LA TRAGEDIA HUMANA
  

Uno de los problemas mayores que enfrenta la humanidad es la pobreza y su aliado número uno el hambre. A la pobreza se le pueden añadir la tragedia de la guerra, las plagas y los terremotos. Generalmente, en todas las tragedias, quienes más sufren son los pobres. Son los más vulnerables y los más indefensos.

El problema de la pobreza y el hambre a nivel mundial no tiene solución. No hay nada que el hombre pueda hacer. Ni Dios mismo lo puede solucionar dentro de la dimensión de la existencia actual o dentro de la dispensación que vivimos.

¿Siente Dios la tragedia humana? ¿Sufre Dios con y por el hombre y la mujer? Si Dios lo siente, ¿qué hace o qué puede hacer Dios por la tragedia humana?

Las respuestas directas las dio Dios hace 2000 años. Dios se encarnó para experimentar la tragedia del hombre y no sólo sufrió todo lo que el hombre puede sufrir, sino que también murió la más cruel e ignominiosa de las muertes.

Cuando Jesucristo vino, él sabía perfectamente la problemática del hombre. Reconoció los límites de las soluciones posibles, pero nunca presentó un programa para alimentar a toda la humanidad sumida en el hambre, tampoco presentó un programa social para solventar la pobreza de la humanidad.

Reconociendo las limitaciones inherentes a una humanidad caída (que paga las consecuencias del pecado de Adán), sujeta a la tragedia humana, Jesucristo sabiamente declaró que los pobres siempre estarían con nosotros.

Como sabía que esta tragedia estaría con la humanidad hasta el fin del mundo, el Señor dejó instrucciones específicas de practicar la religión verdadera, que era alimentar al hambriento, cuidar de los enfermos, visitar a los encarcelados. Esto es lo que todo cristiano puede hacer.

Cristo sanaba y alimentaba a miles de personas durante su ministerio. Pero él se fue. ¿En qué manera actúa hoy Dios, cuando ya no le tenemos aquí en la tierra presencialmente en la Persona de Jesús de Nazaret?

El Dios que nos había enseñado la teología por siglos (desde la Edad Media) era un Dios más de la filosofía griega que de la Biblia. Era un Dios impasible (apatheia), que por ser perfecto, inmutable, no podía sentir, menos "sufrir" como el hombre sufre.

Teólogos del siglo XX (y aún desde el tiempo de Lutero) y ciertas escuelas han llamado a nuestra atención que un Dios que no tiene compasión no puede ser perfecto, un Dios que no puede sufrir no puede entender al hombre ni su realidad. El amor de Dios no puede ser perfecto si no hay dolor.

Si Dios es el Padre que perdió a su Hijo que murió en la cruz, siente el dolor que un padre terrenal sufre al perder a su hijo, sólo que en una forma infinitamente mayor.

En cuanto a la segunda pregunta, ¿Por qué no hace nada Dios por solventar la pobreza y el hambre de la humanidad? En parte la respuesta se dio por Jesucristo. Cristo mostró la inutilidad de tratar de resolver a nivel mundial los problemas políticos, sociales y económicos. La naturaleza distorsionada del hombre no regenerada está corrompida y condenada a su destrucción. Los pobres (no importa cuantos) si comen, volverán a tener hambre, es una cadena sin fin.

Hay una corriente moderna que se llama Teología del Proceso con representantes como Alfred North Whitehead, que nos habla de las limitaciones del poder de Dios en la actualidad.

El culpable de la tragedia de la humanidad (excluyendo por el momento al diablo) es el hombre mismo. Dios no es el causante de los males del hombre. El hombre ha caído por su propia cuenta.

Esta es la primera limitante para Dios. Dios no puede "obligar" al hombre a que sea bueno, para que se resuelvan todos sus problemas. La tragedia del hombre es consecuencia de que Dios respeta el libre albedrío del hombre. ¿Y qué prefieren hacer la mayoría de los hombres? El mal.

¿Cuál es la consecuencia de las escogencias de los hombres? La muerte. La situación del mundo actual no es diferente de la de los tiempos de Noé. El diluvio vino porque el pensamiento del hombre era de continuo hacer el mal.

Al dejarle Dios libertad al hombre no puede actuar con omnipotencia para con el mundo. Dios podría de un solo plumazo quitar los males del mundo, pero esto sería como hacer desaparecer la realidad humana. Dios sería todo y el hombre no sería nada.

Dios actúa entonces con poder persuasivo para con la humanidad. El evangelio es el remedio a la tragedia del mundo. El evangelio de Cristo está disponible para todas las gentes, pero Dios no obliga a nadie a obedecerlo.

Esto que decimos no quiere decir que Dios no pueda actuar en forma omnipotente si él quiere; siempre lo va a hacer, principalmente a través de la iglesia. Lo hará en situaciones específicas, y a eso llamamos milagros; y porque esos milagros son especiales, no serán todo el tiempo, ni en magnitudes específicas.

Sin embargo en forma general Dios no actúa dentro de la presente dispensación (de este siglo) en forma omnipotente. Tenemos que aceptar esto y aceptar las limitaciones que Dios mismo ha impuesto sobre su poder por ahora.

Vendrá el día que este mundo pasará y se terminarán los límites. Todas las cosas volverán a la eternidad y Dios volverá a ejercer la totalidad de su poder, y será lo absoluto de Dios, el resplandor de su gloria, cuando la miseria del hombre será reducida a nada.

Siguiendo el precedente de Cristo y la manera en que él trataba a los pobres, los hambrientos y desamparados, la iglesia como incorporación actual de Cristo, debe continuar su obra. El Espíritu Santo se incorpora hoy en la iglesia (el cuerpo) como se incorporó en Cristo para cuidar de la humanidad.

Jesús señaló que sus seguidores, los que vendrían después de él harían mayores obras que él (Juan 14.12). ¿Estará cumpliendo la iglesia su parte en este noble propósito de ministrar a los pobres? "Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?" (Lucas 18.8).

- Arnoldo Mejía A.

La Voz Eterna, Septiembre-Octubre 2002  
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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