LOS ENGAÑOS DEL DIABLO

¡Cómo nos disgustamos cuando alguien nos engaña! ¡Qué inútiles nos sentimos cuando nos damos cuenta que alguien se ha aprovechado de nosotros! Y precisamente, cuando caemos en las garras de Satanás, sucede que hemos sido engañados.

Aunque hay quienes dudan de la existencia de un Dios personal, y de un mal real, las Sagradas Escrituras demandan que aceptemos la realidad de Dios y del diablo. Existe una fuerza oculta que incita al hombre a rebelarse contra su Creador y su Salvador.

Cuando pecamos, o el mal se manifiesta, esto no es un evento circunstancial o fruto de la casualidad. Es SATAN y sus poderes en acción, poniendo en ridículo la gloria de Dios, arrastrando al hombre y su alma hacia una existencia destituida, solitaria y tenebrosa.

No debemos intentar negar la existencia de Satanás, la realidad de su poder maligno, ni el peligro del pecado. Nunca vemos que Jesús haya tomado a Satanás como un mito o ficción, de lo cual no hubiera que preocuparse. Tenemos que entender las Escrituras y comprender que Satanás no anda por ahí tratando de atrapar a fulano o zutano. No, Satanás anda buscando la manera de hacerme caer a mí en la trampa y arruinarme. Así que hay dos cosas que quedan muy en claro:

El diablo utilizará lo agradable, lo aceptable socialmente, lo codiciable y atractivo como método para engañar y atrapar. Lo único que está en la mente de Satanás es el engaño y la mentira (Juan 8.44).

Cuando el trabajo del diablo es terminado - el cuerpo y el alma quedan arruinados. Las intenciones de Satanás nunca son sólo jugar y probar. La meta de Satanás es completar su obra de destrucción de todo lo bueno, incluyéndolo a a usted y su destino eterna (Santiago 1.13-16).

Vamos a atender a las advertencias de las Escrituras y no vamos a cansarnos de la lucha de la vida cristiana, siguiendo siempre el modelo de nuestro Señor Jesucristo. Podemos caer (y caeremos), porque la lucha de hacernos semejantes a Cristo es dura. Sin embargo el Señor estará siempre dispuesto a perdonarnos, a levantarnos y curarnos.

Pero si nos rendimos y nos entregamos a Satanás ya sin esperanza, sucumbiendo a sus artificios, lo único que queda para nosotros es decepción y destrucción eterna.

Pablo, por inspiración de Dios, dice en Efesios 6.10-13:

"Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes".

Sin embargo, a pesar de que Dios demanda que estemos alertas ante los poderes de Satán, su tenacidad y astucia; a pesar de que Dios no permitirá que seamos tentados más allá de lo que podemos soportar (1 Corintios 10.13); a pesar de la caída y ruina de cada individuo y nación que persiste en el pecado; a pesar de la advertencia de que el juicio de Dios se aproxima - aun con todo el pecado abunda en todos lados.

Si Satanás y las fuerzas del mal se contentaran con dejarme libre a mí y atacaran solamente a otros, esto no sería un pensamiento tan alarmante. Pero debemos darnos cuenta que Satanás nos tiene a los dos, a usted y a mí, como sus blancos de ataque.

En cuanto a sus intenciones, Pedro dice lo siguiente en su primera epístola: "Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quién devorar" (1 Pedro 5.8).

¡Y démonos cuenta de que esto no es sólo imaginación! Este es un hecho real de acuerdo a la palabra de Dios. Literalmente, la frase "buscando a quién devorar" es "bebérselo todo". Es como el agua de un vaso que se toma hasta no dejar absolutamente nada. Satanás no tiene ninguna otra intención excepto la ruina total del hombre.

¿Por qué es tan prevalente el pecado? ¿Por qué nos referimos a la sociedad como una "sociedad permisiva" y no una sociedad atrincherada en el pecado? ¿Cómo es eso de que el pecado encuentra el camino para entrar al mundo y a nuestras vidas y "no miramos nada malo"? Es importante que estemos alertas ante las asechanzas de Satanás. ¿Cuáles son los engaños de Satanás?

Satanás comienza por definir que el pecado realmente no es pecado. Lo pone como algo normal, natural, agradable o beneficioso. El hombre tiene un problema: el filósofo lo llama "pensamiento irracional". El sociólogo lo llama "atraso cultural". El psiquiatra lo llama "desajuste". El psicólogo lo llama "desorden de conducta". Pero Dios, desde la eternidad, por medio de Jesucristo, lo llama pecado. En el día del juicio podemos llamarlo de cualquier manera que no guste - pero Dios lo llamará pecado, y así lo tratará.

Satanás también busca la manera de hacernos pensar que la pureza, la verdad y la justicia están pasadas de moda. El busca la manera de hacernos pensar que los tiempos han cambiado y que otras maneras de conducta son igualmente buenas y correctas.

Antes a la gente le daba vergüenza ciertas cosas. ¡Pero ahora no! La gente hoy hace alarde de conquistas amorosas que en realidad son adulterio y fornicación. El divorcio y el aborto son prácticas que muchos toman como normales. El alcohol, las drogas, el homosexualidad, no sólo se aceptan, sino que se apoyan, en vez de condenarse.

Pero no debemos olvidar el texto de Isaías 3.9: "La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan". El pecado es malo, es destructivo, y nada bueno se puede decir del mismo.

Luego tenemos el engaño de Satán de la racionalización. No importa cómo sea el acto, no importa cuán pecaminoso sea o cuánto daño haya causado, el diablo siempre dice: "Realmente no es tan malo como se ve". Satanás está presto a enseñarnos cómo apuntar a las faltas de otros, pasando por alto las nuestras.

Ya sea que nos involucremos en asuntos ilícitos, dejemos de asistir a las reuniones de la iglesia, o simplemente nos abstengamos de hacer lo bueno, Satanás nos anima a decir: "Bueno, ¿y qué?, ¿qué diferencia hace?" Pero nosotros sí debemos entender que hay una diferencia. La diferencia es la eternidad y si lo que hacemos no agrada a Dios, es malo y pecaminoso.

Una de las decepciones más grandes del diablo es la duda. Satanás sabe que si dudamos de los motivos, la autoridad de Dios y sus promesas; Satanás sabe que si dudamos de la validez de un proyecto de fe; él habrá sembrado una semilla de duda, la cual regará hasta que se haga una planta fuerte.

Satanás nunca vaciló en poner en tela de juicio el amor y la autoridad de Dios. En el jardín de Edén, según Génesis 3, el diablo preguntó a Eva: "¿Conque Dios os ha dicho...?" En las tentaciones de Cristo, según Mateo 4, Satanás blasfema en contra de la gloria de Jesucristo al desafiarle: "Si eres hijo de Dios..." Y en nuestras vidas, hoy, el diablo hace todo esfuerzo posible para hacernos dudar.

¡No debemos ceder! Necesitamos estar alertas y permanecer firmes como Abraham. "Tampoco dudó, por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, plenamente convencido de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido" (Romanos 4.20-21).

Y otro engaño muy popular de Satanás es el que dice "¡espera!, no actúes tan rápidamente", "piénsalo bien", "siempre hay un mañana". Cuántos se perderán eternamente, experimentarán la agonía eterna de una separación indefinida de Dios - no porque hayan sido tan malos, sino porque sencillamente dieron lugar al diablo y nunca obedecieron al evangelio de Jesucristo para ser salvos.

No permita que Satán triunfe en su vida; no se trata solamente de lo bueno o malo en comparación a otros. Es un asunto de que si estamos o no obedeciendo a nuestro Señor y Dios.

Si somos capaces de creer cualquier cosa, ciertamente podemos creer en la Biblia. El hombre es libre de creer y practicar lo que quiera, pero todo hombre será juzgado de acuerdo a la Biblia y de acuerdo a cómo se ajusten sus actos de acuerdo a la misma.

Cuando tocamos el tema de Satán, la Biblia habla de él como algo real, así como cuando habla de Moisés, David, Cristo, Pedro y Pablo. Cuando la Biblia habla del infierno, lo hace como habla de Canaán, Jerusalén, el cielo. Cuando la Biblia habla de nuestra necesidad de rechazar al diablo y resistir la tentación, lo dice como cuando habla del amor, la misericordia y el servicio. Y cuando la Biblia habla de Satán, siempre lo pinta como un perdedor, que ya ha sido derrotado del todo con la resurrección de Jesucristo.

Es increíble ver como puede un perdedor engañar a tantos y hacerles creer que él tiene mucho qué ofrecer. Cuando en realidad todo lo que él puede ofrecer son mentiras (Juan 8.44), vidas arruinadas (Efesios 4.17-19; Romanos 1.18-32), y una muerte segura (Romanos 6.23).

Nuestro adversario no es una leyenda. Cuando la Biblia habla de Satanás, muestra que nos enfrentamos a una realidad siniestra muy concreta. ¿Cómo podemos hacer para confrontar las asechanzas de Satanás y no caer en sus artimañas? En Efesios 4.22-24 encontramos una renovación - de cómo ser una nueva persona en Cristo:

"En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad".

En versículo 27 del mismo capítulo continúa "ni deis lugar al diablo". La versión popular DHH lo traduce así: "No le den oportunidad al diablo". Es decir que no hay que cederle ni un milímetro de terreno al diablo.

En el capítulo 6 de Efesios, versículos 10 al 20, leemos acerca de la armadura cristiana necesaria para vencer a Satanás. Pero junto con la armadura tiene que haber una entrega personal, por eso en los versículos 11, 13 y 14, Pablo enfatiza "Estad firmes".

En 1 Pedro 5.6-9 donde el diablo es pintado como un león rugiente, se nos anima a ser sobrios y velar. Además, en el versículo 7 dice: "echando toda vuestra ansiedad sobre él (Dios), porque él tiene cuidado de vosotros". Lo que es imposible para el hombre se hace posible para Dios. Tenemos que estar firmes, ¡pero debemos estar firmes con él!

En el versículo 9, Pedro dice: "al cual resistid firmes en la fe". No hay otra manera de vencer a Satanás excepto estar firmemente establecido en la fe, la fe en Jesucristo, nuestro Señor.

Y en Santiago 4.7 dice: "Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros". Sin someterse diariamente a Dios por medio de la obediencia a Jesús, Satanás ganará y nosotros perderemos... eternamente.

No seamos ignorantes en cuanto a las artimañas de Satanás, y no nos perdamos eternamente por causa de sus engaños. Nos conviene afianzarnos de la verdad que "... mayor es el que está en vosotros, que el que está en el mundo" (1Juan 4.4). Sólo con Dios podemos ganar - nunca sin él. ¡Cuidado con Satanás y sus asechanzas!

- Karl Jones

La Voz Eterna, Diciembre 1989

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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