" (Hechos 10.22).

1) Cornelio era un hombre devoto.

2) Temía a Dios y enseñó a toda su casa a adorar al Señor.

3) Daba muchas limosnas a toda la gente, no únicamente a los suyos.

4) Siempre oraba a Dios.

5) Gozaba de buena fama entre los judíos, que lo alababan delante de los demás. Sin embargo, era gentil (no judío). Y con los gentiles, los judíos no tenían tratos (Hechos 10.28).

Sin embargo, ¡no era salvo! ¿Qué tanto se asemeja la vida de muchos a la de Cornelio? Si no era salvo por sus buenas obras, ¿quién podrá ser suficientemente bueno para ser salvo por obras? ¡Nadie!

¿Cómo sabemos que Cornelio no era salvo?

El apóstol Pedro entendió que Cornelio no era salvo. Cornelio mismo aceptó no serlo. Un ángel de Dios afirmó que no era salvo aquel hombre caritativo, moral y bueno. Pedro dio un informe de su reunión en casa de Cornelio, donde estuvieron no sólo él sino otros gentiles, cuando el apóstol retornó a Jerusalén.

Allí, dijo lo siguiente:

"Y el Espíritu me dijo que fuese con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en casa de un varón, quien nos contó cómo había visto en su casa un ángel, que se puso en pie y le dijo: Envía hombres a Jope, y haz venir a Simón, el que tiene por sobrenombre Pedro; él te hablará palabras por las cuales serás salvo tú, y toda tu casa" (Hechos 11.12-14).

En estos pasajes tenemos la afirmación de tres testigos, acerca del hecho que Cornelio no era salvo:

1) El ángel afirmó que Pedro diría a Cornelio "palabras por las cuales serás salvo tú, y tu casa".

2) Cornelio mandó a buscar a Pedro, lo que indica que sabía que no era salvo.

3) Pedro fue a ver a Cornelio y, por lo tanto, él también pensaba que Cornelio no era salvo. En la reunión en casa de Cornelio, Pedro les predicó a él y los que allí estaban, sobre la remisión de pecados (Hechos 10.43).

¡Pedro sabía que Cornelio estaba perdido sin el Señor Jesucristo!

Amigos, ¿será para ustedes objeto de burla la muerte de Jesús en el Calvario? ¿Podrá alguien afirmar que Jesucristo murió por nada? Si es posible ser salvo únicamente con buenas obras, entonces la muerte de Cristo fue algo inútil y sin razón de ser. Todos los que estén sin esperanza, deben seguir el ejemplo de Cornelio, el soldado, y aceptar la salvación. El apóstol Pedro sólo le pidió que:

"De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre ... Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces le rogaron que se quedase por algunos días" (Hechos 10.43,48).

Por este motivo, Cornelio, aun siendo hombre devoto, recibió el mismo evangelio que el mundo judío había recibido, y escuchó las mismas palabras que el Señor dijo, de acuerdo con la narración de Marcos:

"El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Marcos 16.16).

Los que sí son miembros de una iglesia

¿Deben dejar sus iglesias? ¿Abandonar la religión de sus padres? Como dijimos anteriormente, Dios no desea que se abandone nada que esté de acuerdo con su voluntad. Si la iglesia va de acuerdo con la voluntad de Dios, permanezca usted en ella. Si no, abandónela. Si no es usted un miembro de la iglesia verdadera del Señor, la que fue fundada por Jesús mismo, entonces le encarecemos que deje la iglesia a la que ahora pertenece. Jesús dijo:

"Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada" (Mateo 15.13).

¿De qué hablaba Jesús? Tenemos que acudir al contexto para obtener la respuesta apropiada.

"Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres... Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada" (Mateo 15.9,12,13).

Jesús se estaba refiriendo a las enseñanzas falsas, a las doctrinas de hombres. Dijo terminantemente que quienes las sigan serán arrancados de raíz. La única iglesia que quedará, será la que fue plantada por Dios. La historia completa puede verse en Mateo 15.1-14.

Esto nos enseña que sí se debe abandonar la religión, si el Padre celestial no fue el que la plantó. La única forma para poder determinar si Dios plantó alguna iglesia, es mediante su Palabra. ¿Puede usted encontrar en la Biblia en forma clara que Dios plantó la iglesia a la que usted pertenece? Si no, déjela. Dios la arrancará de raíz.

Dios plantó sólo una iglesia

"... edificaré mi iglesia (singular); y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo 16.18).

El apóstol Pablo, que abandonó la religión de sus padres, dijo que hay "un cuerpo" (Efesios 4.4a). Y en otro lugar: "la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo" (Efesios 1.22-23).

Amigo, le rogamos que deje la iglesia plantada por el hombre, si pertenece a ella. Sabremos que el hombre plantó una iglesia, si no podemos verificar con certeza, por medio de la Biblia, que fue Dios el que la plantó. Hágase miembro de la iglesia de Cristo. Esto puede hacerse únicamente obedeciendo la voluntad del Señor. Jesús dijo:

"Y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones..." (Lucas 24.47). "El que creyere y fuere bautizado, será salvo" (Marcos 16.16).

"Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hechos 2.47).

"Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres..." (1 Corintios 12.13).

¡Será inevitable que abandonemos la "religion de nuestros padres" si no es la religión del Señor Jesucristo!

- Gynnath Ford

(Tratado No. 0111)

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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