LA LOCURA DE NOÉ

 

Las grandes y profundas verdades son algunas veces tan sencillas que al hombre le parecen locura. Antiguamente el hombre pensaba que la tierra era cuadrada... y cuanto alguien afirmó que la tierra era redonda - y que además pendía sobre la nada - esta afirmación fue, para la mayoría, una locura.

Hace innumerables años, Noé predicó una gran verdad. Pero, Noé vivió en una época muy difícil. Los hombres de aquellos días se olvidaron de Dios y se volvieron a la idolatría, la gran debilidad humana. Además, la corrupción en esa época era muy grande (Génesis 6.5). La Biblia nos dice que los pensamientos de los hombres eran de continuo solamente al mal. La degeneración del ser humano fue a tal grado, que Dios determinó quitar al hombre de la tierra. Los pecados cometidos eran tantos, que Dios se arrepintió de haber hecho al hombre. Las ofensas hacia Dios eran tantas, que Dios se dolió en su corazón (Gén. 6.6). No obstante toda esa corrupción, tantas tinieblas, Dios encontró un pequeño punto luminoso: Noé (Gén. 6.8,9).

Dios reveló a Noé su voluntad divina (Gén. 6.13-18). Le habló de la maldad del hombre, de la destrucción que iba a venir a causa del pecado, y le dio a conocer el único medio de salvación: el arca que Noé haría. Así que éste puso manos a la obra y comenzó a reunir grandes cantidades de madera y empezó la construcción del arca, dando también inicio a su predicación.

¿Qué predicó Noé? Les habló de lo que estaba por venir a causa de la maldad. Les advirtió del diluvio - una enorme inundación que lo cubriría todo - destruyendo toda la vida de la faz de la tierra. Les dijo que un día, los cielos se cubrirían con grandes y negras nubes y que llovería por noches y días enteros hasta que el agua cubriera las partes más altas de la tierra. Noé estaba hablando de cosas que nunca antes habían sido vistas. La Biblia nos dice que en aquellos primeros días de la humanidad no llovía. Sólo había un vapor que regaba toda la faz de la tierra (Gén. 2.6). Aun, suponiendo que en los días de Noé ya hubiera llovido, un diluvio era algo que nadie había visto (Hebreos 11.7). Por lo tanto, cuando Noé predicó acerca del diluvio, no le creyeron, pues para ellos era una tontería, una locura.

Pero eso no era todo. Noé hacía cosas muy extrañas, incomprensibles, ilógicas para un hombre común de esos días. El empezó a juntar grandes cantidades de madera. ¿Qué pretendía hacer? ¿Una gigantesca casa de madera? Además, Noé decía que todo aquel que quisiera salvarse del diluvio tendría que estar dentro de esa arca de madera, pues ésta "flotaría sobre el agua", salvando así a todo el que en ella estuviese. Para los hombres de ese tiempo, esto era una locura. ¡Ellos nunca habían visto nada semejante! ¿Cómo iba a ser posible que una casa tan enorme se mantuviera a flote si aun una simple piedra se hunde en el agua? ¡Con mayor razón se hundiría algo tan pesado como lo que Noé estaba construyendo! No cabe duda que para los hombres de aquella época, Noé había perdido la razón - se había vuelto loco, pues decía incoherencias y hacía cosas ilógicas.

Posiblemente para algunos, la locura de Noé era algo que tenía qué suceder - ya lo esperaban. Y es que Noé siempre se comportó en forma extraña; su conducta siempre fue muy rara. Siempre apartado y sin participar de las actividades en que se involucraban los demás. Cuando todos los hombres se reunían para ofrecer sacrificios a sus dioses, Noé se apartaba de ellos. Cuando todos se juntaban para alegrarse con sus fiestas paganas donde había vino, música, libertinaje, pleitos, etc., Noé se alejaba de ellos. Tal vez pensaron que tanto encierro y aislamiento, sin nada de diversión, tendría que afectarle tarde o temprano.

Pero por su locura, Noé y otras siete personas fueron salvas. Cuando el diluvio empezó, los hombres se dieron cuenta que no era locura. ¡Muy tarde se dieron cuenta de que aquella locura era una gran verdad!

Hoy vivimos días semejantes a los días de Noé. Los pensamientos del hombre son de continuo solamente al mal. Basta ver los periódicos para darnos cuenta de la gran cantidad de robos, estafas, adulterios, homicidios, pleitos, envidias, enemistades, borracheras, etc., tal y como Pablo lo dice en su carta a los gálatas (Gálatas 5.19-21). Y para el hombre perverso de hoy, el evangelio de Cristo es tontería, "locura".

A Cristo mismo, en una ocasión le insinuaron eso (Marcos 3.20,21). Esos hombres venían para prenderle, pues decían: "Está fuera de sí". Eso pensaban de él cuando perdonaba pecados o cuando decía ser Hijo de Dios, "haciéndose igual a Dios" (Juan 5.16-18).

Cuando los discípulos de Cristo comenzaron a predicar el evangelio, los hombres de esa época pensaron que eso era locura. Recordemos a Pablo en Atenas. Atenas era un pueblo que se creía sabio por su filosofía. Era un pueblo que estaba al frente del desarrollo científico. ¿De qué hablar en Atenas? ¿De matemáticas, física, química, filosofía o medicina? Ellos sabían de estas cosas más que cualquier hombre de su época. No en balde se le llamó a Atenas "la cuna de la sabiduría".

Cuando Pablo comenzó a hablar, todos los atenienses le prestaron atención - tenían ansias de saber. Todo iba bien hasta que Pablo llegó a un punto importantísimo: la resurrección de Cristo. Cuando les habló de eso, ellos se burlaron y lo dejaron hablando solo diciéndole: "Ya te oiremos acerca de esto otra vez" (Hechos 17.31,32). Para ellos era una tontería, una locura. "¡En qué cabeza cabe la idea de que un muerto pueda resucitar!" Científicamente, esto era imposible.

Recordemos la defensa de Pablo ante Agripa. Pablo relata su conversión; les dice de cómo Cristo lo llamó cuando iba camino a Damasco; les habla de las maravillas de Cristo, de sus promesas, sus milagros. Pero cuando Pablo llega al punto de la resurrección, ¿qué pasó? Un hombre llamado Festo que estaba entre el auditorio, se puso en pie y ante todos dijo: "Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco" (Hechos 26.24).

Los mandamientos de Cristo, sus promesas de vida eterna y sus advertencias, son locura para el hombre pecador. Para éste, es una tontería creer que Cristo vendrá de nuevo y que los pecadores serán arrojados al lago de fuego preparado para Satanás y sus ángeles. El incrédulo dice: "No es cierto, no hay infierno; con la muerte termina todo; la resurrección es imposible". Pablo dice, "Pero nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura" (1 Corintios 1.23).

Mas, gracias a Dios, que por la predicación del evangelio, que es locura para algunos, nosotros seremos salvos. Pablo dijo: "Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, el poder de Dios" (1 Cor. 1.18).

Para el auténtico cristiano, el evangelio es poder de Dios para salvación (Romanos 1.16). Nuestra fe se agiganta con la resurrección de Cristo. Confiamos que en el día postrero podremos decir: "¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria?" (1 Cor. 15.55).

Como cristianos, creemos que Cristo es el Hijo de Dios - nuestro Salvador (Juan 3.16). Creemos que sólo él puede salvarnos (Hechos 4.12). Confiamos que Cristo puede darnos vida eterna (Juan 6.47). Tenemos fe en que él nos llevará al Padre Celestial (Juan 14.6). Así como Cristo resucitó, así nos resucitará en el día final.

El evangelio de Cristo es locura para los que se pierden, mas para nosotros, Cristo es sabiduría y poder de Dios para salvación. Amén.

- Jesús Amaya A., Jr.

La Voz Eterna, Octubre 1984

  

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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