LA HOSPITALIDAD
 

La hospitalidad es una labor que la mujer puede desempeñar. La hospitalidad no debe ser algo forzado; se debe hacer de todo corazón para que sea recompensada por Dios. Es un fruto del Espíritu.

La hospitalidad es algo bello. Usted tiene o tendrá la oportunidad de tratar a los visitantes, llegar a conocerlos, aprender lo bueno y desechar lo malo. Cuando usted ejercita la hospitalidad, amplía su mundo cristiano y se edifica, principalmente cuando recibe visitas que son espirituales. Usted no debe desfallecer cuando le toque huéspedes que apenas están aprendiendo como llevar la vida cristiana. En este caso, se le presentará la oportunidad de aconsejar a los que requieren consejo. "Hospedaos los unos a los otros sin murmuraciones" (1 Pedro 4.9).

La hospitalidad traerá bendición a quien la practique. "No os olvidéis de la hospitalidad, porque por ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles" (Hebreos 13.2). Además, al practicar la hospitalidad, usted podrá experimentar el grado de paciencia, amor, aceptación y madurez de su vida cristiana, "compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad" (Romanos 12.13).

Nosotros podemos dar varias excusas para no desempeñar la labor de hospedar; podemos decir que en esta época moderna las mujeres tenemos más ocupaciones que en tiempos pasados. Podemos decir que estudiamos, trabajamos fuera y dentro de la casa, participamos en la educación de los hijos. Pero la verdad es que las mujeres en cada época han tenido sus ocupaciones.

Las mujeres del pasado nos dejaron bellos ejemplos a seguir. Entre ellas tenemos a mujeres como Sara, Marta y María, quienes se esforzaron por atender bien a sus visitantes. En el caso de Sara, la Biblia nos dice que tres forasteros se presentaron al hogar de Abraham y Sara, y ésta se puso a amasar harina para hacer un pan (Génesis 18.6). Ella pudo haber dicho no a tal orden dada por Abraham. Si ella no hubiera sido temerosa de Jehová y deseosa de hacer su voluntad, con toda probabilidad algún mozo se hubiera encargado de hacer el trabajo que a ella le correspondía. También la Biblia nos narra el caso de María y Marta. Marta estaba afanada en los quehaceres de la casa. Tal vez ella quería que Jesús mirara siempre su casa limpia para que se sintiera cómodo, especialmente si ella deseaba ofrecerle alimento. María por su parte atendía a Jesús, brindándole atención sentada a sus pies, mientras él hablaba (Lucas 10.38-40).

Estas mujeres desempeñaron bien su labor al hospedar y atender bien a sus visitantes. Nosotras las mujeres debemos aprovechar la oportunidad que Dios nos está dando para que hospedemos con amor a todo el que lo necesite. ¡Nunca hay que olvidar que algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles!

- Patricia T. de Medina

La Voz Eterna, Octubre 1987

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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