¿ES TODA LA VIDA UNA VIDA DE ADORACION?
  

"Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra" (Mateo 2.11).

"Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares" (Mateo 4.8,9).

"Mientras él les decía estas cosas, vino un hombre principal y se postró ante él, diciendo: Mi hija acaba de morir; mas ven y pon tu mano sobre ella, y vivirá" (Mateo 9.18).

"Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén es el lugar donde se debe adorar" (Juan 4.20).

"Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres" (Mateo 15.9).

Los versículos anteriores son sólo cinco de las ochenta referencias que aparecen en el Nuevo Testamento sobre el término "adoración" o un vocablo similar. En cada uno se hace alusión a un acto hecho o lo que hace una persona en relación a otra.

Estas referencias no siempre se relacionan con la adoración dirigida hacia el Señor. Por ejemplo tenemos a los efesios venerando a la diosa Diana (Hechos 19.27).

El uso de la palabra adoración implica primeramente alguien a quien adorar; luego alguien que adore; en tercer instancia en un acto de adoración debe existir una especial actitud o espíritu involucrado en la adoración. Observe Juan 4.23-24: "Mas la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren. Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren".

Existe una marcada diferencia entre los eventos cotidianos de una vida común y los eventos de adoración citados en el Antiguo Testamento. I Samuel capítulo 1 versículo 3 nos da una buena ilustración sobre esto. Aquí se nos presentan los acontecimientos que rodearon al nacimiento de Samuel. Se habla de Elcana, quien pronto sería el padre de Samuel: "Y todos los años aquel varón subía de su ciudad para adorar y para ofrecer sacrificios a Jehová de los ejércitos en Silo". 

Nótese el punto que el propósito de su viaje a Silo era el adorar. Claramente él no estaba "adorando" en cada uno de sus quehaceres diarios. El adorar debía ser algo especial, tenía que hacer un viaje, tenía que planearlo anualmente, y cuando llegaba a Silo, debía realizar un sacrificio.

Encontramos otra ilustración en 1 Reyes. A raíz de la muerte de Salomón, el reino de Israel se dividió. Roboam se convirtió en rey de Judá. Jeroboam, el hijo de Nebat, se convirtió en el rey del reino del norte de Israel. Jeroboam pensó que el reino volvería a la casa de David: "Si este pueblo subiere a ofrecer sacrificios en la casa de Jehová en Jerusalén; porque el corazón de este pueblo se volverá a su señor Roboam rey de Judá, y me matarán a mí, y se volverán a Roboam rey de Judá" (1 Reyes 12.27). Así construyó dos altares, uno en Dan y otro en Bet-el. Allí colocó becerros de oro para que la gente adorara sin tener que ir a Jerusalén.

Una doctrina que recientemente se ha puesto en boga es la que establece que "todo lo que hacemos es un acto de adoración". Notemos primeramente lo que se enseña y luego veamos si esto concuerda con la enseñanza de las Escrituras.

Curtis Cates, director de la escuela de predicación en Memphis, Tennessee, escribe de su primera experiencia con esta doctrina en mayo de 1981, en la Universidad Cristiana de Columbia, Portland, Oregon. El director de cantos dijo en la capilla ante trescientos estudiantes que "por tanto todo lo que ejecutamos en la vida es adoración; no existe tal cosa como cinco actos de adoración". Continuó diciendo que el uso de la música instrumental era permitido.

El autor de este artículo tuvo sus primeras experiencias con esta enseñanza casi al mismo tiempo. Una congregación en Corpus Christi, Texas, se dividió. En una serie de sermones que precedió a la división, el predicador estableció lo siguiente: "Creo que la serie de estudios que tendremos los siguientes domingos confirmarán que la adoración enseñada por Jesús comienza en el momento que nos convertimos al cristianismo. Allí es cuando la adoración comienza, hermanos. Y según el Nuevo Testamento, jamás dejamos de adorar. Nunca se acaba". Luego en su serie de lecciones afirmaba: "Mucha gente indica que su vida se centra en lo secular y dedican muy poco a la adoración; pero ahora yo les digo que sabemos que no dedicamos solamente tres o cuatro horas a la semana para adorar, sino que es toda la vida. Esto significa, queridas damas hoy reunidas, que quiero que le sirvan a Dios con orgullo cada día, en donde quiera que estén. Si usted es una madre, esposa o una abuela y trabaja en casa lavando platos, haciendo las camas, cambiando pañales sucios o si trabaja en otro lado, quiero que se regocijen sabiendo que allí están glorificando, alabando y adorando a Dios, tanto como lo puede hacer otra persona".

Alguien escribió: "Cuando nos reunimos con otros cristianos el domingo, esto ciertamente es adoración. Sin embargo cuando salimos a trabajar de lunes a viernes, también continuamos adorando. Si servimos a alguien, es al Señor a quien servimos. Si nos preocupamos por los necesitados, nuestros actos llegan a Dios como adoración. Compartiendo lo que tenemos con los que no tienen es adoración (Hebreos 13.16), pues en las palabras de Jesús se confirma en Mateo 25.40: 'Lo que hagas por un pequeño de éstos... a mí lo haces'. Las palabras de consuelo que compartiste con la persona en problemas; las horas que pasaste junto al niño, vecino o amigo enfermo; y la carta de ánimo que escribiste a la persona solitaria; todo fue recibido como adoración ante el trono de Dios".

El punto básico que se enfatiza es que desde el momento que salimos de las aguas del bautismo, estamos adorando a Dios en todo lo que hacemos. Esta adoración continúa hasta que llegamos a la tumba. Mostraremos a lo largo de este estudio que este concepto es falso y contrario a las Escrituras.

Observemos primeramente el punto de confusión. Frecuentemente el maestro falso señalará la definición que presenta el diccionario sobre el concepto de adoración. El notará que la definición incluye "servicio", pero lo que se debe recordar es que el diccionario simplemente refleja el uso común de una palabra. Ese mismo diccionario definiría bautismo como "rociar o inmersión", reflejando siempre el uso común de un vocablo. No debemos permitir que el diccionario defina "adoración" ni "bautismo".

Ahora veamos lo que enseñan las Escrituras. Primeramente existe una clara distinción entre adorar y servir. Notamos los numerosos versículos del Antiguo Testamento en donde se usan ambos conceptos: "Le adoren y le sirvan" (Deuteronomio 4.19). "Echaron mano a dioses ajenos, y los adoraron y los sirvieron" (1 Reyes 9.9). "... fuereis y sirviereis a dioses ajenos, y los adorareis" (2 Crónicas 7.19).

Similarmente encontramos esta diferencia en el Nuevo Testamento: "Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás" (Mateo 4.10; Lucas 4.8); "...cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén" (Romanos 1.25).

Existen más versículos que podemos citar, pero estos son suficientes para probar la distinción entre "servicio" y "adoración". El servir es un término más amplio que el adorar. Por tanto, toda adoración a Dios es servicio a El, pero no todo el servicio a Dios es adoración. El rehusar reconocer dicha distinción trae como resultado confusión y desviación del concepto de la adoración bíblica.

Notamos que en la Biblia los hombres y ángeles se describen como servidores, pero no como adoradores al mismo tiempo. A nosotros se nos prohibe el adorar hombres (Mateo 4.10), pero se nos exhorta a que sirvamos a los huérfanos y a las viudas (Santiago 1.27), a todos los hombres y especialmente a los santos (Gálatas 6.10), "a todos los santos" (Filipenses 1.1), "como vuestros siervos por amor de Jesús" (2 Corintios 4.5). De los ángeles dice: "¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?" (Hebreos 1.14). ¿Acaso nosotros o los ángeles adoramos a aquellos a quienes servimos? ¿Qué acerca de Jesús que vino a ministrar (servir) al hombre? (Mateo 20.28). ¿Vino acaso a adorar al hombre?

A David se le describe como servidor "de su propia generación según la voluntad de Dios" (Hechos 13.36). ¿Habrá adorado a sus hombres cuando los sirvió como rey de Israel? Claramente "adoración" y "servicio" no son siempre intercambiables o sinónimos. El usarlas así sería contradecir a la propia Biblia.

A medida que estudiamos las Escrituras, vemos que las gentes de Dios siempre han ido y regresado de adorar. Abel trajo su sacrificio (Génesis 4.4). Noé igual (Génesis 8.20). Leemos de Abraham: "Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros" (Génesis 22.5).

Si la adoración es continua, ¿por qué Abraham habla de "ir a adorar"? Leemos que los hombres hebreos se movilizan para poder adorar (Deuteronomio 16.16; Exodo 34.23,25; Levítico 17.8,9). La mujer samaritana tenía esto en mente cuando Jesús le habló (Juan 4.20-21). María y José fueron a Jerusalén a adorar (Lucas 2.1-42).

¿Cuál fue su propósito al ir? Notemos lo que el apóstol Pablo establece: "Como tú puedes cerciorarte, no hace más de doce días que subí a adorar a Jerusalén" (Hechos 24.10-11). El específicamente vino a Jerusalén para adorar, no estaba adorando todo el tiempo. Jesús hablando a la iglesia de Filadelfia dijo: "...he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado" (Apocalipsis 3.9).

Existen vocablos tanto en hebreo como en griego usados para indicar "adorar" y "servie" y estos son distintos los unos de los otros. El espacio no nos permite desarrollar una completa discusión de estos términos. La principal palabra griega usada para indicar adoración es proskuneo, que significa "besar la mano", "postrarse", indicando un acto o acción específica.

Analicemos algunos problemas que surgen al adoptar la doctrina de "que todo lo que hacemos es un acto de adoración". Primeramente, si todo lo que uno hace es un acto de adoración, entonces uno no podrá adorar en forma equivocada. No se podría objetar el quemar incienso, usar el rosario, lavar los pies o dedicar bebés, ya que estas cosas no son intrínsecamente malas. Ya que la Biblia no condena el uso de música instrumental, ¿por qué no usarla, si todo lo que se hace en la vida es un acto de adoración? Si todo lo que hacemos en la vida es un acto de adoración, ¿qué hay con el planteamiento de las Escrituras sobre las mujeres como maestras en el programa de educación?

¿Cómo surgió dicha doctrina? Si Satanás puede difundir esta idea que cualquier servicio realizado constituye adoración, ¿qué importancia presenta la asistencia a la congregación? Si puedo adorar a Dios visitando a un enfermo o reparando un automóvil por poco dinero, ¿por qué molestarse en asistir a los servicios de adoración en la iglesia?

Claramente podemos observar hacia donde están conduciendo estas ideas satánicas. Conducen al hombre lejos de la iglesia y lejos de la adoración. La iglesia en Texas, que se dividió a causa de esta doctrina, dejó de tener sus reuniones de domingo en la noche, pues enseñaban que todo lo que hacemos en la vida es un acto de adoración.

¿Es esto así? Claramente, como lo hemos visto, la respuesta bíblica es NO. Lavar platos, cambiar pañales y cosas similares NO son actos de adoración; quizá sea servicio cristiano, si se hace para ayudar a otros, pero no son adoración.

Recordemos que tenemos muchas oportunidades para servir a Dios en nuestra vida. Sin embargo por sobre todas estas cosas contamos con la obligación y privilegio de adorar a Dios según la orden neotestamentaria.

Recuerde, adorar es servicio, pero no todo servicio es adoración.

- Ken Chumbley

- La Voz Eterna, Noviembre-Diciembre 1998

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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