LA NUEVA HERMENÉUTICA:

LO QUE TODOS LOS PREDICADORES DEBEN SABER

  

Los miro a ustedes mis compañeros predicadores como la gente más conocedora del mundo. Estoy seguro de que ustedes ya saben cualquier cosa que yo pudiera decirles. Pero también estoy seguro de que es necesario enfatizar algunas cosas que todos los predicadores deben saber. Digo esto después de 64 años de experiencia en la predicación.

Considero que los 43 años de mi obra dentro y fuera de Europa han sido el clímax de mi vida como predicador. Lo que diga a continuación se deriva de mi experiencia en ese tiempo. Como Alemania fue el motivo principal para ir a Europa, entonces presentaré ante ustedes las razones por las que fui a ese país.

Una de las razones principales fue humanitaria. Veintidós millones de alemanes murieron durante la Segunda Guerra Mundial. La mayoría de sus ciudades principales fueron bombardeadas y cerca del 80 por ciento de sus edificios fue destruido. Yo quería que llegáramos para ayudarles a reconstruir y llevarles comida, medicina y ropa. Estuvimos allí desde 1947, menos de dos años después de que habían cesado las hostilidades. Llevamos a Alemania más ayuda humanitaria que todas las demás agencias de ayuda juntas, antes del inicio del Plan Marshall.

Pero había otra razón más fundamental por la que quería ir a Alemania. Europa había conducido la iglesia hacia la apostasía durante la Edad Media. Martín Lutero fue el alemán que tomó la iniciativa de reformar la iglesia, que dio como resultado lo que hoy se conoce como Reforma Protestante. Pero la Reforma nunca restauró la iglesia del Nuevo Testamento. Por eso quería ir a Europa, para restaurar la iglesia del Nuevo Testamento.

Mi primer sermón se tituló: "Construyendo de acuerdo a un modelo", basado en las instrucciones que Dios dio a Moisés concernientes a la construcción del tabernáculo (Éxodo 25.40). Lo que dijo Dios se repite en Hebreos 8.5. Moisés recibió instrucciones de Dios, advirtiéndolo que hiciera las cosas conforme al modelo que se le había mostrado en el monte. Lo que se había hecho, según Hebreos 8.5 era una "figura y sombra de las cosas celestiales".

Mis compañeros y yo trabajamos duro para establecer la iglesia en Europa según el modelo del Nuevo Testamento en nombre, en culto, en doctrina y organización. Les enseñamos a adorar de la manera que la iglesia del Nuevo Testamento adoraba a Dios; a predicar el evangelio de salvación de la manera en que se presenta en el libro de Hechos.

Era fácil para nosotros mostrarles que la soli fede (la fe solamente) era un concepto equivocado como lo enseñaba Lutero. También hablábamos contra la gracia infusio (gracia infundida) que se pretende recibir por la imposición de manos de un sacerdote. Ellos recibieron con agrado la doctrina de una iglesia que cree que cada cristiano es un sacerdote y un santo.

Les gustaba que habláramos contra la idolatría porque había muchas imágenes en los templos. Nos escucharon con agrado cuando les mostramos que la sede de la iglesia está en el cielo y que Cristo, en todas las cosas, tiene la preeminencia como Redentor, Profeta y Mediador.

Este entusiasmo se hizo evidente en nuestra cuarta Confraternidad Internacional que se celebró en Praga en agosto de 1991, donde el tema fue "La Iglesia Triunfante". Mi último sermón cuando salí de Alemania fue el mismo de la primera vez que prediqué: "Construyendo de acuerdo a un modelo".

Estoy seguro que ustedes como predicadores han predicado sermones con ese énfasis básico muchas veces. Los grandes predicadores del Movimiento de Restauración en los Estados Unidos edificaron la iglesia de acuerdo a los mismos principios. Dejaron una base sólida para el crecimiento.

Ahora quiero enfatizar en mi primer sermón a ustedes, mis compañeros de la predicación, que aquellos que enseñan la nueva hermenéutica nos quieren hacer creer que ellos han descubierto algo nuevo que nuestros pioneros no sabían. Me preocupa los que dicen, que la iglesia debe cambiar. Y la única razón que ellos dan para el cambio es que el mundo está cambiando.

Sin embargo el apóstol Pablo dejó para nosotros una advertencia hace 2000 años: "No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento" (Romanos 12.2).

Creo firmemente que nuestros pioneros del Movimiento de Restauración predicaron la verdad, y que no hay necesidad de cambiar la iglesia de hoy.

Sé que los pioneros no utilizaron la palabra "hermenéutica", pero nosotros sabemos lo que estos jóvenes teólogos quieren decir en cuanto a los principios de interpretación. Son los mismos principios, sólo que la llaman "nueva hermenéutica".

Los que creen en la nueva hermenéutica nos dicen que estamos equivocados porque edificamos de acuerdo al modelo y el plan. Nos dicen que debemos predicar el hombre, no el plan. Sin embargo es necesario que ellos recuerden que cuando predicamos el plan, predicamos el hombre.

Por ejemplo, cuando Felipe predicó de Jesús al etíope, él le presentó el plan de salvación, y por eso el eunuco pidió ser bautizado. La sepultura en el agua es una hermosa representación de la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo. Esa representación se destruye cuando sólo unas gotas de agua son vertidas sobre la cabeza de un infante.

 Voy a darles una cita exacta de uno que cree en la nueva hermenéutica:

"No estoy tratando de restaurar la iglesia del primer siglo".

"La iglesia ideal que usted está tratando de restaurar nunca ha existido".

En otras palabras, esos fieles predicadores han estado equivocados por 150 años porque ciertos jóvenes teólogos han descubierto según ellos algo nuevo en la exégesis de las Escrituras, lo cual rechaza todo lo que esos fieles predicadores del evangelio han dicho.

Los predicadores de la nueva hermenéutica preguntan: "¿Qué iglesia quieren ustedes restaurar? ¿La iglesia de Jerusalén y su falta de celo evangelístico?" Yo quiero responder que sería bueno para nosotros tratar de imitar su celo evangelístico, porque los de Jerusalén enseñaban diariamente en el templo y en las casas. En 30 años el evangelio que se comenzó a predicar en Jerusalén se expandió a todas partes bajo la creación (Colosenses 1.23). Apocalipsis 7.9-10 dice, "Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero".

La nueva hermenéutica dice: "¿Queremos ser como la iglesia en Corinto con su abierta fornicación y sus borracheras durante la Cena del Señor?" Quiero preguntar: "¿Por qué no?" Ellos no continuaron tolerando estas condiciones, sino que hicieron un esfuerzo por corregir lo deficiente. Esto es un ejemplo de la manera en que debemos combatir y vencer al pecado. Pablo llamó a los hermanos de Corinto "santos" porque ellos habían sido limpiados de sus pecados en la sangre de Cristo (1 Corintios 6.9-11).

Esta era la iglesia del Nuevo Testamento en Jerusalén, en Corinto, en Efeso y en cualquier parte. ¿Por qué es que no queremos ser como ellos?

El predicador de la nueva hermenéutica dice que "la iglesia perfecta nunca ha existido". Pero Efesios 5.25-27 dice exactamente lo contrario: "Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella... a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha".

Un gran error que hay en la interpretación de esta Escritura es creer que se está hablando de la iglesia como será en el cielo y no en la tierra. Pero esta es una suposición que no tiene base bíblica. Es más bien una descripción de la iglesia del Nuevo Testamento, tal como será hasta el final de los tiempos, en esta tierra y en toda la eternidad.

Todos los cristianos son limpiados de sus pecados cuando son bautizados para la remisión de los mismos. Quien "nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre" (Apocalipsis 1.5). "Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado" (Romanos 6.6).

Así que cada cristiano, al momento de su bautismo, es totalmente liberado de todo pecado. Por lo tanto es santo y sin mancha.

Pero, ¿quiere esto decir que permanece santo y sin mancha? No, él puede caer en el pecado, pero no quiere decir que deje de ser santo, porque "si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado" (1 Juan 1.7).

Esta purificación toma lugar cada día, cada hora, cada minuto, para que el hijo de Dios permanezca en un estado constante de santidad. Esta es la razón por la cual los cristianos de Corinto fueron llamados "santos" (1 Corintios 1.2).

Así que desde ese tiempo ha estado en existencia la iglesia perfecta. El predicador de la nueva hermenéutica dice que la iglesia debe cambiar. Yo pregunto: "¿En qué manera ha de cambiar la iglesia?"

1. El nombre. ¿Tenemos que dejar el nombre de iglesia de Cristo por otro? Sin embargo sabemos que ese nombre honra a Cristo y le da preeminencia como dice Colosenses 1.18.

¿Debemos ponerle a la iglesia el nombre de un santo o de algún reformador? ¿Será que debemos enfatizar alguna características prominente como lo es la santidad, la hermandad, la sana doctrina o algún sistema particular de organización como los congregacionalistas, los metodistas, o los presbiterianos? ¿Vamos a ser cristianos que honremos a Cristo o vamos a llamarnos discípulos como una denominación?

El nombre "iglesia de Cristo" es el nombre correcto. El fue quien edificó su iglesia (Mateo 16.18). El es la cabeza de la iglesia (Colosenses 1.18); la iglesia es su cuerpo (Efesios 1.22,23); la iglesia es su esposa (Efesios 5.23,32).

2. La organización. ¿Tenemos que cambiar la organización? ¿Quiere decir que ya no tendremos ancianos y diáconos en cada congregación? ¿Vamos a tener obispos que controlen un mayor número de congregaciones? ¿Vamos a tener mujeres en el presbiterio? ¿Es esto lo que enseña la nueva hermenéutica cuando dice que la iglesia debe cambiar?

3. La adoración. ¿Tenemos que cambiar el culto? ¿Acaso ya no es necesario reunirnos cada primer día de la semana para partir el pan? ¿Podemos partir el pan el miércoles - y luego la próxima semana el jueves? ¿Debemos cambiar sólo por cambiar para evitar la rutina?

Aquellos que enseñaron y practicaron cambios en los primeros siglos de nuestra era hicieron lo que los predicadores de la nueva hermenéutica están haciendo ahora. Miren lo que hacen: Ahora participan de la Eucaristía todos los días de la semana. Los feligreses tienen que abrir la boca para que el cura les ponga una hostia en sus lenguas.

¿Estamos nosotros encaminándonos en esa dirección? ¿Necesitamos colocar en nuestro culto un "metal que resuena, o címbalo que retiñe" (1 Corintios 13.1) aumentando su volumen para que ahogue nuestros cantos? ¿Será necesario que incluyamos "ordenanzas acerca de la carne" (Hebreos 9.10) que incluyan lo que dice el Salmo 150?

4. El plan de salvación. ¿Por qué no cambiamos el plan de salvación y comenzamos a rociar niños en vez de sumergir a los adultos penitentes? Esto es lo que ellos quieren decir cuando hablan de cambio y todos los demás cambios que hubo en el oscurantismo de la Edad Media.

Los que creen en la nueva hermenéutica critican las divisiones que existen dentro de las iglesias de Cristo: amilenialismo, premilenialismo, a capela, instrumental, institucional, no-cooperación, una copa, muchas copas, carismática, bautismo sólo en el nombre de Jesús, no-edificios, anti-clases, etc.

Dicen que por causa de estas divisiones nunca tendremos unidad institucional, porque no hay manera de determinar qué segmento de la iglesia es el que deseamos restaurar.

Pero el error aquí consiste en tratar de tener una unidad institucional, porque cada iglesia local es libre de las demás congregaciones, y el único cuerpo de dirección que tiene es el de ancianos. Desde el principio el error principal fue tener un credo, llamado "Credo de los Apóstoles", para mantener unida a la iglesia. Pero a pesar de este credo, o quizás a causa de éste, la iglesia fue dividida, y surgió la Católica Romana (universal) y la Ortodoxa Oriental (que se gobernaba de acuerdo a la verdadera doctrina).

Antes del movimiento de la Reforma se hicieron esfuerzos para lograr la unidad institucional. Los delegados se reunían para adoptar credos a los cuales tenían que someterse las congregaciones. Pero el resultado fue la división y más división porque cada grupo quería tener su propio credo.

La súplica del Movimiento de Restauración era rechazar todos los credos y volver a la Biblia. La súplica era: "Hablemos donde la biblia habla y callemos donde la Biblia calla". Pero la debilidad más grande consistió en tratar de tener una unidad institucional sin un cuerpo gobernante que reforzara la unidad. Pero no hay un cuerpo institucional que gobierne. Cada congregación es una unidad independiente que no se sujeta a ninguna organización institucional. La unidad existe dentro de cada congregación, que trabaja bajo la dirección de ancianos que la iglesia local elige.

Si una congregación decide servir la Cena del Señor con una sola copa, ellos son libres de hacerlo. Ninguna otra congregación le puede negar ese derecho. Si otra congregación no está de acuerdo, no puede imponer su decisión sobre ellos. Se pueden hacer esfuerzos por instruir a otras congregaciones, pero serán los ancianos quienes decidirán si se acepta o no la enseñanza en cuestión.

Aun dentro de cada congregación hay desacuerdo. Si el desacuerdo se convierte en algo grave, los ancianos pueden intervenir y pedir que cesa la discusión y que se sometan a las decisiones de los ancianos.

Así pues, los desacuerdos no son un tropiezo a la súplica de la Restauración, si comprendemos que no hay posible unidad excepto a nivel congregacional. Ningún hombre tiene el derecho de imponer su juicio fuera de la congregación.

De manera que no debemos hacer esfuerzos de establecer una unidad institucional a través de algún editor o revista para imponer la voluntad de él o de ésta.

Todos poseemos libertad, y si no estamos de acuerdo con un grupo de ancianos, podemos cambiarnos a otra congregación donde podamos trabajar en armonía con el liderazgo. Hay quienes ven en nuestros desacuerdos y debates una gran tragedia. Pero éstos son nuestra fortaleza. Tenemos libertad para debatir y estar en desacuerdo; pero los desacuerdos se arreglan por medio de un diálogo abierto, y no por supresión.

Los ancianos de cada congregación deben dar a todos los miembros el privilegio de tener diálogos que sean abiertos y equilibrados. Pero nunca se debe escribir un credo para poner fin a todo desacuerdo. Los credos sólo aumentan la división. La unidad se obtiene por medio de diálogos y estudios de la Biblia en cada congregación. Los que quieran escribir sus convicciones en boletines o revistas que llegan a los hogares de los miembros pueden hacerlo. Pero los ancianos tienen la autoridad para impedir que circulen ciertos boletines dentro de la membresía.

Si una congregación se extravía del camino correcto, las otras congregaciones pueden cortar su comunión con la misma.

A menudo he comparado la verdad con una ventana que está dividida en varias partes o marcos más pequeños. Si un niño tira una piedra a uno de los marcos pequeños, sólo un vidrio se rompe. Pero si la ventana es de un solo marco grande, entonces todo el vidrio se rompe con una pedrada. Si existe sólo una organización institucional, entonces toda la iglesia puede extraviarse de la verdad. Pero como cada congregación es una ventana pequeña separada, si una se rompe, las demás quedan intactas y no son afectadas.

Si entendemos esto, vamos a dejar de hablar de esa gran "iglesia invisible", porque la iglesia es visible a través de la congregación local. Cada congregación es libre e independiente bajo sus propios ancianos. La unidad entre varias congregaciones es posible por estar de acuerdo con una doctrina, pero no por someterse a un credo o por estar bajo la sujeción a un obispado de varias congregaciones.

Alguien ha dicho que no hay ejemplo que sea obligatorio. Si así fuera el caso, entonces podríamos participar de la Cena del Señor en cualquier día de la semana. Pero nosotros comemos de la Cena del Señor el primer día de la semana porque seguimos el ejemplo de la iglesia en Troas (Hechos 20.7) y en Corinto (1 Cor. 11.17-34; 16.1,2). 

Partimos del pan en la Mesa del Señor y bebemos de la copa de vino porque seguimos el ejemplo de Cristo (Mateo 26.26-30).

En relación a los ejemplos, es necesario tomar nota de los siguientes pasajes:

"Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor" (Santiago 5.10).

"Mas estas cosas sucedieron como ejemplos para nosotros, para que no codiciemos cosas malas, como ellos codiciaron... Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos" (1 Corintios 10.6,11).

"Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra,conducta, amor, espíritu, fe y pureza" (1 Timoteo 4.12).

"Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas " (1 Pedro 2.21).

"Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres" (2 Corintios 3.2).

Así que debemos seguir el ejemplo de la iglesia del Nuevo Testamento. Por eso es que yo fui a Alemania. Aquí hay un buen texto bíblico que nosotros podemos usar como guía (Hebreos 8.5).

Tenemos que continuar enseñando la doctrina apostólica (Hechos 2.42). Y 2 Juan 9 dice que si no seguimos la doctrina de Cristo, no somos de Dios.
Cristo dijo que adoramos a Dios en vano cuando enseñamos doctrinas y mandamientos de hombres (Mateo 15.8,9).

- Otis Gatewood

La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 1993

(Vía Gospel Advocate, August 1992))  

   
Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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