LAS IGLESIAS DE CRISTO: ¿QUE SON? 
  

Usted ha oído quizás de las iglesias de Cristo. Probablemente se habrá preguntado: ¿Qué es la iglesia de Cristo? ¿En qué se distingue de tantas otras iglesias que existen hoy en el mundo? ¿Cuál es su mensaje? ¿Cómo se gobierna? ¿Cómo hace sus reuniones de adoración? ¿Qué cree respecto a la Biblia? A continuación se intenta dar una respuesta a esas interrogantes.

Son gente con un espíritu de Restauración

Los miembros de las iglesias de Cristo son gente con un espíritu de restauración, es decir, desean restaurar la iglesia del Nuevo Testamento. El doctor Hans Küng, un bien conocido teólogo europeo, hace unos años publicó un libro titulado "La Iglesia". En su libro el doctor Küng lamenta el hecho que la iglesia se haya extraviado de su camino a través de los siglos; que haya sido servilmente sometida a las tradiciones humanas, y que haya fracasado como la iglesia que Cristo quería que fuera.

La única solución, de acuerdo al doctor Küng, es regresar a las Escrituras para poder apreciar la iglesia como era al principio, y recobrar en el siglo veinte la esencia de la iglesia original. Es precisamente esto lo que las iglesias de Cristo están tratando de hacer.

A fines del siglo dieciocho, hombres de diferentes denominaciones comenzaron, independientemente, a estudiar la palabra de Dios en diferentes partes del mundo, y se preguntaban:

¿Por qué no romper las barreras del denominacionalismo e ir más allá, a la simplicidad y pureza de la iglesia del primer siglo?

¿Por qué no usar solamente la Biblia, y perseverar una vez más "en la doctrina de los apóstoles" (Hechos 2.42)?

¿Por qué no sembrar la misma semilla que sembraron los cristianos del primer siglo, y ser lo que eran ellos, cristianos solamente?

Los restauradores del siglo dieciocho estaban haciendo un llamado al mundo religioso cristiano a despojarse de sus prácticas denominacionales, a despojarse de credos humanos y a seguir solamente la Biblia. Su instrucción enfatizaba que nada debía enseñarse a la gente como actos de fe, sino sólo aquello que era evidente en las Escrituras.

Ponían en claro que el retorno a la Biblia no significa el establecimiento de otra denominación, sino el retorno a la iglesia original. Los miembros de las iglesias de Cristo hoy abrazan con entusiasmo lo propuesto por los restauradores del siglo dieciocho. Teniendo la Biblia como nuestra única guía, buscamos en ella la forma original de la iglesia para restaurarla.

No consideramos que nuestro empeño sea un acto de arrogancia, sino todo lo contrario. Decimos que no tenemos el derecho de demandar la lealtad de los hombres a una organización humana - sólo poseemos el derecho de invitar a los hombres a seguir el modelo divino.

No se trata de una denominación

Por tal razón, no estamos interesados en los credos de manufactura humana, sino simplemente en el patrón trazado en el Nuevo Testamento. No nos consideramos una denominación - ni católicos, ni protestantes, ni judíos - sino sencillamente miembros de la iglesia que nuestro Señor Jesucristo estableció y por la cual se entregó. A propósito, esa es la razón por la cual hacemos uso de su nombre. La frase "iglesia de Cristo" no es usada como una designación denominacional, sino más bien como descriptiva, para indicar que la iglesia pertenece a Cristo. Reconocemos nuestras faltas y flaquezas individuales - y es por esta causa que con mayor razón queremos seguir cuidadosamente el plan perfecto de Dios para su iglesia.

La unidad debe estar basada en la Biblia

Puesto que Dios depositó "toda autoridad" en Cristo (Mateo 28.18), y puesto que Cristo es hoy el portavoz de Dios (Hebreos 1.l,2), estamos convencidos de que sólo Cristo tiene la autoridad para declarar lo que la iglesia debe ser y lo que nosotros debemos enseñar.

Y puesto que es el Nuevo Testamento el que pone en manifiesto las instrucciones de Cristo para sus discípulos, éste entonces debe reconocerse en toda enseñanza y práctica religiosa. Esto es un principio fundamental entre los miembros de las iglesias de Cristo. Creemos que el Nuevo Testamento es el único medio por el cual podemos conducir a hombres y mujeres a convertirse a Cristo.

Creemos que la división religiosa es mala. Jesús oró por la unidad de los creyentes (Juan 17). Más tarde, el apóstol Pablo rogó que se unieran los que se encontraban divididos en facciones (1 Corintios 1).

Creemos que la única manera de lograr la unidad es la del regreso a la Biblia. Cualquier tipo de compromiso no podrá lograr la unidad. Y por supuesto que, ninguna persona, ni grupo alguno de personas, tiene el derecho de elaborar las normas a las que todo mundo ha de someterse. Pero con toda propiedad sí se puede decir, "unámonos, siguiendo solamente la Biblia". Esto sí es justo. Esto sí es seguro. Esto sí es correcto.

De manera que el llamado a la unidad que las iglesias de Cristo hacen está basado en la Biblia. Creemos que el suscribirse a cualquier otro credo que no sea el Nuevo Testamento, el rehusar obedecer cualquier mandamiento en el Nuevo Testamento, o el seguir cualquier práctica religiosa no contenida en el Nuevo Testamento, es añadir o sustraer a las enseñanzas de Dios. Y ambos el añadir y el sustraer de la palabra de Dios es condenado por las mismas Escrituras (Gálatas 1.6-9; Apocalipsis 22.18-19). Es esta la razón por la cual tenemos en las iglesias de Cristo el Nuevo Testamento como nuestra única regla de fe y práctica.

Cada congregación es autónoma

Las iglesias de Cristo están libres de todas las ataduras de la burocracia moderna. No hay mesas directivas de gobierno distrital, ni regional; ni existe organización nacional o internacional - no hay una sede terrenal, ni organización de diseño humano. Cada congregación es autónoma (gobernada por sí misma) e independiente de cualquier otra congregación. La única ligadura que une a las congregaciones es su lealtad común a Cristo y a la Biblia.

No hay en las iglesias de Cristo convenciones, ni asambleas anuales, ni publicaciones oficiales. En cambio, las congregaciones sí cooperan en el sostenimiento de orfanatos, asilos de ancianos, trabajo misionero, etc. Sin embargo, su participación es estrictamente voluntaria por parte de las congregaciones; ninguna persona o grupo elabora reglamentos o hace decisiones en favor de otras congregaciones.

Cada congregación es gobernada localmente por una pluralidad de ancianos seleccionados de entre sus propios miembros. Estos deben ser hombres que llenen los requisitos para su ministerio que se especifican en 1 Timoteo 3 y Tito 1.

También existen diáconos en cada congregación. Ellos también deben ser hombres capacitados de acuerdo a las especificaciones bíblicas de 1 Timoteo 3.

Actos de adoración

El servicio de adoración en las iglesias de Cristo se centra en cinco actos, los mismos que observaba la iglesia del primer siglo. Creemos que es importante seguir el modelo bíblico. Jesús dijo: "Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren" (Juan 4.24).

De esta declaración del Señor aprendemos tres cosas:

1) Que nuestra adoración debe ser dirigida al objeto correcto - Dios.

2) Que debe ser el resultado de un espíritu sincero.

3) Que debe estar en armonía con la verdad.

Adorar a Dios en conformidad con la verdad, es adorarle conforme a su Palabra, porque su Palabra es verdad (Juan 17.17). Por consiguiente, no podemos incluir ninguna ordenanza que no esté en su Palabra.

En asuntos de religión debemos movernos por fe (2 Corintios 5.7). Puesto que la fe viene por oír la palabra de Dios (Romanos 10.17), cualquier cosa no autorizada por la Biblia, no puede ser practicada por fe... y todo aquello que no proviene de fe, es pecado (Romanos 14.23).

Los cinco actos de adoración practicados por la iglesia del primer siglo eran cantos de alabanza, oración, predicación de la Palabra, ofrenda, y la participación de la Cena del Señor.

El canto de alabanza es a capella

Una de las cosas que con mayor frecuencia nota la gente en las iglesias de Cristo es la ausencia de instrumentos musicales en su adoración. En efecto, el canto a capella es la única música que se usa en la adoración.

La razón, expuesta en forma sencilla es ésta: deseamos adorar a Dios en conformidad con el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento no incluye la adoración con instrumentos musicales; por consiguiente, nosotros también creemos que es correcto y seguro que tampoco los incluyamos en la adoración. Si los usáramos, estaríamos haciendo algo que el Nuevo Testamento no autoriza.

Hay sólo ocho versículos en el Nuevo Testamento que hablan respecto al tema de la música en la adoración. Estos son:

"Y cuando hubieron cantado el himno, salieron al monte de los Olivos" (Mateo 26.30). "Pero a medianoche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos a Dios..." (Hechos 16.25). "Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles, y cantaré a tu nombre" (Romanos 15.9). "...Cantaré con el espíritu, pero cantaré también con el entendimiento" (1 Corintios 14.15). "...Antes bien sed llenos del Espíritu, hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones" (Efesios 5.18,19). "La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales" (Colosenses 3.16). "Anunciaré a mis hermanos tu nombre, en medio de la congregación te alabaré" (Hebreos 2.12). "¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas" (Santiago 5.13).

En cada uno de los pasajes citados se hace notoria la ausencia de cualquier instrumento musical.

Históricamente, los instrumentos musicales no se introdujeron en la adoración sino hasta el siglo seis de nuestra era, y su práctica no se generalizó sino hasta el siglo dieciocho. A la música instrumental en la adoración se opusieron fuertemente líderes religiosos como Juan Calvino, Juan Wesley y Carlos Spurgeon debido a su ausencia en el Nuevo Testamento.

La Cena del Señor se observa semanalmente

Lo que nosotros celebramos cada primer día de la semana y que llamamos la Cena del Señor, fue instituida por Jesús la noche anterior a su traición (Mateo 26.26-28). Los primeros cristianos la observaban en memoria de la muerte de su Señor (1 Corintios 11.24,25). Los elementos de la Cena del Señor - pan sin levadura y el fruto de la vid - representan el cuerpo y la sangre de Jesús (1 Corintios 10.16).

Las iglesias de Cristo participan de la Cena del Señor cada primer día de la semana. Otra vez, nuestra razón para esta práctica se centra en nuestra determinación en seguir las enseñanzas del Nuevo Testamento, el cual nos dice, respecto a la Cena del Señor: "El primer día de la semana, reunidos los discípulos para partir el pan..." (Hechos 20.7).

Algunos han objetado que el texto de Hechos 20.7 no especifica el primer día de cada semana; o sea, no lo define como el día en que deba celebrarse la Cena del Señor. Hay razón en esto - así como el mandamiento de guardar el sábado no especifica si era cada sábado el que debía guardarse.

El mandamiento se concretaba a esto simplemente: "Acuérdate del día de reposo para santificarlo" (Exodo 20.8). Sin embargo, los judíos entendieron que el mandamiento hacía referencia a cada sábado. Así también nosotros entendemos que "el primer día de la semana" implica el primer día de cada semana.

Por otra parte, historiadores bien reconocidos y respetados, como Neander y Eusebio, nos informan que los cristianos en los siglos primeros de nuestra era participaban de la Cena del Señor cada domingo

Requisitos de afiliación

¿Cómo puede uno hacerse miembro de la iglesia de Cristo? ¿Cuáles son los requisitos?

Las iglesias de Cristo no hablan de afiliación en términos de alguna fórmula a la que el individuo deba someterse como requisito para ser aceptado en la iglesia. El Nuevo Testamento traza los pasos que siguieron aquellos individuos que en el principio de la iglesia se convirtieron al cristianismo. Según el Nuevo Testamento, cuando una persona se hacía cristiana, ésta automáticamente venía a ser parte de la iglesia.

Hoy se da el mismo caso en las iglesias de Cristo. Aparte del Nuevo Testamento, no existe un conjunto de normas especiales, ni ceremonias que uno deba seguir para ser parte de la iglesia de Cristo. Cuando uno se convierte en cristiano, automáticamente se hace miembro de la iglesia.

En el día en que la iglesia tuvo su inicio, aquellos que se arrepintieron y se bautizaron fueron salvos (Hechos 2.38). Y desde aquel día en adelante todo aquel que era salvo era añadido a la iglesia (Hechos 2.47). De acuerdo a este pasaje, era Dios quien añadía los cristianos a la iglesia. De manera que, tratando de seguir el modelo así establecido, nosotros ni votamos antes de admitir a una persona en la iglesia, ni la forzamos a través del cumplimiento de un programa de estudio riguroso. No tenemos más que demandarle, sino completa obediencia y sumisión a su Salvador.

Las condiciones para el perdón del pecador que enseña el Nuevo Testamento son como sigue:

1) Que uno oiga el Evangelio, porque: "la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios" (Romanos 10.17).

2) Que uno crea: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11.6).

3) Que uno se arrepienta de sus pecados, porque Dios "manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan" (Hechos 17.30).

4) Que uno confiese a Jesús como Señor de su vida, pues él dijo: "A cualquiera, pues, que me confesare delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos" (Mateo 10.32).

5) Y que uno sea bautizado para la remisión de sus pecados, porque el inspirado apóstol Pedro nos dice: "Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para el perdón de sus pecados..." (Hechos 2.38).

Especial énfasis en el bautismo

Las iglesias de Cristo hacen especial énfasis en la necesidad del bautismo. Sin embargo, ese énfasis no implica una "ordenanza eclesiástica", sino más bien un mandamiento de Cristo. El Nuevo Testamento enseña que el bautismo es un acto esencial para nuestra salvación (Marcos 16.16; Hechos 2.38; Hechos 22.16).

Nosotros no practicamos el bautismo de infantes porque el Nuevo Testamento nos enseña que el bautismo es solamente para todo aquel pecador que, arrepentido, se vuelve al Señor por fe en su poder salvador.

La única forma de bautismo practicada en las iglesias de Cristo es la inmersión. La palabra griega de la cual deriva nuestra palabra bautismo quiere decir "sumergir, zambullirse". Y las Escrituras siempre hacen referencia al bautismo como una sepultura (Hechos 8.35-39; Romanos 6.3,4; Colosenses 2.12).

El bautismo es muy importante porque el Nuevo Testamento establece la siguiente diversidad de propósitos para los cuales se hace:

1) Se hace para entrar al reino de Dios (Juan 3.5).

2) Se hace para entrar en contacto con la sangre de Cristo (Romanos 6.3,4).

3) Se hace para que uno sea revestido de Cristo (Gálatas 3.27).

4) Se hace para salvación (Marcos 16.16; 1 Pedro 3.21).

5) Se hace para remisión de pecados (Hechos 2.38).

6) Se hace para que uno sea lavado de sus pecados (Hechos 22.16).

7) Se hace para que uno pueda pertenecer a la iglesia (1 Corintios 12.13; Efesios 1.23).

Puesto que Cristo murió por los pecados de la humanidad entera y su invitación a participar en su gracia salvadora es universal (Hechos 10.34,35; Apocalipsis 22.17), nosotros no creemos en la predestinación para salvación o condenación de nadie. Algunos, haciendo uso de su libre voluntad, aceptarán por fe a Cristo, le obedecerán y serán salvos. Otros, en cambio, le rechazarán y se condenarán (Marcos 16.16). Estos últimos no se habrán perdido porque hayan sido marcados de antemano para su condenación, sino porque esa fue su decisión.

En cualquier lugar del mundo que se encuentre usted ahora, esperamos que su decisión sea la de aceptar la salvación que Cristo le ofrece, por fe en su poder salvador, se entregue en obediencia a él y se convierta usted en un fiel miembro de la iglesia de su Señor.

- Joe R. Barnett

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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