LA IGLESIA DISEÑADA POR EL SEÑOR

Antes que Israel comenzara a construir el tabernáculo en el desierto, su primer lugar de adoración, Dios dijo a Moisés que hiciera todo conforme al diseño (modelo) que le había dado (Exodo capítulos 25 - 28). Vemos con claridad que Dios dio las instrucciones de cómo elaborar el tabernáculo y también las cosas dentro y fuera de él, conforme al plan divino. Moisés tenía dos caminos abiertos: desobedecer para hacer todo conforme a sus propias ideas, aunque fuesen pequeñas variaciones, u obedecer, y hacerlo todo conforme con el modelo que Dios le mostró. Moisés aceptó las ordenanzas de Dios, y así cumplió con su voluntad.

Toda vez que Dios reveló al hombre un plan, el hombre era obligado a hacerlo como el Señor lo quería. Noé recibió instrucciones de cómo construir el arca. Era una obra inmensa. Noé pudo hacerla, pues se atenía al modelo divino (Génesis 6.14-22).

La iglesia de Cristo es su cuerpo, del cual el Señor es la Cabeza (Efesios 1.22-23). Este es el modelo divino. La iglesia son los miembros del cuerpo (1 Corintios 12.27). Nuestro cuerpo no viviría sin la cabeza, que dirige todo. Nadie puede dirigir nuestra cabeza. Nuestra cabeza dirige nuestro cuerpo (Juan 15.5). Cristo es la Cabeza de la iglesia, y él dirige su iglesia. La Biblia no habla de substitutos humanos.

La organización de la iglesia requiere ancianos, que también se llaman pastores o presbíteros (1 Timoteo 3.1-7). Luego encontramos en una congregación local los diáconos (1 Timoteo 3.8-13). Dios puso en la iglesia evangelistas (predicadores) y maestros (Efesios 4.11-12). Así es el plan de Dios, así es su modelo. Ahora bien, el hombre puede hacerlo, y complacer a Dios, o rechazarlo y desagradar a Dios. Una iglesia que no es edificada conforme al modelo divino, no es la iglesia diseñada por Dios.

Llegamos a ser cristianos, no por la aceptación de un plan de salvación incompleto, sino por aceptar el plan de Dios completo. Este consiste de: (1) fe (Hebreos 11.1,6); (2) arrepentimiento (Hechos 2.38); (3) confesión de fe en Cristo (Romanos 10.9-10; Hechos 8.37). Finalmente, (4) interviene el bautismo en agua (Romanos 6.1-10; Hechos 2.38). Tal es el plan de Dios para salvar al hombre. Si decimos que la fe sola es suficiente, no nos atenemos al plan divino.

Cuando Dios ordena algo, hay un propósito claro en cada acción que el hombre debe hacer por la obediencia. Si cambiamos el plan de Dios, rechazamos la autoridad de Cristo (Mateo 28.18-20).

El mismo problema encontramos en cuanto a la vida moral cristiana. De hecho podemos decir que todo depende de la obediencia, la voluntad de vivir según el evangelio. El amor y la misericordia constituyen los factores más importantes de nuestra vida diaria. Nuestra relación con Dios será establecida por nuestra relación con nuestros semejantes. Dios estableció un modelo (diseño) de vivir que se basa en el amor hacia él y nuestro prójimo.

Si el Nuevo Testamento es la inspirada palabra de Dios, si el evangelio es el último mensaje de Dios para la raza humana, hemos de aceptarlo como tal; y también hemos de hacer nuestro el diseño (modelo) con que el Dios eterno, en Cristo su Hijo, se comunica con todas las naciones de la tierra. Si se tuerce el mensaje de Dios, se rechaza al Señor.

Si interpretamos mal el mensaje de Cristo, actuamos con incredulidad y un aire de superioridad. El evangelio se hace vacío si los hombres no lo aceptan según el modelo divino.

Volver a Dios significa volver al mensaje del evangelio.

- Hans Dederscheck, Viena, Austria

- La Voz Eterna, Enero-Febrero 1998

"Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautizate, y lava tus pecados, invocando su nombre" (Hechos 22.16).

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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