LA NUEVA HERMENÉUTICA

¿Una señal de apostasía?

Dos pasos importantes se toman para el estudio de la Biblia. El primer paso es descubrir qué es lo que el autor quiso decir originalmente a los lectores de su día. A este proceso se le llama exégesis y es fundamental en la tarea de estudiar la palabra de Dios.

Un segundo paso consiste en aplicar el mensaje bíblico original a nuestro día. Este paso se llama hermenéutica, una palabra que viene de la lengua griega y que significa "interpretación" o "explicación" (Gingrich y Danker, Shorter Lexicon of the Greek of the New Testament, 1983). Debido a la naturaleza de la Biblia como la revelación de Dios, no estamos satisfechos con un sistema de estudio que establece sólo el significado original del texto bíblico. Queremos saber qué es lo que ese mensaje original nos dice a nosotros ahora.

Hasta hace poco existía un consenso general entre los eruditos bíblicos de las iglesias de Cristo en cuanto a que podíamos hacer aplicaciones del antiguo mensaje a nuestros días por medio del uso de: (1) el mandamiento directo, (2) el ejemplo apostólico aprobado, y (3) la inferencia necesaria.

Tomás Campbell mencionó dos de estos principios en su "Declaración y Discurso" (1809) cuando él dijo, "Nada debe ser inculcado a los cristianos como artículos de fe; tampoco requerido de ellos como términos de comunión, excepto lo que es expresamente expresado y ordenado a ellos en la palabra de Dios. Tampoco debe ser algo admitido, como una obligación divina, en la constitución de la iglesia del Nuevo Testamento; ya sea en términos expresos o por un precedente aprobado".

Nosotros hemos utilizado estos tres conceptos (mandamiento directo, ejemplo apostólico aprobado e inferencia necesaria), no por nuestra herencia del Movimiento de Restauración, sino porque creemos que siguen el modelo empleado por Jesucristo cuando él aplicó las enseñanzas inspiradas del Antiguo Testamento a su propio tiempo y circunstancia. Jesús, por ejemplo, utilizó el mandamiento directo como base de autoridad en Mateo 15, cuando él condenó a los fariseos y los maestros de la ley por quebrantar "el mandamiento de Dios por vuestra tradición" (versículo 3). El mandamiento de Dios debía ser lo definitivo, pero los líderes religiosos de este tiempo invalidaban el mandamiento por imponer lo que ellos creían que el mandato decía. Este es el juego que siempre han jugado todos los enemigos de Dios.

De nuevo vemos que Jesús empleó el ejemplo aprobado como base de su autoridad en Mateo 12 cuando él defendió a sus discípulos por haber recogido unas espigas de trigo para comer en día sábado. Se refirió al ejemplo de David y sus compañeros que comieron el pan consagrado para satisfacer su hambre, cuando en realidad ese pan podía ser consumido estrictamente sólo por los sacerdotes (versículo 4). Por este ejemplo aprobado él estaba mostrando que las leyes del Sábado nunca fueron puestas para dañar al hombre, sino para ayudarlo. La lección, desde el punto de vista de la hermenéutica, es que la gente que lee las Escrituras debe aprender, no solamente del mandamiento directo de Dios sino también de los ejemplos de la vida real que Dios aprueba.

Finalmente, Jesús utilizó la inferencia necesaria como base para establecer la resurrección de los muertos en Mateo 22, y dijo que si los saduceos hubieran puesto atención al tiempo de un verbo que fue dicho case 2,000 años antes, ellos hubieran sabido que hay vida después de la muerte. Se suponía que los estudiosos de las Escrituras deberían conocer y aplicar la inferencia. Jesús dedujo, en base a lo que Dios había dicho, "yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob" (versículo 32), que había vida después de la muerte porque él "no es Dios de muertos, sino de vivos".

Aunque nos hemos afianzado en una base bíblica sólida con el uso de estos tres principios para aplicar el mensaje bíblico a nuestros días, los eruditos bíblicos más perspicaces están conscientes de que el mandamiento directo, el ejemplo apostólico aprobado y la inferencia necesaria son una versión taquigráfica de nuestra hermenéutica. No hay ningún estudioso conocido entre nosotros que haya sostenido que estos tres principios comprenden toda la naturaleza de la interpretación bíblica o hermenéutica.

El sentido común y la lógica, por ejemplo, han sido esenciales para la aplicación del método del mandamiento directo, ejemplo apostólico aprobado y la inferencia necesaria. Con el uso del sentido común y la lógica hemos sido capaces de distinguir los mandamientos y ejemplos que aplican a nuestro tiempo. Aunque el mandamiento directo "Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas" (2 Timoteo 4.13) fue dicho por el apóstol Pablo, el sentido común nos dice que este mandato no aplica directamente a nosotros. Tampoco obedecemos literalmente el mandamiento directo "saludaos unos a otros con ósculo santo", aunque sí es más común que nos demos un apretón de manos o un abrazo.

Quisiéramos a veces una hermenéutica que contestara a cada interrogante en una forma tan clara que el sentido común y la lógica no fueran necesarios. Sin embargo esta idea espera demasiado. Pablo y sus compañeros tuvieron que hacer uso de la lógica y el sentido común para interpretar el llamado macedónico (Hechos 16.10). Así que no debe sorprendernos, pues, que la lógica y el sentido común sean una parte necesaria de nuestra hermenéutica. A pesar de algunas dificultades de la hermenéutica usada por Jesucristo, hemos sido capaces de restaurar el cristianismo en un alto grado en el siglo veinte por aplicar su método a nuestro tiempo.

La confirmación de este hecho la podemos encontrar en el trabajo de los eruditos de otros grupos religiosos que han estudiado el cristianismo del Nuevo Testamento. Una y otra vez ellos llegan a conclusiones virtualmente idénticas a las nuestras cuando ellos describen - independientemente de sus fallas denominacionales - las creencias y prácticas de la iglesia del primer siglo. Ellos no siempre ponen en práctica lo que aprenden porque esto está en contra de lo establecido por sus denominaciones. Pero ellos son capaces de restaurar, al menos en su mente, las creencias de la iglesia del primer siglo.

Como muchos otros en las iglesias de Cristo, yo he viajado mucho y he tenido la oportunidad de dialogar sobre las Escrituras con líderes de numerosos grupos religiosos. Nunca he encontrado un grupo que se acerque tanto a las enseñanzas restauradoras y las prácticas de la iglesia original que se encuentra en el Nuevo Testamento como creo que lo hacen las iglesias de Cristo. Debemos mucho a aquellos que tuvieron el valor de confrontar la hostilidad de los líderes sectarios, y a menudo sufrir la pérdida de lazos familiares con el fin de deshacerse de las ideas religiosas tradicionales y retornar al Nuevo Testamento como guía en todo asunto religioso.

Es triste ver que en la actualidad existe un fuerte movimiento entra la hermandad que intenta echar abajo el método de Jesucristo que ha sido delineado en este artículo. Esta innovación en nuestra hermandad se ha denominado "la nueva hermenéutica". Aunque todos estamos de acuerdo con que necesitamos refinar nuestra hermenéutica, y que esto es algo bueno, es mi convicción que descartar la hermenéutica de Jesús - y también la nuestra - y reemplazarla por una "nueva hermenéutica" puede conducir a la iglesia de la apostasía. El resto de este artículo tratará de algunos conceptos que yo creo son inherentemente peligrosos de la nueva hermenéutica.

Primero, los que abogan por la nueva hermenéutica creen que no hay regla divina para determinar la hermenéutica que nosotros debemos emplear. Aunque ellos no llegan al extremo de decir que una hermenéutica es tan buena como la otra, no creen que nosotros debemos sostener que la nuestra es la correcta y la única buena. Esta posición desde luego nos descontrola totalmente porque - aunque reconozcamos a las Escrituras como nuestra autoridad - no tenemos acceso a esa autoridad y aplicarla a nuestro tiempo.

Una opinión sobre un texto bíblico se hace tan válida como cualquier otra. Tal manera de estudiar las Escrituras es inaceptable. Es inaceptable porque está fuera de armonía con la manera en que Jesús y otros hombres inspirados consideraron la revelación escrita de Dios. En última instancia debemos volvernos a la manera en que Jesús y otros hombres inspirados utilizaron las Escrituras para saber qué hermenéutica debemos usar para tener acceso a la autoridad de Dios. ¿Queremos saber cómo aplicar el texto antiguo a nuestros días? Imitemos a Jesús y sus apóstoles. Si seguimos el ejemplo de ellos, nuestra hermenéutica estará firmemente cimentada en el antecedente divino y no en cualquier método que haya estado a nuestro alcance.

Segundo, la nueva hermenéutica pone en tela de juicio el esfuerzo de restaurar la iglesia del Nuevo Testamento como algo deseable. Sus representantes a veces dicen: "¿Qué iglesia va usted a restaurar? ¿La de Jerusalén, la de Corinto o de Laodicea?" Ellos obviamente han perdido de vista el punto. Los pensadores de la Restauración nunca han insistido en la total restauración de una iglesia local en particular del primer siglo, sino más bien la iglesia como estuvo en la mente de Dios y que fue revelada por medio del Espíritu Santo a hombres inspirados. Es esta iglesia que estuvo en la mente de Dios la que provee el patrón o modelo que debemos seguir. Renunciar a restaurar la iglesia como estuvo en la mente de Dios es invitar a cada grupo a desarrollar sus propios conceptos de adoración, organización eclesiástica, plan de salvación y moral. ¿Por qué? Porque no hay modelo a seguir.

En tercer lugar, los que abogan por la nueva hermenéutica enseñan que como somos salvos por gracia, a Dios no le preocupa si seguimos o no el modelo de la iglesia del Nuevo Testamento, aun si éste pueda ser descubierto. Así que, ¿qué problema hay si en el primer siglo no se usaban instrumentos musicales y hoy sí los utilizan algunos (en la adoración)? Esto realmente no importa dicen ellos, porque nuestra salvación es por gracia. No es sorprendente que esta forma de interpretación de las Escrituras también propiciará una debilitación de la fe en la necesidad del bautismo para la remisión de los pecados. Recientemente escuché de un grupo que se estaba preparando para separarse de una congregación local de la iglesias de Cristo. El grupo no pudo funcionar independientemente porque los disidentes no se podían poner de acuerdo en que si el bautismo era o no para la remisión de los pecados.

En cuarto lugar, los que defienden la nueva hermenéutica están convencidos de que el Nuevo Testamento está tan lleno de la cultura del primer siglo que no podemos tomar así no más las enseñanzas del Nuevo Testamento sin antes purificarlas de su tinte cultural. Todos nosotros entendemos que algunas enseñanzas del Nuevo Testamento tienen su base en situaciones culturales particulares (tal como el "ósculo santo" que ya se mencionó), pero eso no justifica el descartar cualquier instrucción bíblica que no nos guste porque creamos que es "cultural". La enseñanza en 1 Timoteo 2 concerniente al silencio que la mujer debe guardar en la asamblea es un caso típico. Hay algunos en la hermandad que están diciendo que la enseñanza de Pablo allí está basada estrictamente en el papel cultural que la mujer desempeñaba en la sociedad del primer siglo.

¿No es interesante acaso ver que la controversia respecto al papel de la mujer en la iglesia de hoy se manifiesta al mismo tiempo que el movimiento feminista que está imponiendo demandas sobre nosotros? Me parece que hay mucho mayor peligro de apostasía en acomodar la enseñanza del Nuevo Testamento a la cultura moderna que en insistir sobre el silencio de la mujer en la asamblea - no por demandas culturales del primer siglo, sino por lo que el Espíritu Santo establece en 1 Timoteo 2.13. La mujer debe guardar silencio en la asamblea por lo que sucedió siglos atrás en el jardín del Edén. El mandato no tiene nada que ver con la cultura del primer siglo.

Finalmente, la nueva hermenéutica socava el concepto que las Escrituras son la autoridad escrita de Dios. Unos dicen que los Evangelios son más importantes que las Epístolas. Nos dicen que las Epístolas, por ejemplo, no son una "constitución" autoritaria para ser obedecidas, sino más bien son un conjunto de "cartas de amor" o "epístolas casuales" escritas por los escritores interesados en sus amigos cristianos. Existen varias conclusiones lógicas que resultan de estos conceptos. Vamos a mencionar dos.

En primer lugar, hay algunos que afirman que las palabras de Jesús son más importantes que las palabras de Pablo o Pedro. Con esa falsa idea en mente es fácil eliminar las enseñanzas de Pablo concernientes a la música en la adoración, los requisitos para los ancianos, el papel de la mujer en la iglesia y el propósito del bautismo, y concentrarse exclusivamente en las cartas rojas de los Evangelios.

En segundo lugar, si las Escrituras son sólo "cartas de amor" no podríamos - y en realidad no deberíamos - tratar de descubrir la voluntad final de Dios concerniente al matrimonio y el divorcio, nuestra relación al gobierno civil, el plan de salvación o el modelo para la vida moral. En otras palabras, cuando se considera que la mayoría del contenido del Nuevo Testamento es solamente un conjunto de pensamientos de algún viejo amigo, terminamos teniendo un libro raro de los tiempos antiguos que contiene cierto material que vale la pena estudiar, pero que hoy no comprende ninguna obligación para nosotros. Tal concepto de las Epístolas no cuadra ni con la promesa de Jesús (Juan 16.13) ni con las enseñanzas de los apóstoles (1 Corintios 14.37).

Vamos a ponernos alertas en cuanto a la predicación y la enseñanza que estamos escuchando hoy en día. No nos dejemos llevar por las apariencias, que tal o cual predicador sea guapo e inteligente, joven y respetable, y es hora de que empecemos a escuchar lo que realmente se esté diciendo. Si no tomamos responsabilidad por nuestras propias almas y no hacemos nuestro propio estudio de la Biblia, nosotros y nuestros hijos seremos desprendidos de las raíces de la verdad bíblica.

- Dr. Howard W. Norton

La Voz Eterna, Julio-Agosto 1992

Vía Gospel Advocate, Febrero 1992

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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