¿ES EL SIDA UN AZOTE DIVINO?
  

El SIDA (acronómico de síndrome de inmuno deficiencia adquirida), enfermedad mortal del siglo XX, ocupa diariamente las primeras planas de los periódicos de todo el mundo, anunciando que es un azote dispuesto a cobrar millones de vidas en pocos años. En nuestros países latinos ya son miles los que han muerto de SIDA, y muchos más (aun sin saberlo) serán pronto víctimas de esta enfermedad que no tiene cura. Ante el surgimiento de un mal tan destructivo, es obvio que el mundo pregunte: ¿De dónde ha venido esta enfermedad? ¿Por qué sufre el hombre esta plaga? ¿No son suficientes la guerra, el hambre y los terremotos?

Entre otras cosas, el SIDA ha recibido el nombre "azote divino". Pero la pregunta es: ¿Puede atribuirse a Dios el origen del mal? ¿Puede Dios crear una enfermedad que destruya indiscriminadamente a sus criaturas? Lo más exacto es decir que Dios no es el creador del mal, pero que sí permite que vengan males al hombre, como en el caso de Job (Job 1.12). En cuanto al "azote divino", es cierto que Dios en el Antiguo Testamento empleó naciones poderosas como "látigo" para castigar al pueblo de Israel. Según esto, Dios utilizó a Babilonia como instrumento (Jeremías 25.9-11). Sin embargo no hay que olvidar que Babilonia era en sí un gigantesco pulpo que extendía sus tentáculos de rápida conquista en el siglo VI a. de C. Dios no creó este monstruo. Ya existía. Dios lo dejó que invadiera Judá, como escarmiento para ese pueblo infiel.

Hoy, pues, también se puede decir que Dios permite que las enfermedades (así como las catástrofes naturales) sigan su curso destructor sin que él lo impida, porque quizá estos males tienen un propósito depurador. Ahora ya no son pueblos específicos sobre los que actúan los juicios de Dios, ni Egipto, Asiria, Babilonia, Israel, Tiro ni Sidón. Ahora los males vienen por entero a toda la humanidad. En la proximidad del fin, Dios trata con el mundo como un todo, ya que toda la tierra será sometida a juicio.

Cuando el SIDA apareció, escandalizó tanto al mundo, que los investigadores se hicieron interminables conjeturas sobre la naturaleza de este mal. Al principio se anunció que esta fatal enfermedad era exclusiva de los homosexuales. Después se detectó su alta incidencia en la raza negra; pero pronto se descubrió que los casos de SIDA son comunes a muchas clases de personas que tengan de por sí deficiencia en sus defensas orgánicas. La conclusión más extraordinaria a que se ha llegado es que la manera en que esta enfermedad se transmite es por medio de la promiscuidad sexual.

Hay un consenso general en cuanto el peligro de SIDA que hay en las relaciones sexuales fuera del matrimonio. Es decir que una persona que tiene relaciones con otros que no sean su cónyuge, se expone fatalmente a contagiarse de esa enfermedad, porque cualquiera puede ser portador de este virus mortal. Es cierto que se puede contar con medios profilácticos para protegerse de esa posibilidad, sin embargo una relación extramarital es definitivamente en riesgo fatal, ya que no existe método infalible de protección contra cualquier enfermedad venérea, incluyendo ésta.

Uno de los misterios más grandes en cuanto a la enfermedad del SIDA es: ¿Cuándo exactamente surgió? y ¿cuál es su origen? Realmente es un gran misterio porque nadie puede dar contestación a estas preguntas - y quizá nunca habrá respuesta porque es algo parecido al cáncer. El cáncer es una enfermedad mortal que no se sabe cómo surgió. Lo que sí se sabe es que no tiene cura y que es un mal que ataca a toda la humanidad.

Ahora bien, aunque no podemos determinar el origen del mal del SIDA, sabemos que es una plaga universal; y que Dios bien la puede utilizar para darle una lección al hombre. La puede usar para hacerle ver que su destino no está en sus manos, que puede ser atacado por un mal que es superior a él. Y más importante aun, Dios permite el mal y su efecto mortal para que el hombre escarmiente, se arrepienta, y se vuelva al único que tiene poder sobre el bien y el mal.

Precisamente el libro de Apocalipsis tiene un mensaje sobre lo anterior. En diferentes instancias aparecen en el libro los juicios que vienen sobre la humanidad, los sellos de los jinetes y los caballos, las trompetas, las copas de ira. Por ejemplo, en cuanto a la quinta copa. Apocalipsis 16.11 dice: "Y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras". En ésta y otras ocasiones se indica que los hombres no se arrepienten ni se vuelven al que tiene poder sobre estas plagas (Apocalipsis 16.9; 9.20,21). En otros casos, los hombres, aterrorizados por los juicios, dan gloria a Dios (Apocalipsis 11.13). La pregunta es, ¿no estará Dios utilizando el SIDA para ver si el hombre reacciona y se vuelve de su loca carrera materialista, atea e irreverente, hacia Aquel que tiene poder sobre toda plaga?

Y ¿qué podemos decir de los cristianos? ¿Son los hijos de Dios inmunes al SIDA? Esta, desde luego, es una pregunta muy difícil de contestar, pero por lo menos algo podemos comentar. Nadie en el mundo es inmune a ninguna enfermedad. Un cristiano no necesita el SIDA para morirse, porque le basta una gripe. Toda enfermedad contagiosa puede transmitirse accidentalmente, y el SIDA no es una excepción. En una familia de padres con SIDA, puede haber hijos que contraigan esa enfermedad, independientemente de su fe religiosa. ¿Quiere esto decir que no sirve de mucho que uno sea cristiano ante el monstruo del SIDA? Por supuesto que no. Veamos en seguida unos aspectos importantes en cuanto a esta cuestión.

Los cristianos pertenecen a un pueblo que tiene más garantía de no contraer SIDA. ¿Cómo es esto? La respuesta está en lo que los cristianos creen y practican. Si el SIDA se contrae más que nada por medio de las relaciones sexuales fuera del matrimonio y por el uso de drogas, entonces los cristianos, que no practican estas cosas, cuentan con una protección que no tiene el mundo. La clave está en obedecer los mandamientos de Dios y confiar plenamente en Cristo.

Curioso como parezca, el libro de Apocalipsis, que habla de las plagas que vienen sobre la humanidad, también habla de la protección divina para los santos. Dios libra a sus escogidos de la gran tribulación que viene sobre el mundo (Apocalipsis 6.14). Dios sella a los suyos, librándolos del daño que viene a la tierra (Apocalipsis 7.3). Dios "mide" a sus escogidos, limitándolos dentro del lugar santo del templo, mientras que el patio de afuera es entregado al mundo (Apocalipsis 11.1,2). Es interesante observar que los del mundo no se arrepienten "de su fornicación" (Apocalipsis 9.21) mientras que los cristianos "huyen de la fornicación" (1 Corintios 6.18). Los cristianos que tienen el Espíritu Santo, gozan de protección divina porque se sujetan a la voluntad de Dios.

"Aquí está la paciencia de los santos, los que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús" (Apocalipsis 14.12).

- Arnoldo Mejía A.

La Voz Eterna, Septiembre 1987

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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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