DESCUBRIENDO A JESUCRISTO

 

Escuchando a muchos políticos en campañas, se queda uno asombrado de cómo éstos hablan de sus virtudes y de sus promesas; piensa uno, que no son seres pertenecientes a esta sociedad. Más cuando se escucha al contrario, en dicha contienda electoral, se pasa de un extremo de bueno y perfecto a otro de malo e imperfecto. La sociedad queda confundida y a la verdad no sabe por quién votar. El político no es lo que dice o aparenta ser. 

En cambio, Jesucristo puede ser descubierto por toda persona sincera, que presta atención a su palabra, y a sus hechos. Es bueno saber, que fue el mismo Jesús quien preguntó: "¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?" Y también preguntó a sus discípulos: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Léase Mateo 16:13-20, pues, estaremos tratando este pasaje.

Jesucristo no vino fanfarroneando diciendo que él era el Hijo de Dios, que él era el Cristo, sino que, vino como un ser humano cualquiera, para que los demás pudieran descubrir por sí mismos, quién en realidad era Jesús. Así que su comportamiento debía dejar un mensaje claro, para que cualquier persona sencilla y encumbrada, entendiera que su forma de ser indicaba algo diferente a ellos.

Mientras los contrincantes enemigos de Jesús, lo acusaban de tener demonios, de sedicioso, de blasfemo, de pecador, entre otras, él fue admirado y seguido por muchas personas. La envidia fue el motor que guiaba a sus contrarios, pero ellos no podían acusarle con verdad. De ahí que, su actitud refleja que ellos sabían algo especial de Jesús, lo cual no querían decir, pero veían cosas en él superiores a las de ellos. 

Nicodemo, un principal entre los judíos visitó de noche a Jesús y le dijo: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él" (Juan. 3:2). Esa declaración concuerda con lo que los discípulos respondieron a Jesús sobre lo que los hombres decían de él: "Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas" (Mat. 16:14). 

Esta apreciación que los hombres daban sobre Jesucristo, era por lo que ellos veían y oían de Jesús. Conductas y enseñanzas, eran el punto fuerte de Jesucristo. Los hombres podían descubrir el valor que había en él, solamente con observar con detenimiento, pero fundamentalmente, con acudir a las Escrituras, puesto que todo estaba profetizado sobre el Cristo que vendría al mundo, y él debía cumplirse toda profecía.

En ese sentido, Jesús le pregunta a aquellos que andaban con él, sus discípulos, "¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente." Esa era la apreciación esperada por Jesús, pues la gente debía aceptarlo como el Salvador del mundo y como el enviado de Dios. Las condiciones de Cristo el Hijo del Dios viviente, era la primera vez, que ser humano la manifestara. En consecuencia Jesús había cumplido con su misión de que el hombre descubriera quién realmente era él.

Jesús no era el simple hijo de María y José, era el Hijo de Dios. Era Dios hecho carne. Entonces era propio que Jesús exaltara a Pedro diciéndole: "Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos" (Mat. 16:17). Es decir, ese sentimiento de él responder quién era Jesús fue dado por el Padre, quien le permitió entender que ese era el Cristo y su Hijo. Dios no le habló directamente diciéndole que él es él Cristo, el Hijo mío.

Muchas veces los hombres esperan oír las cosas, cuando en realidad podemos saber cómo son las cosas, porqué son las cosas, para qué son, etc., pero las verdades de Dios son reveladas en su palabra. Pedro como judío sabía que había de venir el Cristo, entonces quién que no fuera ese Maestro de Galilea, podía haber sido el Cristo. Pedro había visto que convirtió el agua en vino (Juan. 2:1- 12); además le vio sanar a muchos enfermos, liberar a muchos endemoniados, parar los vientos y las olas, multiplicar los panes y los peces, entre otras señales y maravillas hechas por Jesús " (Juan. 20:30, 31).

Jesús había venido a salvar a la humanidad, como lo expresara él mismo en casa de Zaqueo, diciendo: "Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto el también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido" (Luc.19:9,10). En consecuencia, siendo entendido como el Cristo, que significa Salvador, declaró su intención de edificar su iglesia, pues, ésta estaría compuesta por los salvados, como está escrito: "Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos" (Hch. 2:47); además "la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador" (Efe. 5:23).

Habiendo llegado el momento de anunciar la edificación de la iglesia, dijo: "Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mat. 16:18). Jesús le dice a Pedro, ante los demás discípulos por haber respondido correctamente, su propósito de edificar la iglesia sobre esa declaración de que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente; esas dos condiciones en Cristo es la roca. En toda parte de la Biblia se considera que Jesús es la roca.

El apóstol Pablo escribió: "y todos bebieron la misma bebida espiritual; porque bebían de la roca espiritual que los seguía, y la roca era Cristo" (1 Cor. 10:4). El mismo Pedro escribió: "Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen, la piedra que los edificadores desecharon, ha venido a ser la cabeza del ángulo; y: piedra de tropiezo, y roca que hace caer, porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados" (1 Ped. 2:7, 8). Moisés hablando de Jehová, dijo en su canto: "El es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; es justo y recto" (Deut. 32:4), más 15, 18, 31; Salm. 28:1; Hab. 1:12; Rom. 9:33). Ponga su casa sobre la roca que es Cristo (Mat.7:24,25).

Jesucristo premió a Pedro, por la respuesta que él dio, concediéndole las llaves del reino de los cielos, como dice: "Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos" (Mat. 16:19). Esta última, más adelante se le concedió a la iglesia, como está escrito: "De cierto os digo que todo lo que desatéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra será desatado en el cielo" (Mat. 18:18).

Jesús quería que los hombres descubrieran quién era él en la tierra, por lo que, "mandó a sus discípulos que a nadie dijesen que él era Jesús el Cristo" (Mat. 16:20). Jesús no buscaba gloria ni reconocimiento humano; pero después que él se ofrendó en sacrificio, entonces sí mandó a predicar el evangelio, el cual incluye tal condición de Salvador (Cristo) y de Hijo de Dios, obligatorias para la salvación de todo creyente.

Si usted cree en Jesucristo como lo que él es, entonces debe ser bautizado para ser salvo, pues está escrito: "Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado" (Mar.16:15, 16). Haciendo esto, entonces Cristo le añadirá a su iglesia, pues será salvo por él. Dios le bendiga.

- Fausto Piña Bello (2013)

La Vega, Rep. Dominicana

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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