LA INSPIRACION DE LAS ESCRITURAS
  

Hay muchísima gente en el mundo hoy que no sabe lo que cree en lo que se refiere a religión. De una manera superficial han aceptado ciertas doctrinas y prácticas religiosas, pero no están profundamente convencidas de nada. En consecuencia, cuando se cambian de una parte del país a otra, o contraen matrimonio, aun un cambio de trabajo, los hace cambiar de una iglesia a otra. Parece que no caen en la cuenta de que en muchos casos, han cambiado de una manera de pensar en cuestión religiosa a otra totalmente distinta en cuanto a principios. Del bautismo infantil a la inmersión del adulto, de la salvación por las obras a la salvación por la gracia, de la adoración sencilla a los ritos de la alta iglesia, del arminianismo al calvinismo, y así van sin entender el golfo que separa sus prácticas antiguas de sus prácticas presentes.

Hay también mucha gente en el mundo de hoy que saben lo que creen en cuestión religiosa, pero no saben por qué. Ellos, también, carecen de estabilidad para permanecer firmes ante las presiones que los rodean. Cuando se les desafía a que expliquen las razones de su fe, por primera vez caen en la cuenta que, en realidad, no saben las razones. El resultado es que se encuentran en medio del caos, probablemente. Con frecuencia los resultados son desastrosos.

Este estudio se propone volver a aseverar algunas convicciones sólidas que sostenemos, y a continuación examinar a lo menos algunas de las razones que nos han llevado a estas convicciones. Tengo la esperanza de que estos estudios fortalezcan nuestras convicciones y armen nuestra fe con una sólida y justificada evidencia. Debemos saber lo que creemos y por qué lo creemos.

Una convicción absolutamente fundamental: Una de las más profundas y absolutamente fundamentales de nuestras convicciones es la creencia en la inspiración de la Biblia. Creemos que la Biblia es un libro que viene de Dios y no de los hombres. Aunque Dios se valió de escritores humanos para manifestar su revelación, la Biblia es esencialmente un libro que viene de Dios. Es por consiguiente, un libro con autoridad. No tenemos derecho a modificar o cambiar el modo de cómo los hombres se hacen cristianos, porque Dios ha hablado sobre este punto. No tenemos derecho de modificar o cambiar la manera de cómo deben vivir los hombres, porque aquí también Dios ha hablado. La Biblia es la única revelación autorizada de la voluntad de Dios respecto a los hombres. Es nuestra obligación conocer esta voluntad y aplicarla en nuestras vidas.

Ahora nos enfrentamos a la pregunta: "¿Cómo sabemos que la Biblia fue inspirada? ¿Cómo sabemos que viene de Dios, y no de los hombres? ¿Cómo sabemos que tiene autoridad?" Hay por lo menos seis puntos mayores de evidencia que sostienen la convicción de que la Biblia se escribió por inspiración de Dios. En este estudio nos ocuparemos de la consideración general de la manera o estilo en el que está escrita la Biblia. Un examen de la Biblia misma nos indica que fue escrita como no lo ha sido ningún otro libro del mundo. La calidad de estilo con la que sus escritores declaran su mensaje es única. También examinaremos otros puntos como evidencia de la inspiración de las Escrituras.

I. La brevedad de las Escrituras

Advierte uno con sorpresa, cuando se detiene uno a reflexionar, la brevedad con la que los escritores de la Biblia relataron sus historias. Por ejemplo, aunque el escritor del Génesis cuenta la historia de la creación del mundo y todo lo que esto requiere junto con un compendio de los primeros 2,500 años de la historia del hombre sobre la tierra, lo hizo en sólo 50 capítulos, de 52 páginas en una Biblia común y corriente. Los primeros 34 versículos del libro hablan de la creación del universo material, del mundo vegetal, del mundo animal y del hombre. En realidad esta vasta historia de la creación se cuenta en menos espacio del que generalmente necesita un cronista para la reseña de un juego de fútbol.

De la misma manera, cuando los escritores del Nuevo Testamento llegan a hablarnos del acontecimientos más importante en la historia del mundo - la encarnación - contaron la historia de Cristo de una manera sorprendentemente breve. Por ejemplo, Mateo no emplea más que 28 capítulos, Marcos sólo 16, Lucas sólo 24 y Juan sólo 21. Igualmente cuando el inspirado Lucas relató la historia de los principios de la iglesia y cómo se extendió por el mundo romano en el libro de los Hechos, no empleó más que 28 capítulos breves.

La brevedad con la que los escritores de la Biblia no hablan de los diferentes incidentes es también impresionante. Por ejemplo, una de las realidades decisivas en la historia de los hombres es la de la tentación y la caída. Explica el origen del pecado, del sufrimiento, de la enfermedad, de los trabajos y de la muerte, tanto como la necesidad de la venida del Mesías. Sin embargo, Moisés nos cuenta la historia completa en solamente 24 versículos de Génesis tres.

Otro ejemplo de notable brevedad es aquella en la que Mateo nos cuenta la historia del bautismo de Jesús. Este acontecimiento que sirve de apertura al ministerio publico de Jesús es importante por innumerables razones, sin embargo, en Mateo 3.13-17, cinco versículos breves, que comprenden sólo 17 líneas impresas, cuentan toda la historia. Marcos y Lucas emplean solamente nueve líneas impresas para relatar la misma historia.

La transfiguración de Jesús aparece en Mateo 17.1-8. Ocho versículos, con 27 líneas impresas, son suficientes para relatar cómo Cristo fue transfigurado en presencia de Moisés y Elías, que volvieron del mundo de Hades para dejar claro que después del tiempo de Cristo los hombres ya no estarían bajo la ley de Moisés ni bajo el régimen en el cual Elías era el principal profeta. El incidente termina con la apoteosis de la declaración de Dios que dice que Jesucristo es su Hijo y que hay que escucharlo. ¡Qué relato tan corto para una declaración de tanta trascendencia!

Poco tiempo después de que la iglesia se había establecido, Herodes arrestó a Santiago, uno de los apóstoles, y lo condenó a muerte. Esto fue de gran significación porque Santiago fue el primero de los doce apóstoles que fue martirizado por su fe. Ciertamente un incidente de esta significación podría haber ocupado gran espacio en las Escrituras. Encontramos, sin embargo, que fue de otra manera. Las Escrituras usan solamente nueve palabras - "Y mató a espada a Jacobo, hermano de Juan" (Hechos 12.2) - dejando que nos imaginemos las circunstancias, cómo se enfrentó Santiago a la muerte, y la reacción de los primero cristianos de Jerusalén. ¡Qué brevedad tan inesperada! Los hombres, cuando siguen su propia inclinación, no escriben así.

La notable brevedad de libros enteros de la Biblia y de varios incidentes significativos de la Biblia, es una prueba de que se guiaba a los escritores cuando escribían. Seguramente la mano de Dios guiaba y limitaba lo que debían incluir en las Escrituras. No hay otra explicación adecuada que justifique la rara y poco natural brevedad de las Escrituras.

II. Las omisiones de las Escrituras

Haciendo paralelo a la brevedad de las Escrituras observamos las omisiones de las mismas. Por ejemplo, aunque el apóstol Juan era el compañero íntimo de nuestro Señor, cuando escribió el relato de la vida de Cristo, omitió cualquier referencia al nacimiento de Juan el Bautista, o al nacimiento de Jesús. Más adelante no encontramos ninguna mención de la genealogía, la juventud, el bautismo, las tentaciones, la transfiguración, o la ascensión de Cristo. Ni Marcos ni Juan hacen mención alguna de los primeros 30 años de la vida de Cristo. No se hace mención tampoco del nacimiento de una virgen, no hay trazas de la genealogía, nada sobre su niñez.

En realidad, Juan nos relata lo que sucedió en 20 días diferentes del ministerio de nuestro Señor. Jesús vivió, considerando toda su vida, más de 12,000 días, y su ministerio o vida pública incluyó más de 1,200 días, sin embargo cuando se examinan los escritos de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, se encuentra que los acontecimientos que narran todos estos escritores en conjunto ocurren en menos de 50 de los días de la vida de Cristo. O para tomar otro ejemplo, de los 879 versículos del Evangelio de Juan, 237 versículos - casi la tercera parte del libro - comprenden sólo un día de la vida de Jesús.

No es de admirar, que con estas diversas restricciones en sus escritos, el apóstol Juan sintiera el deseo muy humano de decir mucho, mucho más de lo que se le permitía decir. En Juan 20.30-31, nos enteramos de lo que siente: "Hizo además Jesús muchas otras señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro. Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre". Y vemos este impulso todavía más claramente en la última frase de su Evangelio, "Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían, los libros que se habrían de escribir" (Juan 21.25).

Alguno podría suponer que todos los escritos antiguos eran breves. Nada más lejos de la verdad. Como ejemplo podemos citar una obra que no fue inspirada del segundo siglo que se llamó Protoevangelium, que dedica 25 capítulos a lo sucedido entre la anunciación a María y la matanza de los inocentes en Belén. Igualmente, una obra llena de imaginación, que no es obra inspirada, dedica 50 capítulos a los primeros 12 años de la vida de Cristo; la obra lleva el nombre de Evangelio de la Infancia. Estas obras fueron escritas de un modo humano, por eso están llenas de errores; pero también demuestran la tendencia natural hacia la volubilidad, y hacen que destaque la brevedad y las omisiones de las Escrituras como prueba de la participación de Dios en la redacción de la Biblia.

Todavía más omisiones han de notarse porque en el libro de los Hechos se relatan solamente los eventos que conciernen a las vidas de dos de los apóstoles únicamente: Pedro y Pablo, omitiendo lo que debe haber sido altamente significativo en la predicación del evangelio de los otros apóstoles. Hay que tomar nota también que el libro de los Hechos conduce al juicio de Pablo ante el emperador Nerón, sin embargo no nos narra del resultado del juicio. La única explicación es que, en oposición con los intereses humanos y sus preocupaciones, el propósito del libro de los Hechos no es el de relatar la suerte que corrió Pablo en manos de Nerón, sino hacer un trazo del principio y de la propagación de la iglesia primitiva. Una vez cumplido este propósito, el libro de los Hechos se aparta de la decisión de Nerón, como de un asunto sin importancia. ¡De qué manera tan diferente hubieran escrito los hombres esta historia!

Como otro ejemplo podemos señalar la manera en que el apóstol Pablo condensa brevemente varios volúmenes de acontecimientos, formando con ellos una lista sencilla, como sigue: "De los judíos cinco veces he recibido cuarenta azotes menos uno. Tres veces he sido azotado con varas; una vez apedreado; tres veces he padecido naufragio; una noche y un día he estado como náufrago en alta mar; en caminos muchas veces; en peligros de ríos, peligros de ladrones, peligros de los de mi nación, peligros de los gentiles, peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos; en trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez..." (2 Corintios 11.24-27). ¡Cuán diferente habría escrito Pablo si hubiera escrito como cualquier ser humano! Recordaría y se lamentaría de sus grandes sacrificios.

Pero tal vez ninguna omisión tan digna de notarse como la de que en todo el Nuevo Testamento no haya ni una sola descripción de la apariencia física de Jesús. No sabemos si era alto o no, ni el color de su pelo o el de sus ojos, ni ninguna otra característica física que haya tenido. Esto, sin embargo, habría sido lo que podría haber incluido cualquiera de los escritores de la manera más natural. Pero Dios los guiaba para que no hablaran en estos términos para que las generaciones venideras no adoraran un retrato o una imagen o una descripción física de Jesús. Era la voluntad de Dios que Cristo fuera adorado como Espíritu divino más que como hombre. Esta omisión, aunque fácilmente entendida por nosotros, no ocurrió por casualidad.

III. La imparcialidad de las Escrituras

Una prueba más de que la Biblia se escribió de una manera especial y única consta en el hecho de que el escritor expone tanto las virtudes como los errores de los diferentes caracteres que van pasando por las páginas de las Escrituras. Aunque era el padre de la raza hebrea, y aunque su vida fue en general ejemplar, se describe en dos ocasiones a Abraham como un hombre falible que tuvo que mentir (Génesis 12.20). Mientras que David el rey más grande de Israel, 2 Samuel 11 cuenta la negra historia de su adulterio con Betsabé y el asesinato que siguió para cubrir el pecado. En el Nuevo Testamento, aunque Jacobo y Juan eran sus discípulos, Lucas 9.54 los cita que dijeron: "Señor, ¿quieres que mandemos que descienda fuego del cielo, como hizo Elías, y los consuma?" Esto dijeron a propósito de la gente de cierto pueblo. Mateo 20 habla del deseo egoísta de la madre de Jacobo y Juan cuando pide al Señor lugares de preferencia para sus hijos cuando llegue su reino. La vergonzosa acción de Pedro, cuando niega que conoce al Señor, se describe con todo detalle. Más adelante leemos de la trágica traición de Judas a nuestro Señor.

La imparcialidad con la que el Espíritu Santo guió a los escritores del Nuevo Testamento es evidente. Escribieron hechos que se refieren tanto a amigos como a enemigos. No hay disculpas para Pedro; no hay recriminaciones contra Judas. Se registran los hechos y eso es todo. Los hombres no escriben así. En nuestros días, los hombres escriben llenando de alabanzas a los amigos, disculpando sus errores y pecados. U otras veces escriben críticas despiadadas de sus enemigos. No es así en la Biblia, porque los escritores trataron tanto a amigos como a enemigos con la misma notable imparcialidad. Esto también es una prueba de que escribían, no como hombres, sino guiados por Dios.

IV. La calma de las Escrituras

Otra prueba más de que la Biblia es única, se encuentra en el hecho de que se describe de la misma manera lo extraordinario como lo ordinario. Nunca resaltan las emociones personales de los escritores. Nunca se encuentran los adjetivos en superlativo como - asombroso, increíble, sin precedente, estupendo, colosal, sin igual - que los acontecimientos realmente hubieran requerido. El asesinato de Juan el Bautista se halla en Mateo 14.6-12, y no lo colora la emoción como podía esperarse. Los milagros de Cristo se tratan con sencillez. El alboroto que debe haber habido cuando se dio de comer a los cinco mil, cuando Jesús camino sobre el agua, y cuando levantó a Lázaro de entre los muertos; no obstante, nada de esto aparece entretejido en los relatos que leemos en las Escrituras.

Aun la historia de Getsemaní, seguida de la crucifixión y de la resurrección carece del colorido emocional que habría resultado natural y normal si estos hombres hubieran escrito de la manera que escriben los demás humanos. Aun el tremendo principio de la iglesia de Pentecostés, con 3,000 bautismos ese primer domingo, se describe de la manera más natural y sencilla. La conclusión obvia es que el Espíritu Santo guió a estos escritores, restringiendo sus tendencias humanas, proporcionando el puro e inspirado registro que Dios destinaba a la posteridad.

El significado de todos estos hechos es aparente. Los hombres no escriben así. La única explicación posible a la brevedad de las Escrituras, a las omisiones de las Escrituras, la imparcialidad de las Escrituras y la calma de las Escrituras es que Dios guió a los hombres que las escribieron. Recuerden, también, que muchos de estos escritores eran hombres sin letras - pescadores, cobradores de impuestos o cosa por el estilo. La calidad de su estilo y las superiores características de esos escritos indican claramente que la Biblia fue escrita, no por hombres, sino por Dios.

Hemos explorado algunos elementos del estilo en el que está escrita la Biblia, encontrando en el estilo único de la Biblia una prueba de que los que la escribieron estaban guiados por Dios. Tenemos a la Biblia por documento autorizado de inspiración divina, que expresa lo que Dios quiere del hombre. Sin embargo, hay también otras pruebas de otra clase. Aunque las características del estilo bíblico son impresionantes, no son de ninguna manera la única prueba de que la Biblia es el libro por excelencia, el libro único, más de Dios que del hombre. Ahora consideraremos otros puntos importantes.

V. La pretensión de las mismas Escrituras

Empezaremos por considerar que los escritores bíblicos, sin la menor duda ni timidez declaran abiertamente que están hablando por Dios y no por sí mismos. Hay un "aire de infalibilidad" en lo que afirman. Al principio no parece que esto sea una prueba, pero cuando se recuerda que eran los escritores, gente no preparada, del vulgo - pescadores, cobradores de impuestos, pastores y cosas por el estilo - le empieza a uno a llamar la atención. ¿No es extraño que hombres de instrucción tan limitada pudieran escribir tan bien? Aparentemente ni siquiera caían en la cuenta de que lo que hacían era fuera de lo común.

Vamos a estudiar algunas de las aseveraciones típicas del libro de Isaías en las que pretende estar inspirado. En Isaías 1.2 leemos: "Oíd, cielos, y escucha tú, tierra; porque habla Jehová..." En el versículo 10 del mismo capítulo encontramos: "Príncipes de Sodoma, oíd la palabra de Jehová..." En el versículo 18 hallamos: "Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta..." En el versículo 24 Isaías dice: "Por tanto, dice el Señor..." En Isaías 3.16 encontramos otra afirmación típica: "Asimismo dice Jehová..." Repetidas veces encontramos en la Biblia declaraciones directas en las que se afirma una y mil veces que el hombre habla por inspiración de Dios y no movido por su propio intelecto.

Henry Thiessen, en su Introducción al Nuevo Testamento, página 85, lo expresa de esta manera: "¿Cómo hubieran podido, hombres que no estuvieran inspirados, escribir un libro que ordena todo lo que es deber, prohibe todo pecado, incluyendo el pecado de hipocresía y de mentira, declarando que todo el mérito humano es insuficiente para alcanzar la salvación, proclamando cómo la única esperanza del hombre yace en la fe en la muerte expiatoria, la resurrección física y la constante intercesión de Cristo, y que condena al infierno para toda la eternidad a todo el que rechaza este único camino de salvación, y que persiste en el pecado?" Hacemos eco de la misma pregunta. ¿Cómo hombres así hubieran podido saber tan grandes verdades, y cómo hubieran podido pretender hablar por Dios, si Dios no les hubiera inspirado lo que tenían que escribir? Creemos que Pedro lo expresó exactamente cuando dijo: "Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo" (2 Pedro 1.21).

VI. La unidad de las Escrituras

Otra de las pruebas se encuentra en el hecho de que los 66 libros de la Biblia los escribieron a lo menos 40 hombres diferentes en un período de aproximadamente 1,600 años. Sin embargo están en perfecto acuerdo el uno con el otro. Esto es tanto más impresionante cuando consideramos que estos hombres emplearon cuando menos dos y posiblemente tres idiomas distintos, vivieron en varios países diferentes, estaban en la imposibilidad de examinar los escritos de los demás en muchos casos, y a pesar de ello presentan un tema central, sin la menor variación o contradicción. Esta unidad no habría podido lograrse si Dios no hubiera guiado a los diferentes escritores.

William Haley en su libro, Las Supuestas Discrepancias de la Biblia, trata de 975 llamadas discrepancias de la Biblia de la manera más satisfactoria que pueda haber. Muchas de estas supuestas contradicciones o variaciones son muy antiguas, aunque algunas son más modernas. Incluyen cosas como la afirmación de Génesis 46.26, que concierne a los hijos de Jacob, que todas las almas "procedentes de sus lomos" fueron sesenta y seis. El número se alega está en contradicción con Génesis 46.27 que dice: "Todas las personas de la casa de Jacob, que entraron en Egipto, fueron setenta". En realidad, estas no son contradicciones de ninguna manera. Los sesenta y seis que salieron de los lomos de Jacob no incluían ni a José ni a sus dos hijos que ya estaban en Egipto, ni al mismo Jacob. Cuando estos cuatro se añaden a los sesenta y seis, el número resultante es naturalmente setenta. Esta no es una contradicción, sino al contrario, un caso de estilo cuidadoso.

Un eminente escritor cuando habla de las escrituras de Mahoma, Zoroastro y Buda dice: "Les falta principio, mitad y fin. Son, en la mayor parte, colecciones de material heterogéneo, puestas juntas de cualquier manera. ¡Quién no vería la diferencia que hay con la Biblia! Desde el Génesis hasta el Apocalipsis sentimos que tiene un verdadero sentido de unidad. No es una colección de fragmentos, sino que tiene, como decimos, un sentido y un carácter organizado... No hay nada que se le parezca exactamente, ni siquiera que se le acerque, en toda la literatura" (James Orr).

VII. La prueba de las profecías cumplidas

Otra de las pruebas que sostiene la verdad de que la Biblia es una obra de inspiración divina es el cumplimiento de las profecías. Deberíamos, tal vez, empezar nuestra disertación sobre este punto, definiendo lo que se entiende por profecía. La profecía trata de acontecimientos y asuntos humanos que no resultan de una causa determinada, sino que se presentan de manera imprevista. Las predicciones en la ciencia son las deducciones lógicas de una causa y no son proféticas. El científico estudia las causas y puede predecir el efecto de esas causas en años venideros. Esto no es profecía. La profecía no es un acierto causal; debe tener suficiente exactitud para que se pueda comprobar.

E. T. McIlvaine en la página 283 de su libro, La Evidencia de la Cristiandad, dice a propósito que la profecía es: "Una declaración de acontecimientos futuros, tales que ninguna sabiduría humana es capaz de hacer - que dependen de un conocimiento de las innumerables contingencias que pueden ocurrir en los asuntos humanos - conocimiento que pertenece exclusivamente a Dios y a su omnisciencia; de manera que por su naturaleza misma la profecía debe ser revelación divina".

La profecía trata algunas veces de cosas remotísimas en el tiempo, y de pueblos y reinos que ni siquiera existían en el momento que se hacía la profecía. Por ejemplo, en Daniel 2 encontramos que el profeta le dice al rey Nabucodonosor que Babilonia sería seguida de un segundo imperio que dominaría al mundo, que éste a su vez sería seguido por un tercer imperio que sería seguido por un cuarto. El entonces dijo que durante el reinado de estos reyes del cuarto imperio, el Dios del cielo levantaría un reino que no sería jamás destruido. Estas palabras se dijeron aproximadamente seis siglos antes de Cristo. Sabemos ahora que el imperio de Babilonia cayó frente a los medas y los persas, que a su vez fueron vencidos por los griegos, que a su vez cayeron ante los romanos. También recordamos que fue durante este último imperio, el último gran imperio del mundo en la historia, cuando Dios estableció su reino, la iglesia. Esta única profecía, por el hecho de que el escritor revelaba algo que no podía adivinar ni saber por sí mismo, es una prueba obvia y suficiente para confirmar el argumento de una revelación sobrenatural en la Biblia.

La profecía en muchas ocasiones está en abierta pugna con lo que una inteligencia humana sin dirección sobrenatural podría predecir. Esto se observa muchas veces en lo que se refiere a varias ciudades o civilizaciones cuya destrucción fue predicha. Por ejemplo: Jerusalén, Nínive y Babilonia, que fueron destruidas conforme a lo predicho por los profetas, fue cosa que ninguna inteligencia humana hubiera juzgado ni razonable ni posible.

Para citar otros ejemplos de profecías que se cumplieron, veamos el libro de Oseas que fue escrito alrededor del siglo ocho a. de C. Oseas 1.4,5,7 nos dice que la nación de Israel, como fuerza militar y como nación dejaría de existir. Y exactamente el destino contrario se predijo para Judá. Las predicciones opuestas de las historias de Israel y de Judá, y su cumplimiento exacto, habla de la divina inspiración de Oseas. En Oseas 3.4 encontramos la asombrosa predicción: "muchos días estarán los hijos de Israel sin rey, sin príncipe". También dice que estarán sin ministerio sacerdotal y sin idolatría. Este último punto, especialmente, podía difícilmente adivinarlo la sabiduría humana.

De cualquier modo, las profecías más significativas del Antiguo Testamento son las que pertenecen a Cristo. El capítulo 53 de Isaías, que habla del Mesías prometido, y que fue escrito aproximadamente 750 años a. de C., junta estas profecías que se refieren a Cristo en 12 versículos breves: la encarnación, la humillación de Cristo, su rechazo, sus sufrimientos, su muerte, la expiación, su resurrección, su predicación y su mediación entre Dios y el hombre. Todo esto se encuentra en un solo capítulo. Todas fueron finalmente cumplidas con la venida de Cristo.

Al considerar otras profecías del Antiguo Testamento, encontramos profecías de que Jesús sería traicionado por un amigo, que sería vendido por 30 monedas de plata, que sería ultrajado y escupido, que sería levantado en una cruz, y que sus pies y manos serían clavados al madero; que se le daría hiel y vinagre, que sus vestiduras serían repartidas entre varios, que intercedería por aquellos que lo crucificaran, que su cuerpo sería traspasado después de su muerte, que ni un solo hueso de su cuerpo se rompería, que sería sepultado con un hombre rico, que se levantaría de entre los muertos al tercer día y que subiría al cielo. Hay muchas otras profecías que se refieren a Jesús, pero éstas demuestran ampliamente el poder que poseían los profetas del Antiguo Testamento para predecir acontecimientos futuros. Este poder no lo tenían por sí mismos, sino de Dios que tiene una sabiduría infinita.

VIII. La presciencia científica

Aunque la Biblia no es un texto científico, cuando hace mención de asuntos científicos, es de una precisión asombrosa, La Biblia también, de modo incidental, da muestras notables de presciencia científica. Por ejemplo, durante el tiempo en que los más notables pensadores egipcios eran de opinión que la tierra descansaba sobre el lomo de una tortuga gigantesca o de un elefante también de gran tamaño, encontramos que Job dice: "El extiende el norte sobre vacío, cuelga la tierra sobre nada" (Job 26.7). Esto sugiere ciertamente que la tierra es redonda y que está libre en el espacio.

Una prueba más de esta presciencia se encuentra en Levítico 13.45 donde leemos: "Y el leproso... embozado pregonará: ¡Inmundo! ¡inmundo!" Hay que tomar en cuenta que esto está basado en algo que el hombre no descubrió sino aproximadamente 30 siglos después - o sea que las enfermedades se trasmiten por medio de gérmenes. Levítico 14 ordenaba que se lavaran en agua corriente. Esto implica un conocimiento de los gérmenes que propagan enfermedades también. Habría sido mucho más fácil para la gente lavarse en un recipiente común, pues estaban en tierra muy árida donde el agua escaseaba, pero el lavarse en agua corriente evitaría el intercambio de gérmenes infecciosos, siendo esta medida una protección para la gente.

Es impresionante recordar que en esos tiempos y en los lugares en donde la Biblia se escribió, los conocimientos científicos del hombre eran en extremo limitados; y sin embargo no encontramos en las páginas de las Santas Escrituras suposiciones como las que hacen los científicos de hoy. Mientras que los mismos escritores desconocían las verdades científicas, Dios que los guiaba en sus escritos, sabía y los salvaba del error.

IX. La influencia de la Biblia

Todavía otra cosa nos conduce a creer y a sostener nuestra convicción de que la Biblia es única en su inspiración. Esto es que la Biblia adonde quiera que ha ido ha tenido una influencia benéfica. La civilización ha alcanzado niveles más altos en dondequiera que la Biblia se ha enseñado. Las verdades de las Escrituras han mejorado a la gente por todas partes. La Biblia ha sido la más fuerte influencia que sola ha conseguido mejorar al mundo en toda su historia. Muchas de las instituciones de mayor prestigio en el mundo moderno fueron creadas por la enseñanza y la influencia de las Escrituras. Muchas de las leyes que hacen del mundo un lugar más placentero para vivir también vienen de la enseñanza de la Biblia.

Si la Biblia no fuera lo que pretende ser, ¿cómo hubiera podido ser su influencia siempre buena a través de los siglos? Hay una vieja máxima que nos enseña que el bien no viene nunca del mal. Creemos que esto es básicamente verdad. ¿Cómo podría venir el bien de un libro hecho por impostores o declaraciones engañosas de inspiración, si estas pretensiones no fueran verdad? Si los escritores de la Biblia eran impostores, ¿cómo podríamos explicar su gran influencia para el bien de la humanidad? La contestación está en que no eran impostores, sino que hablaban verdaderamente inspirados por Dios.

Estas y otras pruebas nos conducen a concluir que la Biblia es única, que es la palabra de Dios inspirada a sus escritores, y que no puede compararse con ningún otro libro de la tierra. Y esto en cambio, significa que debemos respetar las enseñanzas de la Biblia como venidas de Dios, pues es la verdad. No nos atrevamos a cambiar o a modificar este registro inspirado de la voluntad de Dios para el hombre. La aceptaremos y la seguiremos durante nuestra vida, si somos razonables.

- Batsell Barrett Baxter

La Voz Eterna, Julio-Agosto y Septiembre 1987
Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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