OVEJAS EN MEDIO DE LOBOS

 

 

Una cultura de violencia

Poco después de que la primera familia humana vino a existir, Caín se levantó contra su hermano Abel y le dio muerte. Desde entonces la violencia ha sido parte de nuestro mundo. Jacob tuvo que huir de Esaú porque temía por su vida. A David por poco lo mata su propio hijo. Después de la división del reino, por lo menos 9 de los 19 reyes de Israel murieron violentamente.

Juan el Bautista fue decapitado. Aun el mismo nacimiento de Jesús, el Príncipe de Paz, fue marcado con la muerte de todos los niños varones pequeños en la región de Belén.

La tradición nos dice que todos los apóstoles, excepto uno, murieron como mártires. Las cruzadas resultaron ser "guerras santas". La Inquisición incluía tortura y muerte en nombre de la religión. Muchos mártires, tal como Tyndale, estaban entre los primeros reformistas.

Hoy la gente da muerte a doctores que practican el aborto en nombre de la religión mientras que los doctores que practican el aborto destruyen los fetos en nombre del derecho de escoger. Católicos y protestantes se matan unos a otros en Irlanda del Norte. Cristianos y musulmanes se matan unos a otros en lo que era antes Yugoslavia.

Las espadas no se han transformado todavía en arados. Ciertamente vivimos en una cultura de violencia, tal como ha ocurrido en las generaciones pasadas.

Sin embargo las estadísticas indican que nos estamos acercando a un nivel muy por encima del promedio común de violencia. La Organización Mundial de la Salud reporta que cerca de 1.4 millones de personas murieron en 1990 como consecuencia del homicidio, el suicidio o la guerra. El aumento de violencia en el globo ocasionó que la organización declarara un Día de la Salud Mundial en 1993. Un dato estadístico casi increíble señala que la causa número uno de muertes entre mujeres norteamericanas que trabajan es el homicidio. esto es de acuerdo a un organismo que trata de la seguridad y salud de gente que trabaja.

En 1992 solamente en la ciudad de Los Ángeles 429 homicidios (un promedio de más de uno por día) fueron clasificados como relacionados con actividades de pandillas juveniles, según un reporte del Departamento de Justicia. Un resumen de este reporte publicado en un anuario enciclopédico de 1994 concluye que la crisis de las pandillas no puede ser resuelto sino hasta que el país invierta el proceso de su creciente violencia.

En agosto de 1993 se publicó un reporte de parte de un panel de la Asociación Sicológica de Norteamérica, declarando que la violencia es resultado de factores culturales y sociales. El panel señaló la urgencia que hay de reducir los programas de violencia en la televisión y la necesidad de implementar programas de intervención para rescatar niños cuyos padres tengan antecedentes de conducta violenta. La conclusión de inevitable: vivimos en una época de exagerada violencia.

¿Dónde aparece el cristiano en este cuadro? Jesús les dijo a sus apóstoles: "He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos" (Mateo 10.16). ¿Cómo pueden las ovejas vivir en un mundo de lobos o en el que hay leones buscando a quien devorar (1 Pedro 5.8)? Ciertamente los cristianos tienen que ser muy cuidadosos en su comportamiento si quieren sobrevivir con sus valores y principios intactos.

Ahora bien, hay que reconocer que hay un límite en lo que un cristiano puede hacer. No podemos esperar que los lobos y los leones se comporten como ovejas. No podemos forzarlos a que actúen de otra manera.

En nuestra sociedad las leyes no son determinadas por la palabra de Dios sino por la voluntad del pueblo. Es poco probable que nuestros legisladores puedan cambiar los valores culturales de nuestro tiempo.

Para bien o para mal, la sociedad en general reacciona negativamente a los esfuerzos de los grupos religiosos que tratan de influir en el proceso legislativo. Las acusaciones que nos hacen de que queremos imponer nuestras creencias religiosas sobre la gente o que queremos bloquear la libre expresión hace muy difícil, si no imposible, cambiar la sociedad a causa de esta situación.

De todas formas el poder de la autoridad civil no puede ser la mejor manera cuando vemos los ejemplos de Jesús y los primeros cristianos y quedamos impresionados con el poco uso de la fuerza de ellos para alcanzar una conformidad con la voluntad de Dios. (La purificación del templo es lo único que me viene a la mente). Así que tenemos que buscar una manera diferente para cambiar la conducta de los lobos y los leones.

De igual manera tenemos que entender que la guerra contra la violencia es nuestra guerra, y no será la guerra de los lobos. No podemos esperar que la sociedad pueda resolver este problema por nosotros. La sociedad es el problema.

Hay un gran peligro cuando nos hacemos tan insensibles por la cultura en que vivimos, que nuestras percepciones y nuestra conducta se ofuscan ante la seriedad del problema. Se cuenta la historia de Perry, el explorador del Ártico, que viajó todo un día por trineo, cuyos perros se dirigían hacia el Polo Norte, pero que al final se encontró más lejos hacia el sur. ¿Qué sucedió? Sin darse cuenta se encontraba sobre un gigantesco témpano de hielo que se movía más rápido que él, pero en vía contraria, hacia el sur. De igual manera, tenemos que reconocer cuál es la corriente cultural en que nos movemos, para no contaminar en ella nuestros valores y principios cristianos. Aun más alarmante puede ser el caso de insensibilidad que cause que los lobos influyan sobre las ovejas en vez de que las ovejas influyan sobre los lobos. En un periódico local leía en la sección de religión un artículo acerca de los resultados de una encuesta a nivel nacional relacionada con la fe y las finanzas. "Jesús enseñó que nadie puede servir a dos señores, a Dios y al dinero, pero eso no parece ser entendido así por una mayoría de norteamericanos que viven opulentamente". Esta observación no parece ser una verdadera sorpresa, tomando en cuenta la sociedad tan materializada en que vivimos. De hecho se puede argumentar que es casi imposible aun para los cristianos más dedicados a vivir en Norteamérica hoy sin sucumbir, ocasionalmente y a veces más frecuentemente, ante el amor al dinero o la avaricia.

Muchos otros ejemplos pueden ser dados de cristianos contaminados por la sociedad. La inmoralidad sexual, aunque no es universal, es común aun en nuestras mismas congregaciones. Algunos de nosotros apoyamos la oposición de carácter violento contra el aborto, los juegos de azar y otros males de la sociedad. Sin embargo ni las Escrituras ni la historia nos ofrecen evidencia de que los primeros cristianos hicieron uso de la violencia para oponerse a las maldades de Roma o Jerusalén, aun en defensa de niños inocentes. Por el contrario, los cristianos son instruidos a vencer el mal con el bien (Romanos 12.21) y poner la otra mejilla si son abofeteados en una (Mateo 5.39).

¿Quiere esto decir que los cristianos deben quedarse con los brazos cruzados y no hacer nada? ¿O que no podemos tener influencia en nuestra cultura? Por supuesto que no. Hemos sido enseñados a ser la sal de la tierra y la luz del mundo (Mateo 5.13-14). Nunca debemos olvidar que el amor y el bien son superiores al mal. El mundo todavía muestra reverencia por aquellas personas que se entregan incondicionalmente al servicio de la humanidad (como el caso de la Madre Teresa de Calcuta).

Entonces, ¿ qué podemos hacer? En primer lugar nosotros mismos podemos practicar la no violencia. Podemos dejar que el fruto del Espíritu se manifieste en nosotros, a medida que mostramos amor, paz, gozo, fe, gentileza y dominio propio (Gálatas 5.22,23).

Podemos ser voces en nuestras comunidades para condenar la violencia sin dejar de dar nuestro voto a las buenas causas (no al aborto, no al desorden civil, etc.) Así ocurrió al principio del cristianismo y ahora con el éxito del movimiento en pro de los derechos civiles, pues en ambos casos la no violencia ha sido mucho más efectiva que el uso de la fuerza. Grupos que dependían de la fuerza, como el comunismo, pueden tener éxito por un tiempo, pero al final fracasan. Además podemos enseñar la no violencia. En cada oportunidad que tengamos que hablar, tenemos que recordarle a la gente acerca de los peligros de la violencia en nuestra sociedad. Recordemos que Oseas, el profeta de Dios, declaró que su pueblo se había perdido porque le faltó conocimiento (Oseas 4.6).

Más aun, podemos animar los esfuerzos de nuestra sociedad para contratar los elementos que causan violencia. Para esto tenemos que dar nuestro apoyo a la policía y a las cortes de justicia, incluyendo influencia en la legislación y aumentar, si es necesario, nuestros impuestos, para que estos organismos puedan contar con recursos para proteger la sociedad de gente que es una amenaza para la misma. Ninguno de nosotros desea vivir en una jungla donde los grandulones y los más fieros tomen lo que quieren. Antes bien, anhelamos una sociedad donde la ley y el gobierno controlen la conducta de los individuos, con la meta de mejorar la calidad de vida para todos los ciudadanos.

Sin embargo no queremos tener un estado militar. Aunque el gobierno ha sido autorizado por Dios para llevar la espada en función de proteger la sociedad, tal función debe ser ejercida con misericordia, como ha sido mostrado en repetidas ocasiones por Dios y Jesús. (Ver Juan 8.1-11).

La historia revela que una de las causas principales por las cuales Hitler fue elegido como líder del pueblo alemán fue su promesa de obtener control sobre los elementos que quebrantaban las leyes de la sociedad. Como consecuencia de esto, sus esfuerzos iniciales de instalar una policía militar recibieron mucho apoyo, hasta que luego ya fue muy difícil detenerla. Aun con todo, no hay razón por la cual no podamos ejercer prudencia en obtener un control adecuado contra la violencia y el crimen.

Además podemos utilizar nuestra influencia para oponernos a la violencia aceptada por la sociedad. Aunque no podemos detener a la gente que favorece la violencia en la televisión, el cine, los juegos de vídeo o la literatura, podemos contribuir por evitarla personalmente. Podemos levantar nuestras voces de oposición por escribir cartas a los dueños de los teatros, las compañías televisivas, estaciones de radio y las empresas patrocinadoras. Podemos rehusar (y hacérselo saber a ellos) comprar productos de compañías que apoyan a tales producciones insanas. La televisión y el cine son los causantes principales de la violencia que se practica por mucha gente. La frase que antiguamente se usaba de que el que alimenta un computador con basura obtiene basura se puede cambiar para decir hoy que quien introduce violencia en la sociedad genera violencia. Tenemos que estar activos en la arena. Ciertamente en nuestros hogares nosotros tenemos que estar controlando lo que nuestros hijos miran, oyen y leen, lo mismo que los juegos de vídeo que utilizan.

De igual manera podemos rehusar dar nuestro apoyo a equipos que juegan por ganar y no por elevar el espíritu deportivo. Podemos argüir que "ganar es lo más importante" es un concepto anti-cristiano, y que la mentalidad cristiana más bien dice que "lo importante no es quiénes van a ganar sino cómo van a jugar". Los deportes que glorifican la violencia como el hockey no necesitan nuestro apoyo. Y esto aplica a cualquier deporte que se degenere.

Al principio hice la declaración que nosotros no podemos esperar que los leones actúen como ovejas. Sin embargo, en el mundo espiritual, los lobos pueden convertirse en ovejas. En diversas ocasiones la influencia del cristianismo ha cambiado el curso de la civilización. El caso más obvio ha sido Roma, los antiguos perseguidores de los cristianos. Sin embargo fueron tantos los paganos que se convirtieron que los templos paganos quedaron vacíos (o fueron convertidos en lugares de adoración cristiana. - Editor). Tenemos que predicar el evangelio con fervor. Hay que recordar que no tenemos que convertir en oveja a todo lobo que encontremos para tener un impacto significante.

No debemos sentirnos desanimados cuando la gente rechace el mensaje. Cuando los asirios estaban amenazando a Israel y Judá, los profetas estaban instando al pueblo a volverse pronto a Dios, antes que fuera demasiado tarde. Entre estos profetas estaban Amós, Oseas e Isaías. La historia y la Escritura revelan que Israel rehusó volverse a Dios, y como consecuencia el pueblo fue llevado en cautiverio. Por otro lado Judá se volvió a Dios bajo el reinado de Ezequías, y por lo tanto fue librado del enemigo.

Un poco más de un siglo más tarde Judá fue amenazado de nuevo, esta vez por los babilonios. De nuevo los profetas, siendo Jeremías el más notable, instaron a la nación a confiar en Dios. Esta vez el pueblo no hizo caso del mensaje, y Judá fue llevada en cautiverio a Babilonia. El punto es que no sabemos si recibiremos advertencia como la que dieron Miqueas e Isaías, o si seremos rechazados como lo hizo Jeremías. Sin embargo debemos hacer el esfuerzo. Lo que sí sabemos con seguridad es que no podemos anotar cien por ciento de nuestros intentos (como en el basquetbol), pero lo importante es que hagamos todo lo que podamos.

Finalmente, y quizá lo crucial, es que podemos orar. Santiago 5.17-18 nos recuerda que las oraciones de Elías eran poderosas. La oración ferviente de un hombre justo puede tener un impacto mayor que lo que podríamos imaginar.

En suma, la vida cristiana consiste en fe y obras. Es como decir: "Confíe en Dios, pero ponga candado a su casa cuando salga". Tenemos que confiar en Dios. Ezequías rodeado de los asirios, Moisés perseguido por los ejércitos de Faraón, y Daniel que se encontraba en el foso rodeando de leones, testifican perfectamente de esto mismo.

Por otro lado, a veces tendremos que utilizar los recursos y oportunidades que se nos ofrezcan para salir adelante. David enfrentando a Goliat, Finees oponiéndose a la blasfemia (Números 25.7-8), Pablo apelando a César, Ester oponiéndose a Amán, y Juan enfrentando a Herodes son testimonios de esto también.

Para la guerra contra la violencia en nuestra cultura se requiere de ambos elementos. Tenemos que orar con fe para la intervención de Dios. Al mismo tiempo tenemos que mantenernos firmes al lado de la gente que se opone a la violencia, rehusando observarla, apoyarla o glorificarla junto a aquellos que la promueven. Recordemos que somos la sal de la tierra, "pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres" (Mateo 5.13). También somos luz del mundo: "Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mateo 5.16). Amén.

- Bill Vermillon

La Voz Eterna, Mayo-Junio 1996

 

Índice de Estudios
(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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