¿PREDICADOR O CACIQUE?

 

 
"Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñandoles que guarden todas las cosas que os he mandado..." (Mateo 28.19,20).

Este fue el mandato que nos dio nuestro Señor Jesucristo, a todos los que tenemos la responsabilidad de anunciar las buenas nuevas de salvación. Dice el apóstol Pablo recomendándole a Tito: "Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente, y establecieses ancianos en cada ciudad" (Tito 1.5). También le aconseja a Timoteo diciéndole: "Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio" (2 Timoteo 4.5).

En ninguna parte de las Escrituras encontramos que el predicador debe ser el dueño de la iglesia, mucho menos el "cacique". Esto de cacique es un problema muy grande en muchas congregaciones, pues, encontramos a predicadores en América Latina que creen tener el poder absoluto sólo porque fundaron esa congregación o en mucho de los casos cuando sólo llegan a establecerse como predicadores y se hacen "los jefes" de la iglesia. Estos predicadores no tienen la visión de instruir a otros hermanos para que se dediquen a la obra, y si llega alguien con todo el deseo de trabajar le "cortan las alas" y no permiten que se desarrolle en el campo.

Quizás alguno dirá que nunca jamás en la vida ha pretendido ser el cacique de la iglesia. Pero al no permitir que la iglesia se desarrolle, y mucho menos tener el más mínimo deseo de enseñarle a otro para que en un tiempo ocupe su lugar, está permitiendo que se le llame "El Predicador Cacique", al no permitir que nadie usurpe su puesto. En muchos casos, hay predicadores que se convierten en los "jefes" de la iglesia, por la simple razón de ayudar económicamente a hermanos, manipulándolos de una manera que al predicador le convenga.

Las Escrituras nos dicen: "Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren" (1 Timoteo 4.16). Esto es muy claro: nos aconseja que nos cuidemos de todas las cosas, pues el predicador es el portavoz del Señor. Por ello nos manda a que procuremos con diligencia, presentarnos a Dios aprobado; y el único dueño absoluto de la iglesia es nuestro Señor Jesucristo quien murió y derramó su sangre por ella (Hechos 20.28).

Debemos de tomar el ejemplo del apóstol Pablo que nos enseñó a ser humildes y tuvo la autoridad de decir: "Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo" (1 Cor. 11.1). A Pablo lo vemos estableciendo muchas iglesias de Cristo, y nunca dijo que la iglesia en Corinto era de él, o que la iglesia en Galacia le pertenecía. Al contrario vemos la exhortación que le hace a la iglesia en Corinto haciéndoles ver que Pablo no fue crucificado por ellos, sino Cristo el autor y consumidor de la fe.

Como verdaderos cristianos que amamos a Dios, debemos de ser ejemplo de los demás. Como predicadores que anunciamos las buenas nuevas de salvación, debemos proveer incentivos y discípular a otros para que se dediquen a pregonar el evangelio.

De esta forma estaremos cumpliendo con el mandato que nuestro Señor Jesucristo nos dio a todos en Mateo 28.19,20.

- Freddy Ramírez Bonilla

La Voz Eterna, Enero-Febrero 2004

  

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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