Grandes Lemas del Movimiento de Restauración

 

 

A través de las edades aquellos exitosos en comunicar sus ideas a otros han sido capaces de recostar sus doctrinas en simples, fácilmente recordados, lemas. Salomón lo puso bellamente cuando dijo, "Manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene" (Prov. 25:11). En esta lección notaremos algunos de los grandes lemas de los pioneros de la Restauración del decimonoveno siglo.

1. "Ningún credo sino Cristo, ningún libro sino la Biblia."

En un mundo de sectas en guerra, cada una con su propio credo humano y pruebas de lealtad, nuestros hermanos confesaron ningún credo humano; sólo Jesús como el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mat. 16:18). Ellos no reconocieron algún documento como autoritario en materia religiosa sino el libro de Dios. Esa confesión que todas las almas sinceras de cada línea pueden confesar sin reserva, vergüenza o turbación. Con la Biblia inspirada como su guía, ellos pueden "ser perfectos, enteramente preparados para toda buena obra" (2 Tim. 3: 16-17). Confesar a Cristo y seguir la Biblia es una manera correcta y no puede ser equivocada.

2. "Haga las cosas de la Biblia a la manera de la Biblia; llame las cosas de la Biblia por los nombres de la Biblia."

Esta simple declaración golpea las corrupciones de la fe cristiana practicadas por los portavoces del denominacionalismo. A través de las edades el Catolicismo ha corrompido cada asunto de la fe. Las sectas protestantes todavía sostuvieron muchas prácticas romanas y hablaron su lenguaje corrupto. Como los hebreos en días de Nehemías, "la mitad de sus hijos hablaban la lengua de Asdod, porque no sabían hablar judaico... " (Neh. 13:24). Para traer a todos los creyentes a la unidad en Cristo, los restauradores vieron la necesidad de "devolver a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen el nombre de Jehová, para que le sirvan de común consentimiento" (Sof. 3:9). En lugar de los nombres humanos de identificación ellos tomaron el nombre dado por Dios, Cristiano (Hechos 11:26). Poniendo a un lado los términos "misa" y "eucaristía" ellos hablaron de "la Cena del Señor" (1 Cor. 11:10). En lugar de afusión, rociamiento o derramamiento ellos hablaron de bautismo como una "sepultura" (Rom. 6: 3-4). Ya no eran los predicadores llamados pastores, clérigos o padres; más bien ellos fueron llamados ministros, evangelistas, hermanos (Mat. 23: 8-9; 1 Tim. 4:6; 2 Tim. 4:5). El bautismo por inmersión fue administrado a los creyentes arrepentidos, no a sencillos infantes (Hechos 2:38; 8: 38-39). El vocabulario entero de la fe tuvo que ser restaurado. Haciendo así ellos disiparon la mayoría de la triste monotonía que había confundido a las personas.

3. "Donde las Escrituras hablan, nosotros hablamos; donde las Escrituras están calladas, nosotros estamos callados."

Esta verdad marca la diferencia fundamental entre la iglesia del Señor y el denominacionalismo entero. Los pioneros correctamente aprendieron que nosotros podemos hacer solamente lo que Cristo ha autorizado en su Nuevo Testamento. Nos dice específicamente que enseñemos a los hombres observar los mandamientos de Cristo (Mat. 28:20). De nuevo somos advertidos, "no pensar más de lo que está escrito" (1 Cor. 4:6). Ellos reconocieron que para agradar a Dios debemos respetar "el silencio de las Escrituras." Este principio es ilustrado en el caso de Nadab y Abiú. Ellos se encontraron con la muerte por ofrecer "fuego extraño que él nunca les mandó" (Lev. 10: 1-2). Predicadores cristianos que enseñaron a hermanos gentiles que ellos deben ser circuncidados fueron reprendidos por los apóstoles porque a ellos no se les había dado el mandato para hacerlo (Hechos 15: 1,23-24). No preguntamos dónde la Biblia prohibe el bautismo infantil o la música instrumental; preguntamos dónde estas cosas son autorizadas. Aquéllos que ignoran el silencio de las Escrituras abrieron una puerta de inundación a través de la cual mil corrupciones vierten en desenfreno.

4. "En asuntos de fe, unidad; en asuntos de opinión, libertad; en todas las cosas, caridad (amor)."

Estas palabras, primero habladas por Ruperto Meldenio, fueron bosquejadas por Thomas Campbell y puestas en su Declaración y Alocución. Ellas forman un plan factible de unidad en un mundo de creyentes dividido. Todas las almas devotas aceptan la Biblia como la Palabra de Dios. Todos están de acuerdo en los principios. Insta a los hombres que acepten humildemente lo que simplemente se enseña en la Escritura. El amor significa, para Jesús, guardar sus mandatos (Juan 14:15). Cristo salva a aquéllos que lo obedecen (Heb. 5: 8-9). En áreas inciertas y en asuntos de juicio todos son instados para conceder la más completa libertad a otros (Rom. 14: 4-5). Es en esta área de fe cristiana y práctica dónde la mayoría de nosotros ha tropezado. El eslogan de Campbell insiste en el amor fraternal como nutriente esencial para la unidad (Juan 13: 34-35). Podemos ser muy pacientes, perdonando y tolerando a aquéllos que amamos mucho.

5. "La verdad primero, unión después; y unión solamente en la verdad."

Este refrán de David Lipscomb fue expresado cuando un gran segmento de nuestros hermanos partió de la razón escritural para abrazar a las sociedades misioneras, música instrumental, sistema de pastor denominacional, predicadoras y una hueste de otras desviaciones. Mientras hacían así, esperaron que nuestros hermanos toleraran sus innovaciones y compañerismo bajo el disfraz de mantener la unidad. Nuestros padres respondieron con la advertencia de Juan "Cualquiera que se extravía y no persevera en la doctrina de Cristo no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo" (2 Juan 9). Recibir al falso maestro y darle la bienvenida lo hace un cómplice a uno de sus malas obras (2 Juan 9-11). Ellos notaron el encargo de Pablo "que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos" (Rom. 16:17). La verdadera unidad nunca puede ignorar el error; esto sólo puede lograrse cuando los hombres se encuentran en la verdad divina de Dios.

6. "Ser fiel a la verdad, oponerse al error, pero soportar la humanidad."

Este sabio refrán habló David Lipscomb a aquéllos que eran impacientes tratando con compañeros cristianos. Sin descontar el valor de la verdad o el deber para oponerse el error, insistió en tratar con paciencia a aquéllos que estaban en el error. No todos los cristianos están en el mismo nivel de madurez. No todos verán el peligro que usted puede ver. No todos tendrán la fuerza de convicción que usted tiene en este momento. No todos hemos tenido, o tomado el tiempo para estudiar un punto dado que está en discusión. "… los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles... " (Rom. 15:1). "Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo... " (2 Tim. 2: 24-26). Debemos reconocer la diferencia entre aquéllos que están entrando saliendo del error para entrar a la verdad y aquéllos que están dejando la verdad por el error. Hay una diferencia en aquéllos que están confundidos o engañados en un asunto y aquellos que son deliberados, falsos maestros destructivos. Nuestro objetivo debe ser salvar a tantas personas como sea posible en lugar de impedirles la salvación.

7. "Volver a Jesús, volver a la Biblia, volver a Jerusalén."

Estas palabras declaran la dirección en que estamos viajando. No somos progresistas partiendo de Cristo (2 Juan 9). Estamos buscando "los viejos caminos" en los que podamos andar (Jer. 6:16). La fe que fue una vez dada a los santos (Judas 3). Jesús es nuestro salvador, fundador y cabeza; no buscamos a ningún otro hombre. La Biblia es nuestra norma; ningún otro libro de doctrina necesitamos. La iglesia que empezó en Jerusalén hace unos 2,000 años es nuestro modelo.

8. "La única manera de hacer progreso en religión es regresando a la Biblia."

Esto nos recuerda que no debemos buscar modificar la iglesia para agradar al hombre moderno. Nos esforzamos por agradar solamente a Jesús (Gálatas 1:10). Agradamos a Dios y alcanzamos nuestra óptima efectividad por buscar "los viejos caminos" y andando en ellos (Jer. 6:16). Esto no sería verdad en cualquier otra institución, ley, libro o sistema. Lo que viene de la mano de hombre es anticuado y es pronto obsoleto. Pero lo que el Dios omnisciente crea es perfecto, eterno y siempre contemporáneo. "Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos" (Heb. 13:8). Así es la Biblia, y así puede ser la iglesia.]

Estos lemas no son inspirados; ellos no están para ser pensados como de la Escritura. Ellos son verdades que nos ayudan a recordar nuestro compromiso para ser solamente cristianos como eran aquellos santos en el primer siglo cristiano.

 

- John Waddey

- Internet Revista "firstcenturychristian"

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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