¿SON POCOS LOS QUE SE SALVAN?
  

(Lucas 13.23)

La pregunta que sirve de título a este artículo, le fue hecha un día, por alguna persona no identificada, a nuestro divino Salvador (Lucas 13.23). Y esta misma pregunta sigue siendo hecha en la actualidad, como ha sido hecha por millones de personas, a través de los siglos, en todas partes de nuestro planeta. En los versículos que siguen (Lucas 13.24-30), hallamos la respuesta de nuestro bendito Redentor, la cual no ha querido ser escuchada por los hombres, o más bien ha sido rechazada, por no ajustarse a las ideas que sobre la salvación el humano se ha forjado en su mente.

En los países asiáticos de raza amarilla, cuyas religiones son animistas y abundan los dioses o espíritus de todas clases, la salvación, dicen ellos, se obtiene por medio de ritos externos y ceremonias diversas e invocación de esos espíritus. En el Africa negra, sucede algo similar: Los sacerdotes o hechiceros, invocan espíritus por medio de sus ritos mágicos, al son de ensordecedores tambores y danzas impresionantes. También ofrecen sacrificios de animales y hasta humanos, en algunas tribus, a sus divinidades o ídolos. Tanto en los unos como en los otros encontramos una marcada tendencia espiritista de innegable e inconfundible sello diabólico. Por supuesto, ellos creen que todos pueden salvarse por medio de esas prácticas.

En la India milenaria, aunque hay diversas religiones, y es cuna y exportadora de ellas, como el budismo y el yoguismo, entre otras, ahora tan de moda entre la juventud desorientada del mundo occidental, prevalece también la adoración a los espíritus, y como espiritistas que son, creen en la absurda doctrina de la reencarnación, que enseña que todo ser humano se irá perfeccionado a través de esas sucesivas reencarnaciones, hasta llegar algún día, a la perfecta unión con Dios, parte del cual somos todos. Eso es, naturalmente, panteísmo puro. Por supuesto, no creen en la doctrina de la redención y rechazan a Cristo Redentor. Creen ellos ser capaces de salvarse solos. Sin embargo, entre sus muchas creencias, tienen la de creer que las vacas son sagradas, y prefieren morirse de hambre, como realmente les está sucediendo en la actualidad, que comerse la carne de una vaca, lo cual, para ellos sería el pecado imperdonable. Y aunque a nosotros nos parezca absurdo y tonto, piensan y creen firmemente que si tienen la dicha, antes de morir, de tocar la cola de una vaca, su salvación está asegurada. Por supuesto, con método tan sencillo, es natural que crean que son muchos los que se salvan.

Los musulmanes o mahometanos forman una de las más grandes religiones monoteístas, sin embargo ellos creen obtener la salvación por medio de oraciones postrados en el suelo tres veces al día y también por medio de viajar, siquiera una vez en su vida, a la Meca, su ciudad sagrada. Ellos, pues, creen que son muchos los que pueden salvarse.

Viendo la parte que nos corresponde, en el mundo occidental, hay diferentes creencias en cuanto a la salvación. Sectas anticristianas, como los llamados Testigos de Jehová, acomodando la Biblia convenientemente a sus propios intereses, han inventado doctrinas antibíblicas respecto a la salvación, como la de los dos grupos de salvos, los 144,000 "hijos celestiales" y la gran multitud en la tierra. Doctrina que es absurda, a todas luces. Lo mismo sucede con los mormones y su antibíblica doctrina del bautismo por los muertos. Según ellos, pues, también son muchos los que se salvan.

Los evangélicos, llamándose a sí mismos cristianos, enseñan que para salvarse lo único necesario es "aceptar a Cristo" y basta. "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo", pregonan por todas partes, citando el verso 31 de Hechos 16, pero callando y ocultando, tal vez por ignorancia, los versículos que siguen, 32 y 33, que nos dicen que aquel carcelero de Filipo y su familia, oyeron la palabra de Dios y fueron bautizados. También enseñan los evangélicos que la salvación no puede perderse una vez adquirida, y ello ha dado lugar a que muchos vivan pecando, seguros de que "Cristo ya murió también por mis pecados futuros". Piensan, pues, que muchos son los que pueden salvarse de manera tan sencilla. Y por si fuera poco, enseñan también la doctrina de la segunda oportunidad, llamada del milenio.

Los católicos romanos cifran su salvación, no en Cristo, sino en los hombres. Creen que si antes de morir confiesan sus pecados a un sacerdote, y éste los absuelve, ya son salvos, aunque hayan vivido toda su existencia sin acordarse de Dios y en continuo pecado. La salvación, para ellos, depende de cosas tan absurdas, como el llamado sacramento de la extremaunción, las misas por los difuntos, con las cuales pretenden sacarlos de un purgatorio inventado e inexistente. También creen salvarse por la invocación de personas muertas hace infinidad de años, a las que llaman "santos" y a las que invocan como los espiritistas. También ahora en la actualidad, en el año 1975, que fue llamado por ellos "año santo" (¿?) se les enseñó a creer que por medio de visitar Roma, o en su lugar algún templo famoso, que su jefe local les designara, obtuvieran el perdón de pecados, y por lo tanto, su salvación. Irrisorio, tan absurdo e ilógico como lo de las colas de las vacas, ¿no le parece? Por supuesto, con tantas facilidades, es natural que, según ellos, muchos se salven.

Pero la respuesta de Jesús es otra, y no deja lugar a dudas. El dice claramente que nos esforcemos a entrar por la puerta angosta, porque muchos procurarán entrar y no podrán, y que una vez que se haya cerrado esa puerta, por más que clamemos no será abierta, aunque le aseguremos al Señor que le conocemos y somos de él (Lucas 13.24-30). En otras palabras, dice el Señor, que son pocos los que se salvarán, y que no hay ninguna otra o segunda oportunidad; que no basta con sólo haberle conocido y escuchado para salvarnos, y que son muchos los llamados, pero pocos los escogidos (Mateo 20.16 y 22.14). También dice la palabra de Dios que aún el justo (el verdadero cristiano) con dificultad se salva (1 Pedro 4.16-18) y que cuando el Señor vuelva en su segunda venida, no hallará fe en la tierra (Lucas 18.8). También dice en Efesios 5.23 que Cristo es Salvador de su iglesia y no de otra, y que esta iglesia es pequeña en número (Lucas 12.32). "Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida, y POCOS son los que la hallan" (Mateo 7.13-14).

El Señor nos ha dado su respuesta. ¿A quién creeremos, a él o a los hombres?

- Conrado Urrutia

La Voz Eterna, Julio 1976
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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