EL HOGAR CRISTIANO
  

Cuando Dios creó el mundo físico él puso en el jardín de Edén todo el ambiente necesario para que la primera pareja humana disfrutara de una vida fructifica, abundante y placentera. Todo lo hizo a su tiempo y en su momento para que el hombre y la mujer habitasen en plena comunión con el Creador y en armonía perfecta con la naturaleza.

El hombre fue la expresión cumbre de la creación. Por lo tanto la unión conyugal del hombre con su mujer fue la primera institución divina. Y por su excelencia la más importante en el orden de la creación del universo físico. Sólo la iglesia, por ser de orden espiritual y divino, le excede en grado y excelencia (Efesios 5.23-27). Por esta razón es importante que la familia cristiana refleje la luz, diseño y el propósito original de Dios para la misma. Este estudio es para ayudar a investigar lo que la Santa Escritura a través de sus escritores inspirados dicen sobre el particular. Desde que el hombre cayó en pecado ha tratado de distorsionar, alterar y sobre todo desfigurar la imagen santa y pura del matrimonio. Por consiguiente nuestra labor principal es restaurar los principios divinos y eternos que rigen el matrimonio y el hogar, aun dentro de los diferentes contextos culturales.

El matrimonio según Dios

Visto a la luz de las Escrituras (Génesis 2.18-24)

El matrimonio fue y es un arreglo divino, para que el hombre con su mujer pudieran disfrutar de las bendiciones del mismo en este planeta tierra. Es por lo tanto una relación humana, terrenal regida por leyes celestiales. Esta ha sido establecida y decretada por Jehová, Jesucristo y el Espíritu Santo. El matrimonio no puede ser llevado a nuestra futura vida en los cielos.

El matrimonio

No es una ordenanza o sacramento de la iglesia

Siendo que es instituido por Dios, sólo él a través de su palabra santa se reserva el derecho de legislar sobre el pacto matrimonial. La historia religiosa nos da testimonio del matrimonio eclesiástico. Por ejemplo: La Iglesia Católica Romana durante la Edad Media había desarrollado un sistema político-religioso de anular las uniones matrimoniales si éstas no reunían los requisitos de su conveniencia. Así logró ejercer control y dominio aun en los matrimonios realizados por la nobleza.

Por otro lado la influencia religiosa sobre el matrimonio ejercido por la Iglesia Católica Romana ha sido muy fuerte, tanto que las denominaciones evangélicas-protestantes hasta algunos sectores muy conservadores de la iglesia de Cristo creen en el matrimonio eclesiástico. Siendo que el matrimonio fue instituido por Dios en el Edén, antes que nuestro Señor fundara su iglesia, ésta no tiene autoridad de constituir ni disolver un matrimonio, no tiene jurisdicción sobre el mismo. Lo único que puede hacer es enseñar lo que Dios ha mandado acerca de esta unión santa y velar para que las parejas cristianas vivan de acuerdo a la voluntad de Dios, expresada en su palabra.

No tiene ni debe ir más allá de lo que está escrito o tratar de alterar o frustrar cualquier precepto o doctrina dado por Dios, el único legislador del matrimonio. Entonces la iglesia no puede prohibir el matrimonio de aquellos que cumplen con lo estipulado por el Señor para contraerlo. Tampoco le pude imponer. Hay unos ministros poco informados en la palabra de Dios que imponen el matrimonio a jovencitos adolescentes que han cometido fornicación diciéndoles que si no se casan los "cortamos de comunión". Esto es completamente absurdo, improcedente y fuera de todo orden, porque el matrimonio no se debe contraer porque se ha caído en inmoralidad sexual, sino por una decisión basada en sano juicio, motivada por el amor, respeto y sobre todo por el anhelo sincero puro y santo de unir sus vidas, hasta que la muerte los separe.

Lo que debieron enseñar estos ministros es el arrepentimiento del pecado. Y si después del arrepentimiento sin pasión sexual desordenada de por medio, en sano juicio y movido por el amor verdadero quieren unir sus vidas, sin presión ni coerción ni chantaje de ninguna clase, proceden a casarse, ¡gloria a Dios! Muchos de estos ministros insensatos han arruinado la vida de muchas parejas con semejantes imposiciones absurdas e improcedentes.

La secularización del matrimonio

Durante la Reforma Protestante, Martín Lutero y Juan Calvino fueron de la idea que el matrimonio es santo, pero no sacramento, que pertenece al orden de la creación, no de la redención. Por tal razón concluyó Lutero que el matrimonio debe ser administrado por el Estado, por medio de un juez u oficial competente. El creía que el ministro podría realizar la ceremonia religiosa, pero que no podía constituir el matrimonio, a menos que estuviera revestido de poder y autoridad judicial actuando por mandato o representación del Estado, dado por una autoridad competente Llegó a esta conclusión interpretando erróneamente Romanos 13.1-7.

Se creía que según estos pasajes, el gobierno humano tiene poder y jurisdicción sobre el matrimonio, de constituirlo y de anularlo según las leyes de cada país. Sin embargo esta es una conclusión muy errónea, porque Dios es el que junta el matrimonio, al hombre y a la mujer, cuando éstos han cumplido los requisitos que él ha establecido en su palabra. Lo mismo se da con el divorcio y nuevas nupcias. Dios establece en las Santas Escrituras las causas legítimas que son: Por fornicación o la muerte del cónyuge (Mateo 19.9; Romanos 7.1-7).

También hay que tomar en cuenta como dijimos anteriormente, que el matrimonio siendo instituido por Dios, tampoco es del Estado, porque el Estado sólo le otorga reconocimiento jurídico, y está en la obligación de protegerle, y establecer condiciones sociales de salud, culturales y educativas para que la familia se conserve y desarrolle.

La matrimonio es de Dios

Desde esta perspectiva, de todo lo que se ha dicho sobre este tema tan importante, existe una sola interpretación correcta en cuanto al matrimonio y es la que Dios declaró y estableció desde el principio. "Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne" (Génesis 2.18-23,24). También Jesús lo reafirmó en Mateo 19.4-12 diciéndoles a los religiosos de su tiempo: "¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Por tanto lo que Dios juntó, no lo separe el hombre".

Así que el matrimonio es santo, y honroso - porque es Dios el que lo constituye.

"Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla..." (Hebreos 13.4).

- Luis E. García Urroz

La Voz Eterna, Julio-Agosto 1999

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Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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