LA DOCTRINA BIBLICA DEL SILENCIO
  

¿Es el silencio de las Escrituras permisivo o prohibitivo?

La fuerza del silencio bíblico debe ser descubierta en las Escrituras mismas. Si uno descubre cómo los hombres inspirados consideraron el silencio de la Escritura, tales nos mostrarían cómo nosotros gente no inspirada, debemos considerar el silencio de Dios. El silencio fue exclusivo en la ley que Dios dio a Israel. Esto se muestra en el mandamiento contra la idolatría. La ley dada en Sinaí registrada por Moisés era breve y clara. Dios dijo: "No tendrás dioses ajenos delante de mí" (Exodo 20.3). Esta ley está expandida en Deuteronomio 17.2,3,5: "Cuando se hallare en medio de ti, en alguna de tus ciudades que Jehová tu Dios te da, hombre o mujer que haya hecho mal ante los ojos de Jehová tu Dios traspasando su pacto, que hubiere ido y servido a dioses ajenos, y se hubiere inclinado a ellos, ya sea al sol, o a la luna, o a todo el ejército del cielo, lo cual yo he prohibido... entonces sacarás a tus puertas al hombre o a la mujer que hubiere hecho esta mala cosa, sea hombre o mujer, y los apedrearás, y así morirán".

Dios no tuvo que enumerar todas las deidades paganas de Egipto y Canaán a fin de enseñar el monoteísmo. Todo lo que se necesitaba era enseñarles a quién deberían de adorar, y eso excluía todos los demás. Este procedimiento se enseñó en el ministerio de Jesucristo mismo. Cuando Jesucristo fue tentado a caer y adorar al diablo, él contestó con una Escritura: "Al Señor tu Dios, adorarás y a él, solo servirás" (Mateo 4.10). La Escritura que Jesucristo citó era de Deuteronomio 6.13: "A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás, y por su nombre jurarás". Esto no fue una afirmación explícita que prohibía la adoración del diablo. Esta era una enseñanza positiva estableciendo quién debía ser adorado. Esta excluía a todos los demás, aun al diablo.

El silencio de las Escrituras era prohibitivo en este caso. No era necesario enumerar todos los dioses que han sido adorados por los hombres y específicamente prohibidos. Una enseñanza positiva por su propia naturaleza excluía todo lo que no estaba incluido. La naturaleza exclusiva del silencio se muestra en la vida práctica de la iglesia del Nuevo Testamento. La narración de Hechos habla sobre ciertos hermanos que habían venido de Jerusalén a Antioquía. Estos estaban causando una división en la iglesia porque exigían la circuncisión de todos los hermanos.

Pablo y Bernabé rehusaron permitir esta innovación en la iglesia del Señor. Ambos grupos de Antioquía vinieron a los apóstoles en Jerusalén para resolver el conflicto. Después de mucha discusión, los apóstoles, los ancianos y la iglesia enviaron cartas a todas las iglesias entre los gentiles. Una parte de la carta dice: "Por cuanto hemos oído que algunos que han salido de nosotros, a los cuales no dimos orden, os han inquietado con palabras, perturbando vuestras almas... nos ha parecido bien, habiendo llegado a un acuerdo, elegir varones y enviarlos a vosotros con nuestros amados Bernabé y Pablo" (Hechos 15.24-25). Los apóstoles rehusaron permitir que los hermanos impusieran aquello que no tenía la autoridad de Jesucristo o de los apóstoles. De aquellos que trajeron las innovaciones sin autoridad se dijo: "han inquietado y perturbado vuestras almas". Tal es la suerte de todos quienes ponen en práctica en la iglesia cualquier cosa que Jesucristo y los apóstoles no ordenaron.

 

El silencio

El silencio de las Escrituras puede entenderse de tres maneras:

(1) El silencio es algunas veces la voluntad de Dios no revelada que el hombre no puede saber y no necesita saber.

(2) El silencio algunas veces pertenece a lo incidental, las maneras y medios de hacer algo que es ordenado en las Escrituras pero cuyos detalles no son revelados.

(3) El silencio es algunas veces exclusivo. El silencio desaprueba cualquier cosa que esté más allá de lo que está claramente revelado.

Lo no revelado

Hay muchas cosas sobre las que Dios no ha hablado. Estas están totalmente sin revelar y sería arrogancia tratar de penetrar el silencio de Dios. Dios no ha revelado cuándo Jesucristo ha de venir otra vez; esto es un misterio; éste consiste de secretos que pertenecen solamente a Dios. Moisés dijo: "Las cosas secretas pertenecen a Jehová nuestro Dios" (Deuteronomio 29.29). Uno debe respetar el silencio de las Escrituras como también las cosas que están claramente reveladas.

Lo incidental

¿Cuándo incluye el silencio de las Escrituras lo incidental? Un ejemplo de este tipo de silencio puede ser visto con relación a las asambleas cristianas. Las Escrituras guardan silencio sobre dónde se han de reunir los cristianos. Es evidente que la iglesia del Nuevo Testamento se reunía con frecuencia. Era su práctica reunirse el primer día de la semana para observar la Cena del Señor (Hechos 20.7; 1 Corintios 11.17-34). Cuando ellos se reunían, ellos hacían contribuciones para las necesidades de los santos de acuerdo a como eran prosperados (1 Corintios 16.1-4). A ellos se les exhortaba a no dejar de congregarse (Hebreos 10.25).

La Biblia, sin embargo guarda silencio sobre dónde se habrían de reunir. Algunas veces se reunían en el pórtico del templo de Salomón; algunas veces en el aposento alto; otras veces en la sinagoga. Nada se dice sobre un edificio de reuniones o un lugar rentado. La Biblia enseña la necesidad de reunirse, pero no se revela la ubicación y el estilo del edificio. Algunas veces las Escrituras guardan silencio sobre cómo una cosa debe ser hecha aunque requiere que se haga. F. L. Lemley ha expresado este concepto claramente en "El Silencio de Dios": "Debe observarse que los medios para llevar a cabo los mandatos están incluidos en los mandatos y no necesitamos tener una autorización específica para cada práctica. Pero cuando no hay un mandato no puede haber una práctica autorizada" (Firm Foundation, Mayo 28, 1974, pág. 5).

Lo excluido

¿Cuándo es exclusivo el silencio de las Escrituras? Un ejemplo de este tipo de silencio puede verse en el bautismo de infantes. En ningún lugar condena la Biblia el bautismo de infantes. Las Escrituras guardan silencio al respecto. Este es rechazado, no porque la Biblia lo condena o porque esté moralmente mal, sino porque es hecho sin la autoridad de Cristo revelada en las Escrituras.

Las Escrituras enseñan que el bautismo es para los creyentes arrepentidos, que el bautismo es para la remisión de pecados, y que el bautismo es una inmersión. El bautismo de infantes no incluye ninguno de estos conceptos. El bautismo de infantes es algo diferente del bautismo del Nuevo Testamento, porque es diferente de cualquier enseñanza del Nuevo Testamento sobre el bautismo. Winfred Ernest Garrison y Alfred T. DeGroot registraron un incidente cuando se hizo esto a principios del Movimiento de Restauración. Ellos escribieron: "Cuando en 1809, Thomas Campbell pronunció el lema: 'hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla', Andrew Munro respondió y dijo: 'Sr. Campbell, si adoptamos eso como una base, entonces ha llegado el fin del bautismo de infantes'. Así fue para aquellos que respetaron el silencio de las Escrituras" (The Disciples of Christ, rev. ed. Bethany House, St. Louis, 1958, pág. 140).

Cuando un mandato es dado, lógicamente excluye todo lo que está incluido en el mandato. Woody Woodrow afirmó este punto con citas de Arlie Hoover: "Un verdadero mandato, aseveración o palabra debe tener un significado limitado, de lo contrario sería imposible un discurso racional. Como Hoover ha notado, si una palabra significa cualquier cosa, entonces ésta no significa nada en particular. Por lo tanto, para que un término signifique algo se debe incluir en sí mismo y excluir o contradecir lo opuesto" ("El silencio de las Escrituras y el Movimiento de Restauración", Restoration Quarterly 28.1, págs. 37-38).

Una perspectiva histórica

No hay quizá mayor causa para las divisiones en el Movimiento de Restauración en América que el entendimiento del silencio de las Escrituras por cada segmento. El silenciode las Escrituras ha estado en el corazón de cada conflicto respecto a ambas, la doctrina y la práctica. Un lema con frecuencia expresado en el Movimiento de Restauración refleja la importancia del silencio. Thomas Campbell, en 1809 dijo: "Hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla". Es la última parte de este lema sobre la cual ha habido tanto desacuerdo, en un modo general. Puede decirse que hay tres divisiones principales en el Movimiento de Restauración. Estos son generalmente identificados como la Iglesia Cristiana (Discípulos de Cristo), la Iglesia Cristiana Independiente y la Iglesia de Cristo no instrumental.

La Iglesia Cristiana (los Discípulos de Cristo)

Aproximadamente en 1889, la Iglesia Cristiana (los Discípulos de Cristo) filosóficamente se dividió del Movimiento de Restauración. (El 18 de agosto, Daniel Sommer leyó un discurso y alocución en Sand Creek, Illinois. El 11 de febrero se organizó la Tennessee Home Mission Society. El 8 de diciembre Robert C. Cave predicó un sermón en Saint Louis negando la inspiración de la Escritura.) Los temas externos que fueron discutidos incluyeron: La Sociedad Misionera, la Música Instrumental y la membresía abierta. Sin embargo, el tema real, fue el entendimiento incorrecto que el silencio de las Escrituras era permisivo y no prohibitivo.

La mayoría reconoció que las sociedades, la música instrumental y la membresía abierta no tenían autoridad bíblica, pero esto no fue una razón suficiente para descartarlas. La primera negación de cualquier fuerza para el silencio prohibitivo de las Escrituras no ha alcanzado el rechazo completo del principio del Movimiento de Restauración. La ironía de todo fue la división de 1926/28 entre los Discípulos y las Iglesias Cristianas Independientes respecto al mismo principio como la división anterior de 1889. Las innovaciones de 1889 fueron la Sociedad Misionera y la Música Instrumental. Las innovaciones de 1926/28 fueron sobre la membresía abierta y el gobierno de la iglesia. La aceptación de lo permisivo del silencia de las Escrituras fue el centro de ambas divisiones.

La Iglesia Cristiana Independiente

En la división de 1889, los Discípulos y la Iglesia Cristiana Independiente estaban juntas. Ambas querían las sociedades y la música instrumental y exigían libertad para tenerlas en base al silencio permisivo. Este silencio permisivo llevó a los miembros de la Iglesia Cristiana Independiente más lejos de los que deseaban ir. Posteriormente ellos no estuvieron dispuestos a aceptar la membresía abierta y la estructura jerárquica denominacional de los Discípulos. Como ya se notó, la tensión era evidente, como en 1911 y la crisis de 1922 y 1926. Luego vino la división abierta en 1968 entre los dos grupos. Sus diferencias estaban basadas sobre sus diferentes interpretaciones del silencio de las Escrituras.

Los Discípulos negaron que fuera posible el principio del Movimiento de Restauración y creían que si éste fuera posible, no sería deseable. El liberalismo teológico les hizo rechazar la primer parte del lema: "Hablamos donde la Biblia habla". La negación de lo prohibitivo del silencio de las Escrituras les hizo rechazar la última parte del lema: "Callamos donde la Biblia calla".

La Iglesia Cristiana Independiente tomó un rumbo diferente al de los Discípulos, observando el lema: "Hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla". Ellos interpretaron el "silencio" ser permisivo y no prohibitivo. Sostenían que si una cosa no estaba prohibida, ésta era permitida. Deseaban mantener su posición tradicional de ser independientes en su gobierno y rechazar tales innovaciones como la membresía abierta, pero al mismo tiempo, querían retener las sociedades y el uso del instrumento musical. Se encontraron a sí mismos en una posición muy comprometedora y contradictoria al hablar del silencio en dos maneras. En una discusión con los Discípulos, afirmaban que el silencio de las Escrituras era prohibitivo para rechazar la membresía abierta y el gobierno denominacional. Pero en una discusión con las Iglesias de Cristo afirmaban que el silencio de las Escrituras era permisivo para aceptar las sociedades y la música instrumental.

Las Iglesias de Cristo

El principio del silencio bíblico en el presente es ignorado por los Discípulos, reformulado por la Iglesia Cristiana Independiente, pero todavía tomado seriamente por las Iglesias de Cristo. Si las Escrituras son inspiradas, no se puede ignorar el callar donde la Biblia calla. Las Escrituras mismas afirman la fuerza prohibitiva de su silencio. En Let All the Earth Keep Silent, Phil Sanders muestra que esto es un entendimiento bíblico válido en al Antiguo y el Nuevo Testamentos. El afirma: "La razón por la cual el silencio puede prohibir cuando no autoriza es porque Dios ha dicho todo lo que él quiso decir al respecto. El habló lo que deseaba decir, él habló todo lo que deseaba decir, y calló... Su silencio no autoriza nada y prohibe cualquier cosa más. Pero nuestro Dios omnisciente sabe lo que quiere y puede decirnos cuál es su voluntad para todo el tiempo... Ir más allá de lo que él ha autorizado indica que uno puede mejorar la voluntad perfecta de Dios" (pág. 23).

Callar donde la Biblia calla no puede ser reformulado para que signifique un silencio permisivo. Tal cosa permitiría cualquier cosa y todo lo que los hombres pudieran inventar, aun la adoración al diablo. Callar donde la Biblia calla debe ser entendido en el sentido prohibitivo. Tal cosa se afirma por el uso del lenguaje. Tal se afirma por las Escrituras. Tal está detrás del lema del Movimiento de Restauración: hablamos donde la Biblia habla y callamos donde la Biblia calla.

Ha habido tres desafíos a este triple entendimiento del silencio de las Escrituras en las Iglesias de Cristo en la última mitad del siglo XX. El primer desafió vino en la forma que se puede llamar el "Debate No-Cooperación o No-Institucional". El segundo vino en la forma de lo que algunas veces se llama el "Movimiento Carismático". El tercer desafío vino en la forma de lo que algunas veces se llama la "Nueva Hermenéutica". Unas gentes dentro de este segmento de la hermandad sostienen que el silencio no es prohibitivo. Mientras que es cierto que Dios no indica específicamente cada tema concebible en las Escrituras por adelantado en maneras específicas, sí lo hace en los principios bíblicos que él ha revelado.

Las Escrituras no dicen: "No harás trampa en tus impuestos sobre la renta", pero sí nos enseñan a no mentir y a someternos a las personas en autoridad. Uno tiene que hacer una aplicación razonable de los principios enseñados en las Escrituras en lugar de depender sólo en mandatos directos, específicos. Las Escrituras, con mandatos directos y principios teológicos, son apta para asegurar que "el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra" (2 Timoteo 3.17). En reacción contra los patrones de pensamiento aristotélico y neoescolasticismo, algunos han intentado minimizar las fuerzas del silencio en las Escrituras. Estas personas comparan los libros del Nuevo Testamento con cartas de amor y no reconocen que éstos tienen la fuerza de la ley.

Se usa una analogía interesante para contrastar las cartas de amor con la ley constitucional. Luego, se afirma que el Nuevo Testamento consiste de cartas escritas rápidamente para problemas específicos en una cultura antigua y que sus enseñanzas no son aplicables necesariamente a los hombres de hoy en día. Michael R. Weed, en su resumen del libro de Leonard Allen, The Cruciform Church: Becoming a Cross Shaped People in a Secular World, hace esta observación en una nota al pie de página: "Además, no es simplemente el caso que las cartas del Nuevo Testamento sean todas documentos ocasionales escritos sólo para audiencias específicas" ("Book reviews", Christian Studies, 11:1, Fall 1990, The Institute for Christian Studies, Austin, Texas, pág. 65).

Las Escrituras del Nuevo Testamento son ambas, cartas de amor y ley. Cuando Pablo rogó a Filemón a favor de su esclavo Onésimo, escribió una carta de amor, pero sus ruegos también eran una ley. Cuando él escribió a los cristianos en Tesalónica y les dijo que se abstuvieran de inmoralidad sexual, él escribió una ley, pero motivado por amor. "La pregunta viene a ser si el silencio en la Escritura es o no un silencio intencional porque es una constitución o si es un silencio incidental porque es una carta escrita rápidamente por un apóstol para una iglesia de la que él tenía algunas preocupaciones específicas" (Randy Fenter, "Do Not Go Beyond What Is Written," Image, August 1989, pág. 9).

Si un documento es una carta de amor, una ley, una constitución, una exhortación didáctica, una literatura de sabiduría o poesía, el silencio es prohibitivo en que no contiene más de lo que se dice en el lenguaje. Cuando yo le dije a mi esposa: "¿Te casas conmigo?" el lenguaje fue ambos, inclusivo y exclusivo. El "te" excluía a cualquier otra mujer en el mundo. El "conmigo" excluía a todos los hombres con quien ella había salido o pensó salir. La pregunta callaba respecto a cuándo y dónde, quién sería nombrado el mejor amigo, la dama de honor, etc.

El silencio prohibitivo del lenguaje no queda nulo por el lenguaje de amor. Todos nosotros entendemos el lenguaje así. ¿Por qué uno habría de buscarle rodeos? Las Escrituras no deben ser consideradas como documentos casuales aplicables sólo a poca gente en algún tiempo antiguo en la historia. Ellas son la revelación inspirada por Dios una vez por todas, que son la regla de fe y práctica para todos los tiempos. La negación de esta creencia no es una nueva hermenéutica sino una infidelidad básica.

- Jimmy Jividen

La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 1999 (vía Gospel Advocate, January 1996)

Índice de Estudios

(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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