JESÚS DE NAZARET: ÚNICO SALVADOR
  

En la cultura hebrea, el nombre Jesús se lo ponían a un niño como declaración de fe que sus padres tenían en el único Dios verdadero. También en épocas difíciles y de opresión, como fue con los imperios babilonio, persa, griego y romano, usaban este nombre como declaración de plena confianza de la liberación y salvación que Dios traería a Israel. Pues el nombre Jesús, significa: "Jehová es salvación".

En el caso de José y María, descendientes de la casa de David y a quienes identificamos como padres de Jesús de Nazaret, el nombre para su primogénito fue asignado por orden divino. El ángel así se nos reveló diciendo: "El niño se llamará Jesús porque él salvará a su pueblo de sus pecados" (Mateo 1.21).

Todo el proceso salvífico a nuestro favor, Dios lo resume en la persona de Jesús de Nazaret. Por eso aunque invoquemos incansablemente el nombre de cualquier supuesto dios o persona no sucederán los milagros, ni cambios de actitudes que impacten en las personas y transformen su vida desenfrenada. Su vida llena de delitos y pecados continúa, porque "en ningún otro hay salvación" (Hechos 4.12).

Pedro y Juan fueron específicos al responder ante los gobernantes, los ancianos y los escribas cuando les preguntaron: ¿Con qué potestad, o en qué nombre han sanado al paralítico?

Pedro dijo: "Sea notorio a todos vosotros, y a todo el pueblo de Israel, que en el nombre de Jesucristo de Nazaret, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de los muertos, por él este hombre está en vuestra presencia sano... Porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4.10,12).

Esta afirmación sustenta, que a ninguna otra persona del género humano, se le puede atribuir santidad absoluta, sacrificio y poder redentor como a Jesús de Nazaret. Además que solamente en su nombre y sólo en su nombre debemos creer y actuar porque a través de su encarnación, muerte y resurrección se identifica y se solidariza con nosotros.

Cuando se pronuncia el nombre de Jesús de Nazaret con fe y autoridad suceden milagros como el narrado por el escritor de los Hechos de los Apóstoles, allá en la puerta del templo de Jerusalén.

Pedro subraya que el milagro, en el cojo de nacimiento, no es el resultado de algún poder mágico, de brujería o cualquier otro método humano, sino que se ha realizado por la fe y el poder en el nombre de Jesucristo de Nazaret.

El comentario que aparece en la Biblia Plenitud dice: "No hay ninguna autoridad, ninguna otra personalidad, ningún otro sistema o filosofía que pueda efectuar el rescate del alma humana... en Cristo es la única manera de entrar en la nueva creación y recibir la salvación eterna prometida por Dios".

Los apóstoles no tenían ninguna duda del poder redentor de Jesucristo, eran testigos de la realidad de su resurrección, evidencia de su exaltación como "Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados" (Hechos 5.31).

Hoy, al inicio del tercer milenio, podemos ratificar que: Solamente Jesucristo tiene el poder de perdonar todo pecado, sanar toda dolencia. También que él es el único que nos reconcilia con nuestro creador. Su sangre es el vínculo que nos identifica y nos da acceso a los beneficios del nuevo pacto de Dios con la humanidad. Por tanto, Jesús de Nazaret es el único Salvador, Señor y Rey en el universo.

- Rafael Antonio Flores

La Voz Eterna, Mayo-Junio 2003
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(Pasajes bíblicos tomados de la Biblia Reina-Valera Revisada ©1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. Copyright renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.)

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