TU ERES LA IGLESIA DE DIOS 
  
La doctrina (enseñanza) de Cristo tiene por fin educar al hombre hacia una vida que agrade a Dios. La Biblia habla de "un hombre nuevo". Esa nueva personalidad y carácter hace la diferencia (Juan 3.1-21; Efesios 4.22-24). La filosofía de la vida debe cambiar fundamentalmente (Romanos 12.1-2). El cristianismo se hace vacío si el hombre creyente no coloca su forma de vivir de acuerdo con los principios de Jesucristo. Si no naciereis de nuevo, no entraréis en el reino de los cielos.

La iglesia es la novia de Cristo, una casta virgen (2 Corintios 11.2). La iglesia de Dios es una institución de personas nacidas de nuevo. La santidad es el modelo de vida (Efesios 5.25-27). Cristo ha de ser imitado; y él es santo, apartado del mal. Así ha de ser su iglesia.

Lo que vale entre cristianos es la humanidad. Los cristianos duros de corazón niegan la esencia de carácter del nuevo ser en Cristo. La misericordia y el amor han de dirigir la vida de los hijos e hijas de Dios (1 Corintios 13.1-13). El ambiente de una congregación local de la iglesia es el amor. Sin amor no hay iglesia; al menos no una iglesia que sea aceptada por el Señor y que sea ejemplo en el mundo. Cristo dio a sus seguidores la misión de ser luces en el mundo (Mateo 5.13) y la sal de la tierra (Mateo 5.14). Se requiere, pues, acción: una acción positiva que influya a los demás a seguir el camino de Cristo. Los cristianos deben aprender a ver la vida con "buenos" ojos. La información que entra puede amargar o alegrar, puede destruir o edificar. Esto depende de cada uno (Mateo 6.22-23). Aprendamos a canalizar sabiamente la información (Filipenses 4.8-9).

Un cristiano ha de ser bondadoso (Filipenses 4.5). La amargura sin razón es un trazo de mal carácter (Filipenses 4.4). Los cristianos deben animarse mutuamente, vivir en unidad.

El Señor enfatiza muchísimo la buena relación entre los hombres que establece la relación humana con Dios (Mateo 5.23-26). El culto a Dios es vano si nuestro corazón no está bien con nuestros hermanos y nuestros semejantes. La fe tiene que colaborar con las obras, y las obras conforme a la fe (Santiago 2.20-22). El apóstol Juan dice que los cristianos deben amarse. El que ama es nacido de Dios. Debemos amarnos entrañablemente (1 Juan 4.7-13). El que ama a Dios también debe amar a su hermano (1 Juan 4.19-21).

Muchas almas honestas se decepcionan de la iglesia del Dios viviente por causa de aquellos individuos que nunca han aprendido a amar con el corazón, la mente limpia y el carácter que lo diferencia de los vándalos. Nada se ha de hacer con desconsideración. Los derechos que tú tienes, también posee el otro. Y si queremos que los hombres nos traten bien, hágamoslo primero con ellos (Mateo 7.12). Nadie es perfecto; pero el amor cubre muchos pecados (Mateo 7.1-6). Pero si pensamos que, como nosotros somos débiles en mucho y en muchas cosas ofendemos, así también lo harán otros con nosotros. La fórmula de amor es el perdón permanente. Jesús hace depender en ser perdonado por el Padre celestial de nuestro perdón. Si retenemos las flaquezas de los demás, Dios tampoco perdonará nuestros pecados (Mateo 6.14-15).

El cristianismo mediocre y superficial se limita al culto dominical. Prevalece la carnalidad; se forman los círculos de interés. El cristianismo de Cristo vive lo que predica, oye y lee. No nos quejemos más por las fallas de las iglesias, sino más bien trabajemos para superar las debilidades por el amor.

Sin el amor, no hay nada. No neguemos lo humano en nosotros; antes vivámoslo, vibrámoslo para que también en nuestros días el mundo reconozca en nosotros el Hijo de Dios viviendo, y no puesto sobre un altar frío de piedra pasajera.

- Hans J. Dederscheck

La Voz Eterna, Noviembre-Diciembre 1997

"Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros" (Juan 13.34)  
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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